Baelo Claudia

Baelo Claudia nace a finales del siglo II a.C.. Su origen y posterior desarrollo están muy ligados al comercio con el norte de África, siendo puerto de unión con la actual Tánger. Es posible que ejerciera también ciertas funciones como centro administrativo. Sin embargo, fue la industria de salazón del pescado y de las salsas derivadas del mismo (garum), sus principales fuentes de riqueza. Estas circunstancias hacen que la ciudad alcanzara cierta pujanza, sobre todo bajo el emperador Claudio (41-54 d.C.) que le otorga el rango de municipio romano.

El declive económico de Baelo Claudia se inicia en la segunda mitad del siglo II d.C., seguramente por el terremoto que debió asolar la ciudad por esas fechas. En el siglo III experimenta un ligero resurgimiento del comercio tras el cual, la ciudad cae paulatinamente en decadencia hasta su total abandono en el siglo VII.

La ciudad no alcanzó en ningún momento el poder económico o político de otras ciudades de Hispania, como Itálica, Emérita, Corduba, etc. , por lo que no encontramos construcciones espectaculares por su nivel artístico o su monumentalidad.

Sin embargo, conservamos en Baelo Claudia todos los elementos representativos que constituían la esencia de una ciudad romana, es decir: el foro, los templos del capitolio, templos de carácter oriental como el de Isis, basílica, edificios administrativos como la curia (senado local) o el archivo municipal, mercado, teatro, termas, factorías de salazones, una muralla completa con sus puertas principales, calles, acueductos, etc. En ninguna otra parte de la Península Ibérica es posible extraer tras la visita una visión tan completa del urbanismo romano como en Baelo Claudia. En esto radica su principal interés, enmarcado en un espectacular paisaje.

 

 

 

 

 

 

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