Adelphoe / Los hermanos

Estrenada el 160 a. C.

Esta comedia, 'Los hermanos', fue la última de las seis comedias de Terencio. Fue compuesta y representada en el año 160 a.C.

Protagonizan esta obra dos parejas de hermanos, pertenecientes a dos genera­ciones sucesivas. Una de ellas está formada por los ancianos Mición y Demea; la otra, por los jóvenes Esquino y Ctesifonte, hijos de Demea.

Mición ha adoptado y criado a su sobrino Esquino y lo ha educado "a la moderna", es decir, de modo liberal y permisivo; en cambio, Demea, que ha vivido siempre en el campo, hombre chapado a la antigua, ha educado a Ctesifonte con rigidez y severidad.

En el prólogo Terencio nos habla del modelo griego que ha seguido y de las crí­ticas malévolas de que es objeto: "Hay una comedia de Dífilo, Los 'Synapothnescontes': Plauto la convirtió en la come­dia 'Commorientes'.

En la obra griega, en el primer acto, hay un joven que arrebata una meretriz a un lenón; Plauto dejó sin tocar este pasaje; en cambio, nuestro autor se lo apropió para 'Los Adelfos' y lo ha traducido palabra por palabra... En cuanto a lo que dicen esos individuos malévolos, que personas ¡lustres ayudan a nuestro autor y colaboran asi­duamente con él en la composición de sus obras, lo que ellos consideran como un grave insulto, él lo estima como el mayor elogio..."

En la primera escena del acto primero el anciano Mición expone el sistema educativo que ha seguido con su sobrino Esquino:"Más aún, éste no es hijo mío, sino de mi hermano. Ya desde muy joven, éste tuvo gustos muy diferentes a los míos: yo me he dejado llevar por esta apacible vida de la ciudad y del ocio, y... nunca tuve esposa. Él hizo todo lo contrario: pasaba la vida en el campo, vivía siempre con austeridad y trabajando duro; se casó; le nacieron dos hijos; yo adopté al mayor de ellos; lo crié desde muy pequeño;... Él es lo único que quiero... Procuro que él corresponda a mi cariño: le doy para sus gastos, paso por alto sus trastadas,... Por último, lo que otros hacen a espaldas de sus padres... he acostumbrado a mi hijo a no ocultármelo. Pues todo aquel que se haya atrevido a mentir o a engañar a su padre, tanto más se atreverá a hacerlo con los demás. Yo creo que es preferible refrenar a los hijos infundiéndoles el sentimiento del honor y de la generosidad, que mediante el miedo... Es propio de un padre esto, acostumbrar al hijo a obrar bien por su propia voluntad, más que por el temor a otro".

En la siguiente escena Demea, desesperado, cuenta la última fechoría de su hijo Esquino, que ha entrado por la fuerza en casa del alcahuete Sanión y raptado a la bella Báquide; dice a Mición: "Rompió la puerta y entró a la fuerza en casa ajena; maltrató... al dueño y a toda la servidumbre; raptó a la mujer de la que era amante... ¿No ve cómo su hermano, que se preocupa por la hacienda, vive en el campo con moderación y sobriedad? En nada se comporta como él... Tú permites que él se malee".

Demea considera que la mala conducta de Esquino es el resultado de la educación permisiva dada por Mición a su sobrino. Mición trata de justificar a éste: "No constituye ningún escándalo... que un jovenzuelo ande con prostitutas, ni que beba; no lo es; ni tampoco que rompa las puertas; si ni tú ni yo lo hicimos, fue porque no nos lo permitió la pobreza".

El rufián Sanión exige la devolución de la raptada Báquide. Ahora bien, este rapto es tan sólo una prueba del amor fraterno que Esquino siente por Ctesifonte, que está enamorado de Báquide; por esta razón Ctesifonte se expresa en estos términos: "Creo que yo poseo una ventaja más importante que los demás, que nadie tiene un hermano que supere al mío en buenas cualidades...¡Ha cargado con todas mis culpas...!"

Esquino, dispuesto a resarcir al alcahuete por los daños causados, dice a su hermano: "Yo iré al foro; tú, entra a verla..., diviértete con ella y manda que se preparen las mesas y se disponga todo lo demás... En cuanto quede arreglado el asunto, volveré al instante a casa con las provisiones".

Ahora bien, Esquino está enamorado de Panfila, joven de condición libre, hija de una viuda, Sóstrata, y carente de dote. La muchacha, que había sido violada por Esquino, está esperando un hijo de éste y vive sólo por su amor. Su madre, Sóstrata, expresa así su preocupación por el porvenir de su hija: "La cosa no puede ponerse en peor lugar que en el que ahora está: para empezar, la muchacha carece de dote; además, se ha perdido lo que para ella era una segunda dote: no se la puede casar como doncella. Sólo nos queda esto: si él lo niega, tengo como testimonio este anillo que él había perdido;... Recurriré a los tribunales".

Panfila se encuentra desolada al enterarse de que Esquino ha raptado a Báquide. Ve desvanecidas todas sus esperanzas de matrimonio, al que Mición no se opondría tras el nacimiento del niño. No sabe de quién es amante Báquide.

Demea muestra su disgusto al saber que Ctesifonte ha tomado parte en el rapto de Báquide: "¡Estoy perdido! He oído que mi hijo Ctesifonte tomó parte con Esquino en el rapto".

El anciano Hegión, amigo de Demea, se interesa por la triste situación de Panfila y trata de resolverla. Así se lo declara a Demea: "Tu hijo mayor, Esquino, que diste en adopción a tu hermano, no se ha portado como un hombre de bien... ¿Te acuerdas de Simulo, el amigo de nuestra misma edad?... Ha violado a una hija de éste, doncella... Se dejó llevar por la noche, el amor, el vino, la juventud; es cosa de hombres. Cuando fue consciente de lo que había hecho, se presentó por propia iniciativa a la madre de la joven... jurando que se casaría con ella... Se le perdonó..., se le creyó. La muchacha quedó embarazada de aquella vio­lación... Nuestro galán se nos ha procurado una citarista, para vivir con ella; a la otra, la ha abandonado".

Al conocer la nueva faena del hijo educado "a la moderna", Demea va en busca de Mición para decidir, de acuerdo con éste, lo que debe hacerse. Mición, enterado del verdadero fin del rapto, da su consentimiento a que Esquino se case con Panfila; dice a Esquino: "Has violado a una doncella a la que no tenías derecho a tocar. Esto fue una falta muy grave, aunque propia de hombres... Pero, una vez que sucedió esto, dime, ¿acaso has previsto lo que se debía hacer y la manera de hacerlo? Si te dio vergüenza contármelo, ¿cómo podría yo saberlo? Mientras andabas con esas dudas, pasaron diez meses. Te has traicionado a ti mismo, así como a aquella desdichada y a su hijo, puesto que todo ello ha dependido de ti... ¿Es que creías que los dioses te iban a arreglar las cosas mientras tú dormías...?... Te casarás con ella".

Al viejo Demea le cuesta admitir que su hijo Ctesifonte, enamorado de Báquide, haya protagonizado tamaño escándalo. Está convencido de que el joven, educado severamente en el campo, lejos de los incentivos y de las corrompidas costumbres de la ciudad, es un muchacho ejemplar. Descubre la verdad al llegar a su casa y sorprenderlo en dulce coloquio con Báquide, compartiendo con ella un espléndido banquete. Todas sus ¡deas sobre el sistema educativo se desvanecen de pronto. Renuncia a sus rígidos principios y, para no ser menos indulgente que su hermano Mición, reconoce la bondad de las ideas de éste sobre la educación de los jóvenes: "La experiencia me ha enseñado que para el hombre no hay nada mejor que la tole­rancia y la clemencia. Cualquiera puede conocerlo fácilmente por mi caso y el de mi hermano. Él pasó toda su vida despreocupado, en banquetes, indulgente, tranquilo, sin enfrentarse con nadie, sonriendo a todo el mundo; vivió para sí mismo, gastó para él: todos hablan bien de él, lo quieren. Yo, en cambio, soy el grosero, el cruel, el sombrío, el tacaño,... Me casé... Me nacieron hijos: otra preocupación más... Mientras me afano en ganar para ellos lo más posible, he malgastado mi vida y mis años en busca de fortuna; ahora, en mi vejez, obtengo de ellos este fruto a cambio de mi esfuerzo: el odio; el otro, sin esfuerzo alguno, disfruta de las ventajas de la paternidad; a él lo quieren, a mí me evitan: a él le confían todos sus pensamientos, a él lo prefieren, a su lado están ambos; yo, por el contrario, me siento abandonado, a él le desean que viva, a mí, en cambio, estoy seguro que me desean la muerte..."

Después, facilita el casamiento de Mición con la madre de Panfila: "En primer lugar, la mujer de este joven tiene madre... honrada, de buen carácter..., de cierta edad,... A causa de sus años no puede, desde hace mucho tiempo, tener hijos; no tiene a nadie que vele por ella; está sola... (A Mición) Conviene que te cases con ella..."

Ante tan inesperada proposición, Mición reacciona con violencia, pero acaba aceptándola. Demea sigue mostrándose generoso y consigue la manumisión de Siró y de su esposa Frigia, los dos esclavos que han intervenido en la intriga. A con­tinuación concede a Ctesifonte que compre a Báquide y se la lleve a casa como concubina. Explica a Mición y a Esquino por qué obra así: "Para mostrarte que el hecho de que esos te consideren afable y encantador no se debe, Mición, a que tu practiques la verdadera vida, ni la justicia, ni la bondad, sino la complacencia, la tolerancia y la generosidad. Ahora bien, Esquino, si no os gusta mi manera de vivir, porque no me presto a complaceros en todo, sea ello justo o injus­to, os dejo en entera libertad: derrochad, comprad, haced lo que os dé la gana..."

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La comedia ofrece una amable y, a la vez, melancólica visión de las relaciones entre padres e hijos, el contraste entre el instinto de independencia de una gene­ración que crece y la experiencia de otra que se va extinguiendo.

El problema se va planteando en coloquios sencillos, pero que parecen guardar cierta relación con los diálogos filosóficos, tan gratos a los griegos y romanos, desde Platón a Cicerón.
Terencio saca un gran partido al tema de la educación, al utilizar los aspectos dramáticos que de ella pueden derivarse.
En la inesperada conversión del austero Demea al método permisivo hay una ironía tan expresiva, como la que se evidencia en la perplejidad de su hermano Mición, al ver los excesos cometidos por Esquino y que él cree fruto de su excesiva liberalidad.

En realidad, la obra es un fiel reflejo de la escasa comprensión existente entre dos generaciones sucesivas, ya que los sistemas educativos, sean los que fueren, no consiguen someter a la generación joven a los ideales de la precedente. Las preocupaciones de los dos viejos, Demea y Mición, que al final se quedan solos, se contraponen al natural deseo de libertad de los dos jóvenes.