Trinummus / Las tres monedas

Estrenada el 194 a. C.

El título de esta obra deriva de las tres monedas que bastan para corromper a un sicofanta y hacerle que se ponga de parte de otra persona.

La acción transcurre en una plaza de Atenas. Se representó probablemente el año 194 a.C.

El original de esta obra fue la comedia griega Thesaurós, de Filemón. Su intriga gira en torno de un tesoro oculto, que hay que proteger mientras su dueño está ausente. En efecto, al emprender un largo viaje, el viejo Cármides confía a su amigo Cálicles el cuidado de su hijo Lesbónico y el de su casa, en la que ha escondido un tesoro. Lesbónico disipa su fortuna y Cálicles le compra la casa, para que el disoluto joven pueda hacer frente a sus acreedores.

En el  prólogo,  un personaje abstracto,  Luxuria ('Lujo'),  madre de  Inopia ('Miseria') se expresa así: "En esta casa habita un joven, que, con mi ayuda, ha consumido todos los bienes paternos. Desde el momento en que he visto que no le queda nada para alimentarme, le he dado a mí hija, para que desde ahora pase sus días con ella... Esta comedia se llama en griego "El Tesoro"; su autor es Filemón. Plauto la ha hecho pasar a la lengua de los bárbaros y la ha titulado "Las tres monedas".

El anciano Megarónides hace objeto de duros reproches a su viejo amigo Calicles: "Ante todo, se habla mal de ti en todas las conversaciones... ¿No has tenido en esta casa a un amigo, Cármides?"

Calicles se defiende: "Era mi amigo y lo es aún... Cuando su hijo hubo aquí disipado toda su fortuna, al verse reducido a la miseria, con una hija ya mayor y sin madre (porque su mujer murió), decidió ir a Seleucia y, al partir, me confió a su joven hija y el cuidado de sus asuntos y de su disipado hijo. Todo esto, si no hubiera sido mi amigo, pienso que no me lo habría confiado".

Megadoro le echa en cara el no haber encauzado bien al joven y el haberle dado dinero para satisfacer sus caprichos. Calicles le revela un secreto: "En el momento de partir para el extranjero, Cármides me hizo conocer un tesoro oculto en esta casa... unos tres mil filipos... Me conjuró, con lágrimas en los ojos, que no dijera nada, ni a su hijo ni a nadie... Si vuelve sano y salvo, le devolveré su bien; si le sucede algo, yo tengo al menos con qué dotar a la hija que me ha confiado, de modo que le dé un marido digno de ella... Pero, durante los sólo seis días que he pasado en el campo, en mi ausencia y sin saberlo yo, sin consultarme, ha puesto un anuncio para vender la casa. Lo habría conseguido, si yo... no me lo hubiera olido... ¿Qué debí hacer?... ¿Debí revelarle la existencia del tesoro, contra los ruegos... de su padre... o permitir que un extraño se convirtiera en dueño de esta casa... y que el dinero cayera en manos del comprador? He preferido comprar yo mismo el inmueble; he pagado el precio para salvar el tesoro y devolverlo intacto a mi amigo... Al hacerlo, no he perseguido... ningún fin egoísta, ningún interés personal... He aquí mis crí­menes..."

En un monólogo, Megarónides reconoce que son falsos los rumores que circu­lan sobre Calicles.

En la primera escena del acto segundo, el joven Lisíteles se expresa así en otro monólogo: "De las dos reglas de conducta, ¿cuál debo adoptar? ¿Cuál debo considerar como más segura en la vida? ¿Vale más escuchar al amor o al interés? ¿De qué lado se encuentra más placer en la vida? Voy a enfrentar en un mismo examen ambas formas de vivir y ser en este pleito juez y parte... El amor sólo tiende sus redes a los hombres apasionados: son su presa favorita... El amor reserva bastantes amarguras, bastantes causas de pena..."

El anciano Filtón, padre de Lisíteles, le expone sus ideas sobre las pasiones y la virtud: "El hombre es esclavo de la pasión y deja de ser dueño de sí mismo. Pero, si vence a la pasión, durante toda su vida será el vencedor de los vencedores. En cuanto a ti, si has sabido vencer a tu pasión en vez de dejarte dominar por ella, tienes razones para alegrarte. Es cien veces mejor para ti ser como tú debes, que como quiere el capricho de la pasión. Los que dominan a la pasión tendrán siempre mejor renombre que los que sucumben ante ella... El hombre honrado es aquel que nunca se encuentra bastante honrado, bastante virtuoso: el que está siempre satisfecho de sí mismo no es honrado ni virtuoso. El que nunca está satisfecho de sí mismo está naturalmente impulsado a obrar bien. Haz para tus cualidades un techo de cualidades nuevas, para que no se hundan bajo la lluvia".

Lisíteles quiere ayudar a un amigo que ha derrochado su patrimonio en juergas, pero al viejo Filtón no le hace gracia malgastar su hacienda socorriendo a un irresponsable. Opina que el hombre prudente modela su propia fortuna.

Su hijo Lisíteles trata de justificar a su amigo: "Se necesita una larga práctica del oficio para ser un buen modelador de su vida y mi amigo es aún muy joven".

A lo que replica Filtón: "No es el tiempo, sino el natural lo que da la sabiduría. El tiempo no hace más que madurarla; ella es el alimento sobre el que trabaja el tiempo".

Lisíteles pide a su padre: "No me impidas aceptar lo que él pueda darme. Tiene una hermana casadera, soltera y yo quisiera tomarla por esposa sin dote".

Tras una serie de objeciones, Filtón da su consentimiento y pide a Lesbónico que conceda en matrimonio su hermana a su hijo Lisíteles. Lesbónico cree que Filtón pretende burlarse de él, ya que la pide en matrimonio sin exigir dote alguna. Por fin, convencido de la seriedad de su petición, le contesta:
"En cuanto al hecho de que los dos me juzgáis digno de vuestra alianza, yo os lo agradezco mucho. Pero, aunque nuestra fortuna ha caído muy baja, por mis tonterías, Filtón, nos queda una finca no lejos de la ciudad; se la daré en dote a mi hermana..."

Estásimo, el criado, sabe que, si su amo se desprende de esta finca, no poseerá ya nada. Llama aparte a Filtón, le cuenta una sarta de embustes y trata de disuadirle de que acepte aquel campo 'maldito'. De todos modos el casamiento sin dote es, de por sí, un verdadero escándalo. Lisíteles reprocha a su amigo Lesbónico su conducta anterior: "Tú has preferido que tu amor prevalezca sobre la virtud. ¿Crees ahora que puedes cubrir tus faltas de antaño con tu nueva actitud?... Abre tu alma a la virtud, cierra tu corazón a la pereza... Por mi parte, si quiero a toda costa que siga siendo tuya esta finca, es para que puedas corregirte y quitar a tus enemigos todo pretexto para echarte en cara tu miseria".

Lesbonico contesta: "Todo lo que me dices, ya lo sé y estoy dispuesto a suscribirlo; sí, he devorado mi patrimonio, he deshonrado el nombre de mis antepasados. Sabía yo cómo habría debido conducirme, pero no tenía la fuerza para hacerlo: así, encadenado por el poder de Venus, dominado por la pereza, me he dejado caer en el fraude. Y ahora te estoy muy reconocido por todo lo que quieres hacer por mí".

Lisíteles enumera las desgracias que trae consigo el amor. Lesbónico sigue argumentando: "Tú me aconsejas darte a mi hermana sin dote... Es inadmisible que yo, que he derrochado tal patrimonio, continúe viviendo con comodidad y en posesión de esta finca, mientras ella esté en la miseria".

Lisíteles objeta: "¿Es mejor, pues, que, a causa de tu hermana, tu quedes reducido a la indigencia y que yo posea este lugar, esta tierra, que te permitiría mantener tu rango?"

Lesbonico defiende su actitud: "No quieras que se pueda lanzar contra mí esta calumnia, que, dándotela sin dote, he hecho de mi propia hermana tu concubina, más bien que tu esposa legítima. ¿Habría una reputación peor que la mía? Si tú te casaras con ella sin dote, tu desinterés sería pagado con el honor; yo, en cambio, sólo ganaría reproches... El honor para un hombre honrado consiste en no olvidar su deber".

La llegada del esclavo Estásimo interrumpe el diálogo, pero ambos amigos prometen seguir hablando de este asunto. El viejo Megarónides dice a su amigo Calicles: "La dote está puesta en tu casa, a menos que tú quieras que su hermano la dé en matrimonio sin dote. Tú podrías decir a Filtón que dotas a la joven y que lo haces por amistad hacia su padre. Si quieres esperar la llegada de Cármides... en el intervalo el joven habrá perdido las ganas de casarse; y es un partido de primer orden".

A Calicles se le ocurre otra solución: "Pero ¿iría yo ahora a indicar el tesoro a este joven sin freno ni ley, que sólo piensa en el amor y el placer? No, no... Porque, estoy seguro, se comería por completo hasta el lugar en donde reposa el dinero... En espera de encontrar una ocasión favorable, yo podría tomar prestado dinero... a un amigo".

Megarónides ofrece otra idea: "Acaba de ocurrírseme otra ¡dea, a mi juicio, ingeniosa... Contratemos a un individuo... para representar el papel de un extranjero... Que se vista... a la usanza extranjera... Se presentará al joven como si viniera de Seleucia, de parte de su padre,... a anunciarle que está haciendo buenos negocios,... Traerá consigo cartas, que nosotros sellaremos como si vinieran de Cármides. Dará una al joven; en cuanto a la otra, dirá que él está encargado de entregártela... Añadirá que es portador de una suma de oro enviada por su padre para la dote de su hija y que el padre le ha encargado confiar­te ese oro... No le entregarás el oro al joven, hasta que su hermana se haya casado... Obrando así, tu desenterrarás el tesoro, sin despertar sospechas en el espíritu de Lesbónico. Creerá que el oro te ha sido enviado por su padre..."

Llega de Seleucia el viejo Cármides y, en un monólogo, da las gracias a los dioses por su feliz retorno. Un sicofanta comenta: "Este día será llamado por mí 'Día de las tres monedas'; porque hoy me he comprometido a este precio para representar una farsa amable... Yo llego de Seleucia,... Heme aquí, por tres nummos, reducido a pretender haber recibido estas cartas de un hombre que jamás he visto ni conocido..."

Cármides se encuentra con el sicofanta, comprende enseguida que es un indeseable, al que le es fácil desenmascarar con hábiles preguntas. Calicles dice a Cármides que ha estado a punto de desenterrar el tesoro para tomar de él la dote destinada a su hija. Cármides contesta: "He olvidado... hablarte de la casa... A mi llegada he sido abordado por una especie de charlatán... Pretendía haber recibido de mí mil escudos de oro que te llevaba a ti mismo y a mi hijo Lesbónico: y yo no lo conocía, ni lo había visto jamás".

Calicles le informa: "Soy yo quien se lo había encargado: debía aparentar que me traía ese oro de tu parte para la dote de tu hija: para que tu hijo creyera, cuando yo pagase la suma de mis fondos, que este oro venía de ti... y no pudiera sospechar que tu tesoro estaba en mi poder. Era para impedir que me reclamase, en nombre de la ley, los bienes paternos".

Lisíteles se casa con la hija de Cármides, provista ahora de una rica dote. Lesbónico promete corregirse.

* * *

Esta comedia ha sido considerada como una obra de tesis, ya que en ella se contraponen dos formas de concebir la vida, una, que persigue el amor y el placer y otra, que aspira a conseguir la riqueza y el provecho. Este problema se plantea al comienzo del segundo acto, en el que Lisíteles, en un monólogo, se pregunta cuál de las dos reglas de conducta debe adoptar como más segura en la vida, el amor o el interés. Terencio, en Los Adelfas, enfrentará dos sistemas antagónicos de educación, basados respectivamente en la indulgencia y en la severidad.

El mismo tono moralizador aparece en el diálogo que mantiene Lisíteles con Filtón, su padre y, posteriormente, con Lesbónico, el cual reflexiona sobre su caso y, reconoce que él sabía cómo debía comportarse, pero no era capaz de hacerlo, vencido por la poderosa Venus y por la pereza.

Plauto intenta, pues, unir la filosofía con la poesía cómica.

La acción se interrumpe a cada paso por monólogos, algunos cantados. La diversidad de ritmos harían probablemente las delicias del público.

El diálogo entre Megarónides y Calicles es un modelo de exposición por la claridad del estilo, la exactitud de los sentimientos manifestados por ambos ancianos y el sentido de progresión escénica.

Los elementos destinados a provocar la risa se insertan en la obra de forma artificiosa. Se trata de las habituales bromas sobre las mujeres y el matrimonio, puestas de modo un poco extemporáneo en boca de los ancianos Megarónides y Calicles y poco acordes con el carácter sensato de éstos y con las circunstancias. Las invenciones de Estásimo para disuadir de la aceptación del campo ofrecido por Lisíteles son inconsistentes. La complacencia con la que Cármides escucha el parloteo banal del sicofanta resulta tan inverosímil como el argumento de esta obra, cuyos personajes, sin embargo, son muy naturales. Los viejos no son los típicos padres, tacaños y víctimas de las trapisondas del servus callidus, propios de las comedias plautinas.

Son personas serias, un tanto moralistas y demasiado locuaces. Los jóvenes reconocen la autoridad y el buen juicio de los viejos y están dispuestos a seguir sus prudentes consejos y a caminar por la senda de la virtud. Como figuras cómicas no faltan el siervo astuto y el sicofanta corrupto y adulador.

Es de subrayar el hecho de que en la obra no hay personajes femeninos.

Esta comedia fue adaptada con frecuencia en el teatro italiano del s. XVI.

El año 1750, Lessing la adaptó en alemán, restituyéndole el título original griego de El Tesoro (DerSchatz). En Francia, Naudet ha señalado algunas ligeras similitudes con Le Disipateur, de Destouches.

En la comedia El Avaro, de Moliere, se hizo famosa la expresión Sans dot!, procedente, tal vez, de la plautina Sine dote uxorem?, que aparece en el verso 375 de Trinummus.