Truculentus / El cascarrabias

Estrenada el 189 a. C.

Esta comedia muestra las intrigas de Fronesia, cortesana capaz de encandilar a la vez a tres amantes, a los que exige más y más regalos: Diniarco, joven ateniense, a quien ha arruinado; Estratófanes, militar que vuelve enriquecido de Babilonia, y Estrábax, campesino a quien su siervo, Truculento, no puede impedir que malgaste con ella el dinero trabajosamente ganado en su granja.

Tarragona 2007. Truculentus, Clasicos LunaEn el prólogo se presenta así a la cortesana en cuestión:
"Aquí (en Atenas) vive una mujer llamada Fronesia... Jamás reclama a sus amantes lo que ya se le ha dado... No se liga con aquél a quien ya nada le queda; siempre está pidiendo..."

A continuación, Diniarco insiste sobre el tema: "No, toda una vida de aprendizaje no le basta a un amante para aprender a fondo todos los medios que tiene de arruinarse... Tenemos mucho cuidado en mantener todo esto en secreto, mientras perdemos nuestra fortuna, nuestro crédito y nuestra propia persona; intentamos que nuestros padres, nuestra familia, no sepan nada. Pero, si en lugar de ocultarnos de ellos, los convirtiéramos en nuestros confidentes, para que pudieran moderar a tiempo los extravíos de juventud..., las alcahuetas y las cortesanas serían más raras y habría menos hijos pródigos... Porque hoy hay casi mas alcahuetas y prostitutas que moscas en pleno verano... En cuando a mí, Fronesia, la cortesana que habita aquí, ha expulsado enteramente su nombre de mi mente; porque "phronésis" significa en griego 'sabiduría'... Porque yo fui... su favori­to, su confidente íntimo... Pero, desde que ha encontrado a otro más generoso,... me ha desplazado; y, sin embargo, me había dicho siempre que no podía aguantar a ese militar... Ha inventado toda una intriga. Finge haber parido..., que el militar es el padre del niño..."

Astafia, sirvienta de Fronesia, tan astuta como ésta, dice, aludiendo a Diniarco: "He aquí un amante sobre cuyos bienes ha cantado mi ama... el canto fúnebre; porque sus tierras y su casa están hipotecadas para comprar el dominio del Amor. Sin embargo, mi ama ha hecho de él su íntimo confidente de sus asuntos más importantes; es, por así decirlo, un amigo por el consejo, más bien que por la bolsa. Ha dado cuanto tuvo; ahora ya no tiene nada... Lo que él tenía, lo tenemos nosotras; y él tiene lo que nosotras teníamos... La fortuna cambia pronto... Lo hemos visto rico, como él nos ha visto pobres... Sería un sacrilegio apiadarnos por la suerte de los derrochadores... Es preciso que una verdadera cortesana... sepa sonreír a todo el que llega, ser amable... con el corazón rebosante de malos deseos y la lengua llena de dulces palabras... Si su amante no paga, debe licenciarlo, como a un mal soldado... Necesitamos buscar sin cesar nuevos donantes, cuyas arcas están intactas, para darnos regalos constantemente, como este joven campesino, que vive aquí..."

Truculento colma de improperios a Astafia: "Yo sé cómo Estrábax, el hijo de mi amo, encuentra su perdición en nuestra casa, cómo lo lleváis... a la ruina y al deshonor".

Fronesia invita a cenar a Diniarco para celebrar su llegada de Lemnos; lo colma de caricias y le revela el plan que ha concebido: "Tú sabes que yo te he confiado siempre mis secretos más importantes. En verdad, yo no he tenido un hijo, jamás he estado embarazada; pero no niego que he simulado estarlo... a causa del militar babilonio, que me ha tenido, por así decirlo, como su mujer el último año, durante su estancia aquí... Yo quería tener un lazo, una red para traerlo a mí de nuevo. En efecto, acaba de escribirme que quiere comprobar mi afecto por él: si yo no elimino a mi hijo y me encargo de criarlo, me dará toda su fortuna... Mi madre, viendo acercarse el décimo mes, da órdenes a nuestras sirvientes de ir por doquier, de encargar, de buscar un recién nacido, niño o niña, que pudiera servir de hijo supuesto... En resumen, tú conoces a Sira, la peluquera... Como su oficio le hace ir de casa en casa, descubrió un niño y me lo trajo en secreto, me dijo que se lo habían dado... Según el mensaje que me ha enviado el militar, falta poco para que esté aquí... Una vez que yo le haya sacado lo que quiero, encontraré fácilmente motivos de discordia y de divorcio. Después, estaré contigo, corazón mío, todos los días..."

Diniarco se emociona al ver que Fronesia le ha confiado tal secreto. Esta confidencia aumenta su amor hacia ella. Fronesia teme que la muerte del niño haga fracasar su plan. Finge que sigue sufriendo las secuelas dolorosas del parto: "Puesto que he imaginado este embarazo con vistas al militar de Babilonia, es preciso que él encuentre bien organizada la mala farsa... He tomado mis precauciones y heme aquí con el atuendo de una mujer encinta que acaba de parir..."

Aparece el militar Estratófanes. Orgulloso y feliz por su presunta paternidad, asegurará con largueza la crianza del recién nacido; tras las demostraciones mutuas de cariño y los generosos regalos a Fronesia, los remilgos de ésta irritan al militar. Ciamo, esclava de Diniarco, comenta: "Una cortesana es como el mar, todo lo que se le dé, lo traga, sin desbordarse nunca. Pero el mar guarda lo que ha recibido... Dad a una cortesana cualquier cosa y no aparece nada ni para el que la da, ni para la que la recibe... (a Fronesia) Mi amo, la niña de tus ojos, me ha encargado que te entregue estos presentes..."

Fronesia encarga a Ciamo: "¿Dónde está Diniarco?... Dile que por todos los regalos que me ha enviado, yo le amo, con toda justicia, más que a nadie en el mundo... y ruégale que venga a verme... ¿No conoces al soldado que vivía conmigo? Es el padre de este niño. Lo he despedido, echado fuera; le he dicho que se vaya".

El militar, indignado, discute con Fronesia y Ciamo. Llega con regalos el tercer amante, Estrábax: "Yo despojo, hasta la raíz, primero a mi padre, después a mi madre. Hoy llevo este dinero a la que amo más que a mi propia madre".

Diniarco se muestra optimista: "Mis regalos han agradado a Fronesia, se ha dignado admitirlos... Los regalos del soldado sólo han provocado desdén y desprecio. Estoy muy contento... Si es licenciado el militar, la mujer será para mí".

Astafia le habla de Estrábax: "¿Conoces a Estrábax...?... Es el que reina de momento en nuestra casa; él y sólo él; es, por el momento, nuestra nueva fuente de recursos. Se arruina con la mejor gracia del mundo... a ti se te ha dejado entrar preferentemente, cuando pagabas. A tu vez, debes dejar que los que pagan se beneficien de nuestros servicios por el precio que nos pagan..."

Diniarco se indigna tanto como el militar, mas su indignación resulta inútil.

Pero el hijo que se ha procurado Fronesia es casualmente el niño alumbrado por una joven ateniense libre y de familia acomodada. Fue seducida y abandonada por Diniarco, tras haberle prometido casarse con ella. El padre de la joven, el viejo Calicles, ha descubierto el abandono del niño y pregunta a la peluquera qué ha sido de la criatura que su hija ha traído al mundo, si lo ha recibido de su madre y por qué lo ha recogido. La peluquera contesta: "Mi joven ama me había pedido que le llevara un niño y que guardara el secreto".

Añade que se lo ha llevado a su vieja ama y que ésta, a su vez, se lo ha regalado a su hija Fronesia, que lo hace pasar por hijo suyo, para asegurarse la ayuda del militar.

La sirviente aclara que el padre de la criatura es Diniarco, a quien Calicles había prometido su hija como esposa.

Diniarco se presenta a Calicles y le habla así: "Heme aquí, Calicles. Yo te conjuro..., juzga como un hombre sabio este acto de un joven loco, perdóname lo que he hecho: es la falta del vino, yo no era dueño de mí..."

Calicles le contesta: "No es el vino, de ordinario, el que domina a los hombres, sino los hombres los que dominan al vino, al menos los hombres cabales. Pero, cuando se es un indeseable, se beba o se abstenga de beber, se es siempre un infame por naturaleza".

A pesar de todo, Calicles concede a Diniarco la mano de su hija, reduciendo la dote: "Por la tontería que has cometido, recortaré de la dote seis grandes talentos".

Diniarco exige a Fronesia la entrega de su hijo. Fronesia reacciona con astucia: "Mi peluquera me ha dicho que mi niño había sido reconocido como hijo de Diniarco... (A Diniarco) Tú quieres verme, tú quieres que yo te ame, tú quieres a tu hijo... Yo sé que tienes una prometida, que tu prometida te ha dado un hijo, que ahora tienes que casarte... que vas a tratarme como a mujer abandonada... Tu hijo es importante para mí. Déjamelo solamente durante tres días, el tiempo para atrapar algo al militar. Si me lo dejas, sacarás también algún provecho. Si me lo quitas, todas las esperanzas que yo tenía puestas en el militar mueren".

Diniarco accede a la petición de Fronesia: "Sírvete del niño, cuídalo, puesto que tienes dinero para cuidarlo".

Fronesia se muestra agradecida y le pide que siga siendo su amigo: "Te agradezco infinito este favor... Cuando temas ser maltratado en tu casa, ven a refugiarte en la mía. En todo caso, sé mi amigo..."

El militar trae nuevos regalos para criar al niño que considera hijo suyo. Al encontrar a Estrábax en la casa, celoso, monta en cólera. Ante su actitud violenta, Fronesia le dice que, para impedir que ella ame a Estrábax, debe armarse de oro, no de hierro. Surge una disputa entre el campesino y el militar. Fronesia les dice: "Yo quiero agradar a los dos y satisfacer vuestro deseo".

* * *

Se desconoce cuál es el original griego de esta obra, entre cuyos personajes destaca Fronesia, la más astuta y codiciosa de las cortesanas plautinas. Compite en desvergüenza y cinismo con el joven libertino y pródigo Diniarco, su amante, tipo servil, confidente siempre dispuesto a someterse a sus exigencias y caprichos. Este odioso personaje ha seducido y abandonado a la hija de Calicles. Después, trata de reparar su falta casándose con ella, pero sin renunciar a su trato con Fronesia.

Los otros dos pretendientes a los favores de la cortesana rivalizan en ofrecerle presentes, mientras ella se aprovecha de ambos. Truculento, el esclavo de Estrábax, se comporta con la austeridad que corresponde a su nombre y apenas participa en la acción de la comedia.

El tema de la obra no se prestaba a posteriores adaptaciones literarias. R. Lenz hizo una imitación en alemán, titulada La Cortesana (Die Bahlschwester).