Hecyra / La suegra
Estrenada el 165 a. C.En un primer prólogo de esta comedia se explica la causa de su fracaso en su primera representación: "Cuando se estrenó esta comedia, con ella se estrenó también un agüero tan catastrófico, que no pudo ser vista ni apreciada; hasta tal punto el público, desviado por un capricho, había puesto todo su interés en un funámbulo. Ahora se presenta como enteramente nueva..."
Un segundo prólogo expone las causas de un posterior fracaso y pide la benevolencia del público: "Os presento de nuevo 'La suegra', obra que nunca se me permitió representar en silencio: hasta tal punto la aniquiló el desastre... Presenté por segunda vez la obra; en el primer acto fue acogida con agrado, pero de pronto llegó el rumor de que se iba a dar un espectáculo de gladiadores: todo el público sale de allí volando... No permitáis que el arte de la poesía quede reservado a unos pocos... Acoged su causa... y escuchad en silencio..."
En la segunda escena del acto primero, el esclavo Parmenón expone los antecedentes de la situación presente: "Cuando Panfilo estaba más enamorado que nunca de esta Báquide, su padre comenzó a pedirle que tomara esposa... Al principio Panfilo se negaba, pero su padre, a fuerza de insistir, consiguió hacerle vacilar entre obedecer al respeto filial o al amor... Al final, el viejo se salió con la suya: pidió para su hijo en matrimonio a la hija de este vecino de al lado... Lleva a casa a su esposa. La primera noche no toca a la doncella; la noche siguiente, tampoco... Se había casado con ella a disgusto... Después, atraído su corazón, en parte por la compasión que sentía por su esposa y, en parte, vencido él por las afrentas que le infería su amante, se fue desviando poco a poco de Báquide y, al encontrar en su esposa su alma gemela, trasladó a ella su amor. Entretanto muere en Imbros un anciano pariente de éstos; su herencia revertía legalmente a ellos. El padre obliga al enamorado Panfilo a ir allí a pesar suyo; éste deja aquí a su esposa con su madre, pues el viejo se retiró al campo y raramente vuelve a la ciudad. Durante unos pocos días, los primeros, la convivencia entre ellas iba bien; con el tiempo, la joven comenzó a odiar a Sóstrata de modo extraño, sin que hubiera entre ellas problemas ni recriminaciones de ningún tipo... La nuera simula que la manda llamar su madre para participar en una ceremonia religiosa. Se marcha... Cuando la llaman con más insistencia, finge que está enferma. Nuestra ama va inmediatamente a visitarla: nadie la recibió. Cuando se entera de esto el viejo, vino ayer del campo y, acto seguido, se reunió con el padre de Filomena..."
El anciano Laques, padre de Panfilo, sospecha que su esposa, Sóstrata (la suegra), es la culpable del abandono del hogar conyugal por parte de Filomena, por incompatibilidad de caracteres. Así se lo reprocha a Sóstrata: "Todas las suegras detestan a sus nueras... He oído hace tiempo que Filomena te había cobrado aversión y no me extraña; más raro sería que no lo hubiera hecho".
Sóstrata defiende su inocencia, pero Laques insiste en sus reproches. Después, él y su buen amigo, el anciano Fidipo, padre de Filomena, intentan que ésta vuelva al hogar de su marido. Sóstrata lamenta su mala suerte: "No ha sucedido por obra mía ni yo tengo la culpa de ello... Es una gran injusticia que todas las mujeres seamos mal vistas por nuestros maridos, por culpa de unas pocas, que hacen que todas merezcamos castigo... No tengo la culpa de lo que me acusa ahora mi marido. Pero no resulta fácil disculparse, ya que se les ha metido en la cabeza la ¡dea de que todas las suegras son malvadas. Yo no lo soy... porque nunca he tratado a mi nuera de modo distinto a como si fuera hija mía. No sé cómo puede suce-derme semejante cosa. De todos modos, estoy deseando que regrese a casa mi hijo".
Vuelve de su viaje Panfilo y lamenta la situación. Después, visita a Filomena en casa de los padres de ésta. Sale de ella muy triste por lo que allí ha visto: "Al verla, dije: ¡qué conducta más indigna! Y... salí llorando. Su madre me sigue. Cuando ya franqueaba yo el umbral, la pobre desdichada cayó a mis rodillas llorando. Me apiadé de ella... Ella... me dijo: 'querido Panfilo, ya ves por qué motivo se marchó ésta de tu casa; hace tiempo, siendo doncella, sufrió la violencia de no sé qué malvado. Ahora ha acudido a refugiarse aquí, para ocultar su parto a ti y a los demás... Te suplicamos ambas... que mantengas encubiertas y calladas ante todos estas desgracias... Ahora, si es posible, Panfilo, quiero y procuro ante todo que el parto ocurra sin que se enteren tu padre y todos los demás; pero, si no es posible evitar que se enteren, diré que se trata de un aborto... A continuación la criatura será expuesta; esto no supone daño alguno para ti y habrás ocultado la afrenta que injustamente le infirieron a aquella desgraciada'. Yo lo prometí..."
Panfilo, que tiene que elegir entre Filomena y su propia madre, elige a ésta. Fidipo, el padre de Filomena propone:
"Si (Panfilo) quiere llevarse de nuevo a su mujer, puede hacerlo; pero, si tiene otra intención, que nos devuelva la dote, que se vaya".Luego dice a Mírrina, su esposa: "Te prohibo que intentes sacar el niño de casa... Ordenaré a los esclavos que no permitan llevarlo a ninguna parte".
Mírrina protesta indignada: "Creo que no existe una sola mujer más desgraciada que yo... De entre tantas miserias, sólo me faltaba este infortunio, que me obligue a criar a un niño cuyo padre no sabemos quién es. Pues, cuando fue violada mi hija, no pudo reconocer en la oscuridad los rasgos del violador, ni quitarle algo con lo que éste pudiera ser después reconocido; en cambio, al marcharse, él mismo le quitó a la joven, por la fuerza, una sortija que tenía en un dedo. Al mismo tiempo temo que Panfilo, cuando sepa que ha sido reconocido como suyo el hijo de otro, no pueda ocultar por más tiempo lo que le hemos pedido".
Sóstrata dice a Panfilo: "Aunque tú lo disimules cuidadosamente, no se me oculta, hijo mío, que sospechas que yo, con mi manera de ser, hice que tu mujer se fuera de casa. Pero... yo nunca hice a sabiendas nada para merecer que ella me tomara manía... Tu padre me acaba de contar... cómo tú me has antepuesto a tu amor. Ahora, a cambio de ello, estoy decidida a mostrarte mi gratitud...; he resuelto irme de aquí al campo con tu padre, para evitar que mi presencia sea un obstáculo y quede alguna razón para que no vuelva a ti tu esposa Filomena".
Panfilo se opone a la marcha de su madre: "No lo harás... No quiero que por mi culpa abandones a tus amigas, parientes, fiestas..."
A pesar de todo, Sóstrata se dispone a hacer los preparativos para irse al campo. Fidipo anuncia a Laques el nacimiento de su nieto: "Nos ha nacido un nieto; pues, cuando mi hija se fue de vuestra casa, estaba embarazada y nunca hasta hoy he sabido que lo estuviera".
Laques se alegra al saberlo: "Me anuncias una buena noticia y me alegro de que haya nacido y de que ella te esté sana y salva. Pero ¿qué clase de mujer tienes por esposa...? ¡Habérnoslo ocultado tanto tiempo! No puedo expresar lo mal que me parece su conducta."
Anuncian a Panfilo que su esposa ha dado a luz y que ahora es preciso que ambos cónyuges vuelvan a vivir juntos. Panfilo se niega en redondo. Los padres piensan que sigue enamorado de Báquide y que, por esta razón, no quiere vivir con Filomena.
Báquide es invitada a aclarar sus relaciones con Panfilo, relaciones rotas hace ya mucho tiempo.
Cuando los padres están ya a punto de renunciar a su proyecto de restablecer las buenas relaciones entre Panfilo y su esposa, Mírrina, la madre de Filomena, observa que Báquide lleva en su dedo el anillo que Filomena tenía en el suyo la noche en que fue violada. Piensa que, si el anillo le había sido regalado a Báquide por Panfilo, éste había sido el autor de la violación y que por consiguiente, Filomena no había sido poseída más que por el que después se convertiría en su propio marido y, por una feliz coincidencia, el recién nacido era hijo de ambos.
Báquide corrobora esta deducción tan lógica de Mírrina: "Di que Mírrina ha reconocido que perteneció a su hija la sortija que el propio Panfilo me dio antaño... recuerdo que hace unos diez meses, al anochecer, vino huyendo a mi casa, jadeante, sin compañía, borracho, con esta sortija... Comencé a sospechar no sé qué... Insistí en hacerle hablar... El hombre confiesa que ha violado en la calle a no sé quién y que, en el forcejeo, le ha arrebatado la sortija. Hace un momento Mírrina la ha reconocido, cuando yo la tenía en mi dedo; me pregunta de dónde procede; se lo cuento todo; y, a partir de aquí, Panfilo descubre que fue él quien violó a Filomena y que de ahí nació el niño".
Panfilo se muestra feliz; así se lo expresa a Parmenón:
"Creo que tú has dicho que Mírrina ha descubierto que Báquide tenía su sortija... la sortija que le di cierto día... ¿Quién hay más dichoso que yo?"
* * *
La obra sólo gustó al ser representada por tercera vez, probablemente el año 160 a.C. Basándose en Apolodoro, Terencio plantea en esta comedia un problema de convivencia familiar, en cuyo desarrollo no pretende provocar la risa en ningún momento.
Sus personajes se limitan a interesar a los espectadores en sus delicados problemas sentimentales, de modo que se conmuevan, los comprendan y se sientan identificados con ellos.
Se mueven en un ambiente social en el que las suegras, contra todo tópico adverso, llegan a la abnegación y al sacrificio en aras de la armonía conyugal de sus hijos. Los viejos se muestran bastante locuaces y, sobre todo, preocupados por la felicidad de sus vastagos y éstos tratan de asentar su futuro sobre bases seguras. Incluso la cortesana Báquide muestra su generosidad al colaborar en la anagnórisis final, que va a distanciarla definitivamente de su antiguo amante.
Todo ello expresado en un lenguaje depurado y elegante, alejado del que tantos éxitos había deparado a Plauto.