Curculio / Gorgojo
Estrenada emntre los años 200/191 a. C.Curculio (Gorgojo) es el nombre del protagonista, siervo que ayuda a su amo con su fecunda inventiva.
La obra carece de prólogo. En la primera escena del acto primero, Fédromo, el joven enamorado de la muchacha Planesio informa directamente al público: "El lenón tiene una esclava jovencita... Quiere convertirla en una cortesana. Ella está perdidamente enamorada de mí, pero yo no quiero aprovecharme de este amor... porque la quiero tanto, como ella me quiere a mí... Es una muchacha decente y aún no se acuesta con hombres... Cuando se le presenta una ocasión para escabullirse y venir a verme, en cuanto me ha dado un beso, sale corriendo. Y sucede esto, porque el lenón este, que se pasa noches enteras acostado, enfermo, en el santuario de Esculapio, me está amargando la vida... Unas veces me pide treinta minas por la joven; otras, un talento de los grandes... Acabo de enviar aquí a Caria a mi parásito (Curculio), a pedir dinero prestado a un amigo... Si no me lo trae, no sé adonde recurrir... Aquí suele acostarse, como portera de guardia, una vieja llamada Leona; es una borrachina empedernida y aficionada, además, al vino puro... Tan pronto como he salpicado la puerta con vino, sabe por el olor que estoy allí y me abre al momento".
Fédromo canta una serenata ante la puerta de su amada. En la tercera escena asistimos a un emotivo diálogo entre los dos amantes:
Fédromo (a Planesio): "Como tu amo me lo impide, no puedo gozarte más que a escondidas".
Planesio: "Ni puede impedírtelo ni lo impedirá, a no ser que la muerte me separe de tí... ¿Hasta cuándo vamos a tener que seguir así con estos amores furtivos?"
Fédromo: "No te apures, que ya hace tres días que he mandado a Caria en busca de dinero a un parásito de mi servicio; hoy estará de vuelta... No consentiré que sigas tres días más en esta casa sin haberte dado la libertad que te mereces".
Planesio: "Si me quieres, cómprame... Procura vencer a tus rivales con el precio que pagues por mí".
A su regreso de Caria, Curculio cuenta a Fédromo las peripecias de su viaje: "Después de salir por orden tuya, llegué a Caria; veo a tu amigo, le pido que nos proporcione dinero... Me contesta que está aquejado del mismo mal que tú, de una gran carencia de dinero... Tras haber recibido semejante respuesta, me marcho triste al foro... Veo allí casualmente a un militar (Terapontígono); me dirijo a él y le saludo... Me pregunta entonce si conozco en Epidauro a un tal Licón, banquero. Le digo que sí, que lo conozco. '¿Y a Capadocio, el lenón?', me dice. Le digo también que sí, que lo visito a menudo. '¿Qué es lo que quieres de él?', le pregunto a mi vez. 'Pues que le he comprado una muchacha por treinta minas, sin contar los vestidos y las joyas, que importan diez minas más'. '¿Le has entregado ya el dinero?' le digo.Todavía no', me contesta, 'sino que está depositado en casa del banquero Licón, del que te he hablado antes, y le encargué que se ocupara de que aquel que se presentase con una carta sellada con mi anillo pudiera retirar de casa del lenón a la mujer en cuestión, con sus vestidos y sus joyas'... Me invita a cenar... Después que cenamos y bebimos, él pide las tabas y me propone que juguemos una partida. Yo me juego mi manto; él, su anillo... Tira las tabas él y saca los cuatro buitres; las lanzo yo... y me sale la jugada real. Ofrezco entonces al militar una gran copa de vino. Se la bebe de un trago, agacha su cabeza y se queda dormido como un tronco. Yo le sustraigo el anillo... En cuanto vi la puerta, salí de estampida, a toda prisa... Ahora vayamos dentro a escribir y sellar la carta... Yo te iré diciendo cómo tienes que escribirla".
Después, Curculio entrega al banquero Licón la supuesta carta del militar: "Te ruego... que le entregues a la persona que te presente esta carta la joven que compré ahí... y, además, sus joyas y vestidos... Entrega el dinero al lenón y la joven a este mensajero".
Licón encarga a Capadocio que se haga cargo del dinero y deje ir a la chica con Curculio. Al mismo tiempo advierte al rufián: "Recuerda que me prometiste que, si alguien la reivindicaba como persona libre, se me devolvería todo el dinero, o sea, las treinta minas".
Capadocio está de acuerdo y declara que se la vende con todas las garantías legales.
Llega el militar Terapontígono Platigidoro y hace a Capadocio la correspondiente reclamación: "Ahora, si no te apresuras a devolverme apresuradamente las treinta minas que te dejé en depósito en tu casa, apresúrate a dejar la vida".
Licón contesta: "He hecho lo que tú me encargaste, es decir, no he desatendido, por consideración a ti, al mensajero tuyo que me hubiera traído una carta lacrada con tu sello".
Terapontígono se dirige, amenazador, a Capadocio:
"¿Me devuelves o no me devuelves la joven, antes que te traspase con esta espada, bribón?"En la primera escena del acto V, Curculio (aludiendo a Planesio) dice: "En cuanto ella vio que yo tenía este anillo, va y me pregunta que de dónde lo he sacado".
Planesio encarga a Fédromo: "Pregúntale (a Curculio) dónde ha conseguido este anillo; el que llevaba mi padre". (A Curculio) "Por todos los dioses, no me impidas encontrar a mis padres... Yo soy libre de nacimiento".
Curculio asegura a Fédromo que se lo ganó jugando a las tabas al militar. Éste exige a Curculio que le devuelva el dinero o a la joven. Interviene Fédromo: "Esta joven es de condición libre... Puesto que tú sabes comprar jóvenes robadas a padres libres, preséntate ante los tribunales de justicia".
Y añade: "Te ruego que me digas de dónde has sacado ese anillo que te birló Curculio".
Terapontígono dice que pertenecía a Perífanes, su padre.
Planesio explica la procedencia del anillo en cuestión: "Durante las fiestas de Dioniso, mi nodriza... me había llevado en sus brazos a ver los juegos. Cuando llegamos allí, apenas me había colocado ella a su lado, se levantó de pronto un huracán terrible; se derrumban los graderíos; me entra un miedo espantoso y, en ese momento, me coge no sé quién,... más muerta que viva; y no puedo decir cómo me llevó lejos de allí... Pero siempre he conservado conmigo este anillo; lo llevaba yo puesto cuando me perdí para los míos".
Terapontígono reconoce a su hermana: "¡Por Júpiter! Este es el anillo que yo te regalé un día de tu cumpleaños. Lo conozco tan bien como a mí mismo. Salud, hermana mía... Y el lenón este nos debe treinta minas... Porque él se comprometió a devolverme,... todo mi dinero, si alguien reclamaba a ésta como persona libre".
Fédromo dice al rufián Capadocio: "Esta joven es libre de nacimiento, este militar es su hermano... Y ella se va a casar conmigo; devuélvele su dinero al militar..."
Fédromo le dice a Terapontígono: "Tú, militar, cenarás en mi casa; hoy se celebrará la boda".
Terapontígono acepta y cierra la obra diciendo: "¡Que sea enhorabuena para mí y para vosotros! Espectadores, aplaudid.
* * *
La obra presenta una serie de personajes bien definidos. La joven ingenua, es decir, nacida libre, víctima de un destino inmerecido. El joven enamorado, carente de medios económicos para rescatar a su amada del rufián que la ha vendido a un militar. El rufián desaprensivo, que trata de recuperar su precaria salud pernoctando en el santuario de Esculapio en Epidauro y que es engañado por el típico "ser-vus callidus". La vieja vigilante de la joven, que favorece los clandestinos encuentros de los dos amantes a cambio de unos tragos de vino. El militar fanfarrón, de nombre rimbombante, Terapontígono Platagidoro, similar al protagonista del Miles Gloriosus. Y, sobre todo, el "servus callidus', que da nombre a la comedia, de fecunda inventiva, capaz de imaginar las trapisondas más inesperadas; es el personaje más definido de la obra. Faltan el padre engañado y la esposa insoportable.
La acción de la comedia transcurre en un ambiente de intriga, como la falsificación de la carta. Rasgo original es la serenata del enamorado ante la casa de su amada, primer ejemplo conservado, en el género teatral romano, de un paraclausithyron.
Son de gran efecto dramático los diálogos que mantiene el burlado militar con el rufián Capadocio y el banquero Licón.
A pesar de que la acción transcurre en Epidauro, ciudad griega, en la obra aparece una descripción pintoresca de algunos barrios de Roma: "Voy a indicaros en qué lugar determinado hallaréis fácilmente a toda clase de personas, a fin de que nadie tenga que cansarse cuando quiera encontrar a alguno: vicioso o sin vicios, honrado o golfante. Quien desee hallar a un perjuro, que se dirija al Comicio, y quien busque a un embustero y fanfarrón, vaya al santuario de Cloacina. A los maridos que derraman la hacienda los tendréis que buscar cerca de la Basílica; allí encontraréis a rameras trasnochadas y a los que viven del cuento. Para los que andan siempre tras de comilonas, el Foro del Pescado.
Por el Foro Bajo, se pasean los varones distinguidos, y los ricos; mas por el Foro Medio, junto al canal, los que no hacen sino darse pisto. Para caraduras, parlanchines y maldicientes, más arriba de la Bolsa: por el más leve motivo y con la mayor frescura hablan mal de los otros, a pesar de que ellos ofrecen ya mucha materia para dar que hablar. Por las Tiendas Viejas están los que dan y aceptan la usura. Detrás del templo de Castor hay unos tipos a quienes se haría mal en conceder crédito de repente. En la calle de los Etruscos hay hombres que comercian con su persona..."
Al hablar del teatro cuyos graderíos son destrozados por un huracán, no se refiere a un teatro griego, sino a un primitivo teatro romano de tipo provisional.
Las repercusiones de esta obra en la literatura posterior son insignificantes. Reinhold Lenz (1751-1792) la reprodujo en su Die Türkinsklavin.