Heautontimoroumenos / El atormentador de sí mismo

Estrenada el 163 a. C.

El título de esta obra, 'El que se atormenta a sí mismo', se debe al hecho de que, en ella, un padre, que ha provocado con su rigidez que su hijo se haya ido de casa y se haya enrolado en el ejército, trata de acallar sus remordimientos de concien­cia entregándose a los más rudos trabajos en su finca rústica.

Como de costumbre, en el prólogo de esta comedia, su autor informa al público sobre su origen y los ataques de que él es víctima: "Voy a representar hoy una comedia nueva, sacada de una comedia griega que estaba aún sin traducir: el 'Heautontimoroúmenos', obra de intriga doble, pero basada en un argumento único... En cuanto a los rumores que han difundido algunos individuos malintencionados, a saber, que (el autor) ha complicado muchas comedias griegas para componer unas pocas latinas, éste no niega haberlo hecho y, además, declara que no se arrepiente de ello y que piensa seguir haciéndolo en lo sucesivo".

En la primera escena del acto primero, el viejo Cremes, padre de Clitifón, reprende a su vecino Menedemo, padre de Clinia, por la extraña actitud que obser­va en él: "Me parece que no estás actuando de acuerdo con tu edad y con lo que requiere tu hacienda... Tienes ya sesenta años o algunos más... Nadie posee en estos contornos una finca mejor ni de más valor; tienes numerosos esclavos; sin embargo, como si no tuvieras ninguno, ya que haces afanosamente tú mismo las tareas que les corres­ponden a ellos..."

Menedemo, malhumorado por esta intromisión en sus asuntos, replica: "Cremes, ¿tanto tiempo libre te dejan tus asuntos, que te ocupas también de los ajenos, que en nada te conciernen?"

Cremes contesta: "Soy hombre: pienso que nada de lo humano me es ajeno... Dime cuál es tu desgracia, por favor. ¿Qué has hecho para merecer tan duro trato?... No llores y, sea lo que fuere, dime lo que te pasa. No guardes silencio, no temas, confía en mí... Estoy dis­puesto a ayudarte con mis palabras de consuelo, o con mis consejos, o con mi dinero".

Menedemo acaba contándole a Cremes la causa de sus desgracias: "Tengo un hijo único, un jovencito...Mejor dicho, lo tuve; pues ahora no estoy seguro de si lo tengo o no... Hay aquí una anciana muy pobre, procedente de Corinto. Mi hijo comenzó a enamorarse perdidamente de su hija, hasta el punto de que la tenía ya casi por mujer... Cuando lo supe, comencé a tratar al jovencito, no con la delicadeza que el caso requería, sino con el rigor y el método seguidos habitualmente por los padres. Le sermoneaba a diario... El muchacho... ¡se largó a Asia... a servir al rey!... Hace tres meses que falta de casa... Mientras él lleve esa vida de privaciones, alejado de su patria por culpa mía, le ofreceré una vida de sacrificios, trabajando,... haciéndome esclavo de él".

Cremes expone su opinión sobre la convivencia entre padres e hijos: "Yo creo que tú eres un padre de carácter dulce para con los hijos y que el tuyo habría sido respetuoso con quien le hubiera tratado adecuadamente; pero ni tú lo conocías bien, ni él a ti. Es lo que pasa cuando no se vive con sinceridad; tú nunca le mostraste cuánto le apreciabas y él jamás se atrevió a tener contigo la confianza que es justo tener con un padre"...

Clitifón, hijo de Cremes y amante de la exigente cortesana Báquide, comunica a su padre que su amigo Clinia, el hijo de Menedemo, ha regresado y se aloja con él, como huésped, en casa: "En cuanto llegó... me lo traje directamente a cenar conmigo; pues desde niños hubo siempre entre nosotros gran intimidad... Acaba de llegar; lo teme todo: la ira de su padre, las disposiciones de su amada para con él..."

Cremes informa a Clitifón sobre los deberes de los hijos para con sus padres. Clitifón muestra su mal humor por la incomprensión de los padres. Que tratan de gobernar a sus hijos según sus gustos actuales, no según los que ellos tuvieron en su juventud: "¡Qué jueces más injustos son siempre los padres con todos los jóvenes! Consideran que es razonable que ya nazcamos viejos desde niños y que no participemos de los gustos que lleva consigo la juventud... Si alguna vez tengo un hijo, éste hallará en mí un padre comprensivo, pues le daré la oportunidad de confesarme sus faltas y seré indulgente con ellas... Mi amigo Clinia... tiene una amiga que ha sido bien y honesta­mente educada, que desconoce el oficio de las cortesanas. La mía, en cambio, es dominante, exigente,... derrochadora, todo una señora... No hace mucho tiempo que descubrí esta plaga; mi padre aún no se ha enterado".

Clinia espera impaciente a su amada y muestra sus temores: "Me temo que en mi ausencia la muchacha haya sido seducida". Después, al ver el cortejo de Báquide, en el que va Antífila, su amada, exclama: "¡Esclavas, alhajas, ropajes! Yo la dejé aquí con una pobre y única criadilla, ¿de dónde te figuras que ha salido eso?"

El esclavo Siró explica a Clinia que las riquezas pertenecen a Báquide. Añade que Antífila es decente y le sigue amando. Después le dice a Clitifón que le pro­porcionará dinero para ganarse los favores de Báquide: "Fingiremos que tu amada es la amada de Clinia; (en cuanto a Antífila) la llevaremos a casa de tu madre... Convence (tú) a Clinia para que finja tener con Báquide a su amada... (Ella) está bien aleccionada".

Báquide felicita a Antífila y le expresa su admiración por consagrar su amor a un solo hombre. Antífila y Clinia se encuentran y se funden en un cariñoso abrazo.

Cremes comunica a Menedemo el regreso de su hijo: "Te traigo una noticia, la que más deseas que te comunique... (Tu hijo) vive y se encuentra bien... Está conmigo, en mi casa... No quiere aún que sepas que ha vuel­to y rehuye tu presencia; teme que, por su falta, se haya exacerbado aquel tu antiguo rigor... Eres demasiado impulsivo y pasas fácilmente de un extremo al opuesto: o demasiada permisividad o excesivo rigor. Tanto de un lado como del otro, caerás en la misma trampa. En primer lugar, en el pasado, por no consentir a tu hijo que frecuentase a una pobre mujer,... lo espantaste de aquí; después de esto, ella, obligada por la necesidad y a pesar suyo, se puso a ganarse el sustento dándose a todos. Ahora, que no es posible poseerla sin grandes desembolsos, estás dispuesto a dar cualquier cosa..."

Menedemo contesta: "Que haga lo que quiera; que gaste, que malgaste, que derroche: he decidido aguan­tarlo todo, con tal de tenerlo conmigo".

Cremes, engañado por Siró, cree que Clinia está enamorado de la caprichosa Báquide. Por esta razón, aconseja a Menedemo: "Si has decidido obrar así, creo que es muy importante que él no sepa que tú se lo das a sabiendas... Dáselo a través de cualquier otra persona, déjate engañar por las trapisondas de un esclavo... pues, si alguna vez se entera de tu disposición de ánimo, de que estás dispuesto a sacrificar tu vida y hacienda antes de perder a tu hijo, ¡huy! ¡qué ventana tan grande habrás abierto hacia el vicio, hasta tal punto, que ya no te será agradable vivir!"

Menedemo se declara dispuesto a ser engañado; dice a Cremes. "Como te has dado cuenta de que ellos intentan engañarme, procura tú que se apre­suren a llevarlo a cabo; quiero que él mismo vea pronto en su poder lo que quiere".

Cremes aconseja a Siró que vaya a sacarle a Menedemo el dinero que Clinia necesita para su amada, pero, al regresar a su casa, sorprende a su hijo Clitifón con Báquide y lo reprende así: "Estás causando, de manera indigna, una afrenta, ya que no sabes contener tus manos; es realmente una insolencia acoger en tu casa a un amigo y retozar con la mujer que éste ama... Mantente alejado de su presencia..."

Para evitar nuevos conflictos, Siró manda a Clitifón a dar un paseo. Después explica a Cremes el engaño que ha urdido para sacar a Menedemo el dinero que precisa Clinia: "Había aquí una mujer oriunda de Corinto, a la que (Báquide) había prestado mil drac-mas de plata... La anciana ha muerto; dejó una hija, una jovencita, que le dejó en prenda por aquel dinero. La ha traído consigo: es la que está ahora con tu mujer. Báquide ruega a Clinia que le pague ahora el dinero; añade que, desde luego, le entregará después a la joven; reclama sus mil monedas... Iré a ver a Menedemo; le diré que esta joven es una cautiva procedente de Caria, que es rica y de buena fami­lia; que, si la rescata, habrá en ella un magnífico negocio".

Engaño inútil, ya que Sóstrata, la esposa de Cremes, ha visto en la mano de la amiga de Clinia la sortija de Antífila y reconoce a ésta como hija suya, expuesta al nacer por orden de Cremes: "Si no me engaña mi presentimiento, ésta es la sortija que yo sospecho, es decir, la que llevaba mi hija al ser expuesta... (La nodriza corrobora su sospecha)... (A su marido) ¿Recuerdas tú que, cuando estaba yo embarazada, me dijiste muy en serio que, si paría una niña, no querías reconocerla como hija?... Había allí una anciana de Corinto, buena persona; le entregué la criatura para que la expusiera... Cuando se la di para exponerla, me quito del dedo la sortija y le digo que la exponga juntamente con la niña... Aquí está esta sortija... La jovencita que Báquide trajo consigo, al ir al baño, me la dio para que yo se la guardase. Al principio no me di cuenta; pero, des­pués que me fijé en ella, la reconocí al instante... Podrías preguntarle de dónde ha sacado esta sortija..."

Cremes expresa a su esposa el deseo de tener una hija y reconoce como tal a Antífila.

Ante la nueva situación, Siró cambia de plan, "para arrastrar hacia su bolsa el dinero que está a punto de escapársele".

Clinia se muestra feliz por el reconocimiento de Antífila: "Mi Antífila se casará conmigo!... Hemos alcanzado la felicidad de los dioses".

Siró le dice: "Hay que velar también, Clinia, por la seguridad de tu amigo. Pues, si ahora te vas de nuestra casa y dejas en ella a Báquide, el viejo se dará cuenta muy pronto de que se trata de la amante de Clitifón; si te la llevas, se ocultará la cosa, como se ha oculta­do hasta ahora... Cuéntale claramente (a tu padre) cómo está el asunto... Dile que estás enamorado de Antífila y que la quieres como esposa, que esta otra pertenece a Clitifón... Cuando vuestro viejo (=Menedemo) le cuente al nuestro (Cremes) que ésa (Báquide) es la amante de su hijo,... no se lo va a creer".

Clinia objeta: "Sí, pero... mientras siga creyendo que Báquide es mi cariño, no me confiará la mano de su hija..."

Siró declara que bastará un día para birlarle el dinero a Menedemo. Báquide exige que se le entregue el dinero prometido y amenaza con irse con un militar, si no se le entrega.

Siró le explica que tiene que irse, con su séquito, a casa de Menedemo, a quien Cremes compadece por la plaga que se le ha venido encima: "Aunque sé que estos primeros días no se dará cuenta, tras haber sentido tan gran añoranza de su hijo, cuando vea que en su casa se hace un gasto diario tan crecido y que este gasto no tiene fin, deseará que su hijo se le vaya de nuevo".

Siró dice a Cremes: "Clinia dijo a Menedemo que Báquide es la amante de tu Clitifón y que la había llevado consigo para que tú no te enteraras de ello... No para de decir que él ha visto a tu hija, que, al mirarla, quedó prendado de su hermosura, que la quiere por esposa... Desde luego, mandará a pedírtela... Se le dará dinero para la boda... Yo no te decía que se la dieras de verdad, sino que lo aparentaras..."

Cremes protesta ante tal proposición: "¿Cómo iba yo a prometer la mano de mi hija a quien no pienso dársela?"

Siró alega: "En cuanto al dinero que te he dicho que tu hija debe a Báquide, hay que devolvér­selo ahora mismo..."

Cremes accede a entregar el dinero y Siró comunica a Clitifón que se lo dará para que pague a Báquide. Cremes da el dinero a Clitifón. Menedemo, al ver que ha vuelto al buen camino su hijo Clinia, pide para él a Cremes la mano de Antífila diciendo: "La mujer que está en mi casa es realmente el cariño de Clitifón".

Cremes ruega a Sóstrata, su esposa: "Déjate, esposa mía, de agobiar a los dioses con tus acciones de gracias por haber encontrado a tu hija, a no ser que pienses que los dioses están hechos a tu imagen y semejanza y creas que no se enteran de nada, si no se les repite cien veces..." (A Menedemo) "Quiero saber, ante todo, cuánto te ha costado; pues, cuando anuncias­te a tu hijo que mi hija estaba ya prometida, es de suponer que Dromón te habrá asal­tado inmediatamente... para que le dieras dinero..."

Menedemo niega que se le haya pedido dinero:
"(Mi hijo) sólo insistía en que se celebrase hoy mismo la boda... Pero el astuto Siró ha instruido tan admirablemente a tu hijo, que tú no te hueles lo más mínimo que ésta (=Báquide) no es la amante de Clinia... Tengo en la parte trasera de mi casa una habi­tación retirada. Aquí se ha llevado una cama... Aquí se retiró Clitifón... Sólo Báquide lo siguió al instante... sola... Cuando se retiraron ambos al interior, cerraron la puer­ta... Clinia estaba conmigo".

Cremes comenta alarmado: "Báquide es la amante de mi hijo... ¡Estoy perdido!... Mi patrimonio familiar apenas aguantará diez días... La ira hace que yo no esté en mis cabales".

Menedemo se burla de Cremes: "¡Hablar tú así! ¿No es una vergüenza que des consejos a los demás... y no puedas ayudarte a ti mismo?... Haz que (tu hijo) sienta que tú eres su padre; haz que se atre­va a confiarte todos sus problemas, que te ruegue, que te solicite, que no busque otra ayuda, que no se vaya de tu lado".

Cremes le contesta: "Y que tu hijo se prepare desde este momento para venir a buscar a su esposa".

Después reprende a Clitifón: "¿De qué me acusas, Clitifón? Todo lo que he hecho lo he hecho velando por ti. Cuando vi que habías perdido el juicio... tomé las medidas oportunas para que no carecieras de nada, ni pudieras dilapidar lo que tenemos. Cuando, por tu culpa, no me fue lícito legarte mis bienes a ti, aunque tenías derecho preferente a ellos, acudí a quien era tu pariente más próximo (Antífila): a él se los he remitido y confiado. Ahí habrá siempre recursos para tu propia insensatez, Clitifón. Ahí hallarás alimento, ves­tido y un techo en el que podrás refugiarte... Más vale esto que, si fueras tú mi here­dero, poseyera Báquide todos mis bienes".

Clitifón muestra su disgusto, al verse desheredado. Nueva astucia de Siró, que hace creer a Clitifón que tal vez no sea hijo de Cremes: "Pronto se arreglará esto... Pienso que no eres hijo de éstos... Mientras te tuvieron por hijo único suyo... te mimaban, te hacían regalos; ahora, tras haber encontrado a su verdadera hija, ha aparecido un pretexto para deshacerse de ti... Todas las madres prestan ayuda a sus hijos, cuando éstos cometen una falta, e incluso suelen apoyar­los contra la severidad de sus padres. Esto no sucede en tu caso... Pregúntales sobre esta sospecha; pon la cosa en claro. Si la sospecha es infundada, los inducirás pron­to a ambos a apiadarse de ti; en caso contrario, sabrás al menos de quién eres hijo".

En efecto, Sóstrata, enternecida por el interrogatorio, dice Cremes: "(Clitifón) sospecha que él es un expósito... ¿Voy a confesar yo que no es hijo mío, cuando sí lo es?"

Cremes le contesta: "Demostrarás fácilmente que ha nacido de ti, porque es completamente idéntico a ti y no le falta ni un solo defecto de los que tú tienes".

Ambos esposos confirman a Clitifón que son sus padres. Cremes añade: "En cuanto a mí, si me respetas, procura que yo no te sorprenda en semejantes andanzas... No voy a consentir que me deshonres con tus desmanes".

Clitifón se muestra arrepentido de haber tenido por amiga a una cortesana y, renunciando a los amores comprados, dice que está dispuesto a casarse con la mujer que le elija su padre. Éste se calma. Su madre le promete: "Hijo mío, yo te daré una esposa encantadora, a la que te será fácil amar. Se trata de la hija de nuestro amigo Fanócrates".

Clitifón rechaza la proposición que le ha hecho su madre, alegando que ha elegido ya como esposa a la hija de Ancónides. Sóstrata aprueba esta elección. Clitifón consigue el perdón para Siró. Final feliz.

* * *

Según la dididascalía, se trata de la versión latina de un original de Menandro, obra del mismo título.

En el prólogo se afirma que "el original es de intriga sencilla, pero que la adap­tación latina lo ha complicado y ha producido una intriga doble".

En efecto, la comedia ofrece dos argumentos. El primero trata de la marcha del hogar paterno del joven Clinia y de su posterior retorno y supuesta reconciliación con su padre. El segundo, que guarda cierta relación con el anterior, trata de los amores de otro joven y de las absurdas intrigas urdidas por el esclavo Siró contra el padre de éste.

Los amores de Clitifón con una cortesana y la oposición a ellos de Cremes constituyen el tema de la segunda parte y sirven de contrapunto a la primera parte de la obra, en la que se plantean los problemas existentes entre el joven Clinia y su padre Menedemo.

Ambos argumentos son principio y fin de situaciones similares. El autor enlaza hábilmente ambas intrigas, sirviéndose de la primera para proponer la segunda. Por ello, la unidad de la obra, a pesar de que sus dos argumentos podrían subsistir por separado, es evidente, ya que el esclavo Siró trabaja para Clitifón y Cremes para Menedemo, pero ni Cremes conoce los planes de Siró, ni éste el plan acordado entre Cremes y Menedemo. La doble acción tiende hacia el mismo fin: engañar a Cremes, en cuya persona radica la unidad de la comedia.

Tras un comienzo más propio de la tragedia que de la verdadera comedia, ya que Menedemo cuenta su desesperación por la marcha de su hijo y su angustia por ignorar su destino, aparece la amable sonrisa de la comedia, que culmina en el reconocimiento de Antífila, que no se produce al final, sino en medio de la obra.

Vemos en ella algunos rasgos originales. Clinia muestra su angustia al pensar que su amada Antífila se haya dejado corromper durante su ausencia. Un viejo padre de familia anima a un servus callidus a urdir los engaños más audaces y, a la vez, aconseja a otro padre de familia que se deje engañar; éste, movido por el amor a su hijo, se presta gustoso a ser víctima del engaño.

La acción gira esencialmente en torno a las relaciones conflictivas entre la gene­ración joven y la de sus progenitores, tema recurrente en el teatro de todos los tiem­pos. El viejo Cremes, tras defender el trato permisivo de los padres hacia los hijos, comprueba por propia experiencia que ese sistema también ofrece resultados imprevistos, ya que tampoco él ha sabido ganarse la confianza de su hijo.

Su amigo Menedemo, en vista del fracaso de su sistema educativo rígido, para recuperar el afecto de su hijo, renuncia a sus principios y adopta una actitud diametralmente opuesta y tan funesta como la anterior.

Según B. Croce, Terencio, por su humanidad y dulzura y por la nitidez de su arte, es casi el Virgilio de la comedia romana.