Stichus / Estico
Estrenada el 200 a. C.Dos hermanas, Penégiris y Panfila, lamentan la larga ausencia de sus maridos, los hermanos Epignomo y Panfilipo, que han abandonado hace tres años sus hogares, para intentar rehacer, con el comercio, una fortuna que habían dilapidado.
Al comienzo de la obra, Panfila se expresa así: "Hay algo que me aflige: ver que... nuestro padre... que pasa por ser el hombre más honrado de toda la ciudad, se comporta ahora como una mala persona y hace a núestros maridos ausentes una injuria tan grande, tan poco merecida, que quiere hacernos romper con ellos".
Su hermana, Panégiris, trata de justificar la actitud de su padre: "(Nuestro padre) habla así para bromear... Pero, aunque así se hiciera, no está bien irritarnos y no sucedería sin razón, pues nuestros maridos hace ya tres años que se fueron de casa".
En efecto, no tienen noticias de ellos. Sin embargo, Panfila defiende que ellas deben cumplir su deber de esposas.
Antifón, padre de ambas hermanas, expone su opinión:
"Conozco bien a mis hijas. Si prefieren quedarse aquí, en vez de pasar a la casa de otro marido, no se lo impediré... He aquí lo que haré: simularé que sé que han cometido alguna falta; usaré de rodeos para infundir dolor en su corazón; y después les mostraré mis verdaderos sentimientos... (A sus hijas) Vosotras obráis como deben obrar las mujeres honradas, teniendo por vuestros maridos, a pesar de su ausencia, los mismos sentimientos que si estuvieran aquí".
Panégiris le contesta. "El honor, padre, nos hace una ley que manda honrar a los que nos han tomado por compañeras suyas... (A su sirvienta Crocotia) Vete a buscar al parásito Gelásimo... quiero enviarlo al puerto, para saber si ha llegado de Asia algún barco".
Llega Gelásimo y deplora la dura condición del parásito.
Pinación, joven esclavo de Panégiris, se ha adelantado a la marcha de Gelásimo y vuelve llevando a su ama la feliz noticia:
"Cuando me has enviado al puerto... mientras me informo por los aduaneros de si ha llegado de Asia algún barco y me responden que no, veo... de pronto un barco mercante... Jamás... lo he visto más grande. Entra en el puerto viento en popa, a velas desplegadas... Veo a Epignomo, tu marido, y a su esclavo Estico... Trae mucho oro y plata..., lana y púrpura en cantidad..., lechos guarnecidos de marfil y de oro... en fin, trae montones de objetos preciosos... Trae consigo tocadoras de lira, de flauta, de harpa, de belleza sin par... Se decía que Panfilipo había llegado al mismo tiempo".
Al conocer la noticia, el parásito se las promete muy felices.
Llega Epignomo, hermano mayor de Panfilipo y yerno de Antifón; viene acompañado de Estico y de un séquito de esclavos y de remeros, cargados con los bagajes. Epignomo comenta: "He encontrado a Antifón, mi suegro, que, olvidando su enemistad, se ha reconciliado conmigo... Ved... el poder del dinero... Cena hoy en mi casa y mi hermano también".
Gelásimo, el parásito, pregunta a Epignome si va a invitarle a cenar. Éste le contesta: "Yo bien quisiera, si fuera posible. Pero hoy tengo invitadas a cenar a nueve personas extranjeras... embajadores públicos... personajes muy importantes. Vienen de Ambracia, delegados por su gobierno... No es discreto que tú seas recibido entre embajadores... Mañana comeremos las sobras".
Gelásimo queda desolado.
Antifón, al ver ricos a sus yernos, les pone buena cara e intenta birlarle a uno de ellos una o dos de las jóvenes que han traído consigo. Les narra el siguiente apólogo: "Había una vez un viejo, como yo. Tenía dos hijas, como las que yo tengo ahora. Estaban casadas con dos hermanos, como ahora mis hijas lo están con vosotros... El más joven poseía una tocadora de lira y una tocadora de flauta; las había traído del extranjero, como tú ahora. Ahora bien, el viejo era soltero, como yo lo soy ahora... Entonces el viejo le dice al dueño de la flautista, como yo te digo ahora... 'Yo te he dado a mi hija para que halles tu placer acostándote con ella. Encuentro justo ahora que, en correspondencia, tú me des una compañía con la que yo me acueste a mi vez'. 'Sí', responde el joven, 'e incluso dos, si no es bastante con una. Y, si no bastan dos, se añadirán otras dos...' Entonces el viejo como yo: 'si tu quieres', dice, 'dame las cuatro; y que también tú añadas con qué mantenerlas...'"
Sigue un diálogo de tipo jurídico sobre si era o no justa la petición del viejo Antifón a su yerno. Epignome ofrece esta solución: "Se le dará una amante, para que por la noche le dé al viejo la serenata; porque no veo para qué otra cosa puede servirle".
Ambos hermanos ven al parásito, cuyas quejas y súplicas desoyen. Gelásimo, desesperado, piensa en el suicidio.
Al llegar a casa, ambos hermanos encuentran cada uno a su esposa. Aparece Estico y se organiza un banquete general, cuyos preparativos explica Estefanía, esclava de Panfilipo y amante de Estico. Éste es nombrado "rey del banquete". Comienza el festín, durante el cual se suceden los cantos y las danzas. Estefanía declara que ama a Estico y también a Sagarino, amigo de éste y que quiere ser de los dos.
La obra termina con una especie de ballet, similar al que cierra la comedia El Persa.
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Una didascalia, conservada en el palimpsesto Ambrosiano, nos dice que esta obra fue representada en los Ludi Plebeii, el año 200 a.C., en la época de madurez de su autor.
En realidad, esta breve comedia, que consta de sólo 725 versos, se reduce a una serie de escenas cómicas, ligadas entre sí por la ficción de una intriga poco consistente. No aparecen en ella los típicos elementos de la comedia plautina: el joven enamorado y sin dinero, que recurre al siervo astuto para resolver sus problemas; tampoco aparece el padre o rufián a quien estafar; ni se amenaza a un esclavo con una paliza o el trabajo en el molino; ni cortesanas más o menos diestras en su oficio y, a veces, generosas.
La acción se desarrolla en un ambiente simple, sereno y un tanto burgués. Los monólogos se ajustan a las normas de la comedia antigua. El diálogo es ágil y vivo.
No existen caracteres llamativos, sino personajes banales. El esclavo Estico, que presta su nombre a la comedia, no tiene más papel en ella que el de invitar a un festín a una amiga y a un compañero, en la escena final. Las verdaderas protagonistas son las dos jóvenes esposas, que se comportan con la mayor naturalidad. Una de ellas da lecciones de fidelidad conyugal. Sus esposos, enriquecidos por el comercio, se han vuelto juiciosos y renuncian a su vida anterior de ocio y despilfarro. Su suegro, que pasaba por ser el hombre más honrado de la ciudad, se comporta con sus yernos como un indeseable, picaro y ladrón, ya que, a pesar de sus años, pretende obtener, a costa de ellos, no sólo una o varias amantes, sino incluso el dinero preciso para mantenerlas. La conducta de tan singular personaje permite suponer que Plauto presenta con el una sátira contra la hipocresía inherente a las costumbres burguesas de su época.
Mezclando hábilmente el tono sentencioso con el bufonesco, Plauto intenta satisfacer los gustos del público; con las escenas en que aparece el parásito y con el acto final del festín sólo pretende divertirlo y provocar su risa.
La obra se inspiró probablemente en Los Adelfas, de Menandro, pero no guarda relación alguna con la obra de este título de Terencio.
Su repercusión en la literatura ha sido irrelevante.