Epidicus / Epídico

Estrenada el 195/194 a. C.

Epídico, prototipo del servus callidus, recibe de su joven amo, Estratípocles, que se halla ausente, debido a la guerra, el encargo de que le compre una esclava, de la que está enamorado.

En la primera escena del acto primero, Tesprión, compañero de servidumbre de Epídico dice a éste: "Hay una razón por la que (Estratípocles) no se ha atrevido a venir conmigo... No quiere que lo vea su padre todavía... porque ha comprado del botín una cautiva muy joven, tan encantadora como distinguida..."

Epídico se queda anonadado ante la noticia: "Por cierto que (Estratípocles), antes de salir de su casa para incorporarse al ejército, me encargó que le comprara aquí, a un lenón, una citarista de la que estaba enamorado y yo le he cumplido su encargo... Me ha arruinado sin remedio".

Tesprión comenta. "Son cuarenta minas. Ha tomado prestado, de un usurero de Tebas, este dinero... Y con él ha llegado el usurero y le reclama su dinero... No quiere encontrarse con su padre, ni que éste lo vea, antes de haber pagado el dinero que debe por la joven".

Epídico se asusta aún más: "¡Pobre de mí! Con mis engaños he conseguido que el viejo creyera que él compraba a su propia hija. En realidad, le compró a su hijo una citarista, de la que éste está enamorado, es decir, la que al marchar me encargó que yo le comprara. Si ahora, al volver del ejército, se ha traído otra, para su solaz, me he jugado el pellejo, porque, en cuanto el viejo se dé cuenta de que se le ha engañado, me despellejará la espalda a latigazos..."

El joven Estratípocles vuelve de la guerra con una prisionera y pide a su amigo Queríbulo que le preste las cuarenta minas que necesita para pagar su deuda. El amigo le dice que no puede prestárselas. Estratípocles recurre a Epídico. Éste le contesta: "Compré la esclava, tal como me has escrito tantas veces en tus cartas".

Estratípocles reconoce: "Has malgastado todo tu esfuerzo... porque ya ni la amo, ni siquiera me gusta... Yo la quería antes; pero ahora es otro amor el que se ha adueñado de mi corazón... Yo había perdido la cabeza, cuando te enviaba aquellas cartas... Necesito cuarenta minas, calentitas, rápidas, para devolvérselas al usurero, y pronto... Pues, si no me las traes antes de la puesta del sol, no te molestes en volver a mi casa. Vete directamente al molino... ¿Vas a consentir que me suicide?... ¿Qué vamos a hacer, pues, con la citarista esa?"

Epídico sugiere: "Hay un militar de Eubea, muy rico, está forrado de oro; en cuanto sepa que ésa ha sido comprada para ti y que tú te has traído a esta otra, te pedirá inmediatamente que le cedas la primera".

En la primera escena del acto segundo, Apécides, viejo amigo de Perífanes, el padre de Estratípocles, dice a aquél: "¿Qué escrúpulo puede impedirte tomar como esposa a una mujer pobre, pero de buena familia y que, sobre todo, según dices, es la madre de esta hija que tienes en casa?... ¡Y yo que creía que lo hacías por respeto a la memoria de tu difunta esposa...!"

Perífanes dice a Epídico: "He oído decir que (mi hijo) está prendado de no sé qué citarista; esto me preocupa mucho".

Epídico le propone: "Es preciso buscarle inmediatamente a tu hijo una esposa y castigar a la citarista esa que éste quiere liberar... Yo creo que hay que hacer lo siguiente: finge como si tú quisieras liberar a la citarista, para tu solaz, y como si estuvieras locamente enamorado de ella... Se trata de que la compres, con dinero contante y sonante, antes de que venga tu hijo, para que le digas que la compras para darle la libertad... Cuando haya sido comprada, la envías fuera de la ciudad, a algún lugar... De ese modo se le habrá quitado a tu hijo toda vacilación respecto a su boda... Iré a buscar al dueño de la citarista y te lo traeré aquí; y después le llevaré el dinero junto con Apédices... Yo no pienso que se la pueda comprar por menos de unas cuarenta minas, pero, si tú has pagado más, yo aportaré el resto... No vas a tener inactivo ese dinero ni siquiera diez días... Hay otro joven que está perdidamente enamorado de ella. Es un tipo que nada en oro, un soldado fanfarrón de Rodas... Te la comprará y te pagará gustoso lo que le pidas por ella".

Epídico piensa así: "Esta mañana me ordenó el viejo que le contratase una citarista y la trajera aquí, a casa, para que le acompañara con su música mientras él celebraba un sacrificio religioso. Será contratada y se le darán instrucciones sobre cómo debe engañar al viejo".

Después le dice a Estratípocles: "Te he traído diez minas más de las que debes al usurero... El lenón ya ha cobrado todo el dinero pagado por la citarista; se lo he pagado yo. He contado con mis propias manos el dinero que le ha costado esa que tu padre creyó que era su propia hija... He aconsejado al viejo... que, cuando tú estuvieras de vuelta, no estuviera ella a tu disposición... Está ahora en casa como hija suya... Tu padre está haciendo en casa los preparativos para que te cases en cuanto llegues... Yo iré antes, solo, a casa del lenón y le aleccionaré para que, si acude alguien a verlo, le diga que ya se le ha pagado el dinero, que ha cobrado las cincuenta minas de plata, como precio de la citarista. En efecto, se las he dado yo... por la amiga tuya que tu padre cree que es su propia hija. El lenón, sin saber lo que está haciendo, jurará, por su maldita cabeza, que ha cobrado el dinero por la muchacha que acabas de traer contigo... Yo prepararé a alguna taimada citarista, contratada por dinero, para que simule que ella ha sido comprada y engañe con su astucia a nuestros viejos... Apécides la llevará con él a su padre..."

La estratagema se descubre cuando el soldado de Rodas, al cual se muestra la otra esclava, no reconoce en ella a la joven de la que está enamorado. El militar habla así a Perífanes:
"He oído decir que has comprado a mi amiga... Quiero que me la cedas y que cobres el dinero por ella: aquí lo tienes... Quiero convertirla hoy en liberta mía, para que sea mi concubina..."

Perífanes le contesta: "Yo la he comprado por cincuenta minas; si me pagas sesenta... tendrás a la joven a tu disposición... a condición de que la saques enseguida del país"

El militar dice que la citarista en cuestión es la mujer que él busca. La citarista alquilada declara que ella conoce bien a Acropolístide (la esclava que pasa por hija de Perífanes) y añade: "Dicen que Estratípocles, el hijo de Perífanes, tomó las medidas pertinentes para que, en su ausencia, fuera declarada libre".

Aparece Filipa. Viene en busca de Perífanes. Ambos se reconocen. Al ver a la citarista, Filipa declara que no sabe quién es ni la conoce. Perífanes pregunta a Acropolístide: "¿Por qué me llamabas padre?"

Acropolístide le contesta. "Yo no he dicho más que lo que me han enseñado: Epídico ha sido mi maestro..."

Perífanes trata de consolar a Filipa; le dice que la hija que busca está en su casa: "No llores, mujer,...; ya verás cómo yo encuentro a nuestra hija".

Filipa responde: "La ha comprado un hombre de aquí, un ciudadano del Ática; decían que la había comprado un joven".

Perífanes, desesperado, sale en busca de Epídico, para castigarlo. Mientras tanto, el usurero ha traído a Teléstide. Epídico la reconoce y le dice que la ha comprado su hermano (hijo de otra madre pero del mismo padre).

Estratípocles pregunta cómo se ha convertido él de pronto en su hermano. Epídico le informa así: "Tú ya tienes en casa a quién amar, a la citarista (Acropolístide), y, con mi esfuerzo, he procurado también la libertad para tu hermana".

Perífanes pregunta a Epídico: "Pero ¿quién es esa mujer?"

Epídico: "La amiga de tu hijo"

Perífanes: "¿No te di yo treinta minas por mi hija?"

Epídico: "Reconozco que me las has dado y que con ese dinero compré a la citarista amiga de tu hijo, haciéndola pasar por hija tuya... Por Hércules, es la mayor de las injusticias que esté amarrado un hombre como yo, gracias a cuyo esfuerzo ha sido hallada la hija de mi amo... La he encontrado y está ahí, en casa".

Perífanes vuelve a su primer amor, la citarista Acropolístide, que, en efecto, está en casa de su padre.

Perífanes concede la libertad a Epídico.

* * *

En un pasaje de su comedia Bacchides (v. 214), Plauto dice de esta obra: "Amo a mi Epidicus tanto como a mí mismo"

La intriga es bastante complicada. Al final, el astuto Epídico, cuya suerte parecía haberle abandonado, reconoce en la segunda esclava precisamente a la hija de Perífanes y de Filipa. La casualidad ha hecho que la invención del esclavo se convierta en realidad y que, si no en la primera esclava, por lo menos en la segunda encuentre el viejo Perífanes a la hija natural que había perdido hacía ya mucho tiempo.

Se desconoce el original griego de esta obra. Tal vez se trate de una comedia de Menandro.

Sus repercusiones en la literatura posterior son escasas. Luigi Groto (1541-1585) trata de este tema en su comedia Emilia. L.J.N. Lemercier (1771-1840) compuso Plaute ou la comedie latine, en donde aparecen elementos del Epidicus y de la Aulularia de Plauto.