Rudens / El cable
Estrenada entre los años 211-205 a. C.En el prólogo de esta comedia, cuya acción tiene lugar en Cirene, la estrella Arturo expone a los espectadores el papel que el rey de los dioses le ha confiado sobre la tierra y la situación de los protagonistas de la obra: "Soy un astro... Mi nombre es Arturo. Por la noche, brillo en el cielo y entre los dioses; durante el día, camino entre los mortales... Otros astros descienden también del cielo a la tierra... Júpiter nos reparte entre las diversas naciones, para conocer los hechos de los hombres, sus costumbres, su piedad y su buena fe, para poder conceder a cada uno los favores de la fortuna. Algunos intentan acusaciones fraudulentas con ayuda de testigos falsos, o recurren a perjurios, para negar una deuda ante el tribunal; nosotros anotamos su nombre, para llevarlo a Júpiter. Así, sabe cada día quién incurre aquí abajo en su castigo..."
"Esta ciudad se llama Cirene; así lo ha querido Dífilo. En este campo y en esta granja muy cercana, al borde del mar, vive Démones, un anciano que ha venido a exiliarse aquí desde Atenas. Todo lo contrario de un mal hombre. Porque no se encuentra privado de su patria por maldad; sino que, por querer salvar a los otros,... perdió una fortuna bien adquirida. Tenía una hija que le fue robada muy niña. Un malvado lenón la compró al pirata que la había robado y la trajo aquí, a Cirene. Uno de sus compatriotas, un joven ateniense, la vio... y se enamoró de ella... y la compró por treinta minas..., dio las arras y obligó al vendedor a comprometerse con juramento. Pero el lenón no cumple el trato ni lo que había prometido bajo juramento al joven. Tenía por huésped a un viejo de Sicilia, un criminal de Agrigento, traidor a su ciudad".
"Este hombre se pone a elogiar la belleza de la joven y de las otras jóvenes que pertenecían al lenón. Le aconseja que se vaya con él a Sicilia, en donde podría hacer fortuna, dada la afición de los sicilianos al placer. Le persuade. Se alquila en secreto una nave, a la que el lenón lleva todo lo que tiene. Al joven que le había comprado la joven le dice que quiere cumplir un voto a Venus. Embarca llevando consigo sus cortesanas. El joven se entera de su marcha. Se dirige al puerto. El barco estaba ya lejos, en alta mar".
"Cuando yo vi llevarse a la joven, vine a socorrerla y, a la vez, a causar la ruina del lenón: he hecho rugir las olas del mar;... yo, Arturo, la más tempestuosa de las estrellas... Ahora el lenón y su huésped están sentados juntos sobre una roca, adonde les ha arrojado la tempestad: su nave ha quedado destrozada. En cuanto a la joven y a la pequeña sirvienta que la acompañaba, han saltado, temblorosas, de la nave a la barca. En este momento la ola las aleja de la roca y las lleva a tierra, hacia la granja en la que vive el viejo exiliado y a la que el viento ha demolido el techo y arrebatado las tejas..."
Esceparnión, esclavo de Démones (el viejo ateniense, padre de Palestra) comenta que la tempestad se ha llevado el tejado de la granja. Pleusidipo, el joven enamorado de Palestra, acompañado de testigos, busca al lenón Labrax en el templo de Venus. Démones se lamenta: "Yo tenía una hija y la he perdido... ¿Qué gente es la que está cerca de la ribera?... ¡Pobres mortales, qué poca cosa sois! ¡Cómo nadan después de su naufragio!... (A Esceparnión) ¿Qué ves tú?".
Esceparnión contesta: "Dos muchachas sentadas en una barca, completamente solas;... ¡Cómo son zarandeadas por las olas, las pobres!... La ola aleja de la roca su barca y la empuja hacia la orilla..."
Palestra sale de entre las rocas de la orilla del mar y lamenta su suerte y la pérdida de su ligero equipaje: "(El lenón) ha perdido en el mar su navio y todo lo que tenía. De sus bienes soy yo lo único que le queda. Me encuentro sola... No conozco este lugar... He nacido libre... y mi nacimiento no me sirve de nada..."
Palestra y su compañera Ampelisca ven el templo de Venus, cuya sacerdotisa, Ptolemocracia, las acoge hospitalariamente.
Un grupo de pescadores lamenta su precaria situación: "Cada día venimos de la ciudad hasta aquí, a buscar en el mar nuestro sustento... Es al mar al que pedimos nuestro alimento. Si nos falta la suerte, entramos en nuestra casa sin tambores ni trompetas y nos acostamos sin cenar... Ahora dirigimos nuestra plegaria a la buena Venus, para que quiera prestarnos hoy su amable socorro".
Tracalión, esclavo de Pleusidipo, les pregunta si han visto a su amo y al rufián. Le dicen que no los han visto.
Ampelisca cuenta el naufragio y le dice: "Palestra y yo hemos sido acogidas aquí por la sacerdotisa de Venus".
Después se dirige a la granja de Démones a buscar agua para el sacrificio que van a hacer en el templo de Venus. De pronto divisa en la ribera a Labrax y su amigo siciliano, a los que creía ahogados en el mar. Corre hacia el templo a avisar a Palestra.
Esceparnión cuenta a Labrax que las dos jóvenes están en el templo de Venus. Cármides, parásito de Labrax, entra en el templo. Démones oye gritos de mujeres asustadas, procedentes del interior del templo. Tracalión le informa de lo que allí ocurre: "Hay aquí, en este templo, dos mujeres que reclaman tu ayuda; dos inocentes a las que, contra todo derecho y toda justicia, se hace aún violencia insigne, aquí, en el templo de Venus. Además, la sacerdotisa de Venus es maltratada... Ellas están abrazadas a la estatua de Venus; un criminal sin pudor quiere arrancarlas de ella. Las dos mujeres deben de ser de condición libre... Él es un amasijo de... crimen, de parricida, de perjurio, un hombre sin ley, sin fe, sin pudor..., en una palabra, un lenón... Entra en el templo, te lo suplico, acude en su ayuda".
Démones ordena a sus esclavos: "Seguidme por aquí... Arrastrádmelo fuera por los pies, como a una cerda que se ha matado".
Tracalión amenaza así a Labrax: "Toma tú por juez a cualquier hombre rico del senado de Cirene, que pronuncie si ellas deben ser tuyas o si deben ser libres, y si tú no mereces ser metido en la cárcel y habitar en ella toda tu vida... (Señalando a Palestra y a Ampelisca) ¿Son ellas tus esclavas?... Pues bien, toca a cualquiera de ellas sólo con la punta del dedo meñique... y te convierto en un balón de boxeo..."
Démones le amenaza también, asegurándole que Palestra es de condición libre. Pleusidipo dice a Tracalión: "¿Ha querido este rufián arrancar del altar de Venus... a mi amada?... ¿Y tú no lo has matado?... ¡Haber cogido un palo o una piedra!... ¿Estaban aún sentadas sobre el altar cuando has venido a buscarme?... Llévame directamente al lenón... Lo arrastraré ante el tribunal... (A Labrax) ¿Has recibido de mí una cantidad a cuenta por Palestra y te la has llevado de este país?... te explicarás ante el tribunal... Sígueme".
Aparece el pescador Gripo, esclavo de Démones. Lleva en sus redes un cofre, del que cuelga un cable (rudens, que da nombre a esta comedia). Va lamentándose por la escasa pesca que ha conseguido ese día: "No he cogido hoy una onza de peces, salvo este que llevo en mi red... He encontrado esto en el mar (muestra el cofre). ¿Qué puede haber dentro?... Debe de ser oro. Nadie en el mundo conoce mi secreto... Bonita ocasión, Gripo, de hacerte liberar enseguida por el pretor... He aquí mi plan. Iré a encontrar a mi amo; después, poco a poco, le propondré un precio para mi rescate, de modo que yo sea un hombre libre. Una vez libre,... adquiriré tierras, una casa, esclavos... cuando me haya convertido en un ilustre personaje, construiré una vasta ciudad... la llamaré Gripus, monumento a mi gloria y a mis éxitos, porque allí fundaré un gran imperio..."
En medio de estos sueños de grandeza, interviene Tracalión:
"He visto a uno cuando robaba. Yo conocía al dueño del objeto robado... Si quieres compartir a medias conmigo, no te denunciaré a su propietario... Conozco desde hace mucho tiempo al dueño del cofre que tienes ahí... y sé cómo se ha perdido..."Sigue una discusión de tipo jurídico sobre quién es el dueño de lo hallado en el mar. Someten el asunto al arbitraje de Démones, que sale con las dos jóvenes. Tracalión habla así:
"Yo no reclamo mi parte en ese cofre, ni he pretendido hoy que fuera mío. Pero contiene una cajita que pertenece a la joven que te he dicho hace un momento que era de nacimiento libre... Y los juguetes que en otros tiempos llevaba, cuando era pequeña, están ahí, en esta cajita, que está ahí, en ese cofre. Esto no le es a él de ninguna utilidad; y él hará un gran favor a la pobre joven, si les da los medios de encontrar a sus padres... No pido nada, salvo la cajita y los juguetes... (A Démones) Sólo te pido una gracia, que te apiades de ella (mostrando a Palestra)... Si este cofre pertenece... a ese criminal (alude a lenón), ellas podrán reconocerla. Ordena que él se la muestre... Estas dos jóvenes... deben ser libres. Ésta (señala a Palestra) fue robada de Atenas cuando era pequeña... Debe de haber en este cofre una pequeña cajita de mimbres, en donde están los indicios que permitirán a esta joven reconocer a sus padres... Ordénale, anciano,... que les entregue la cajita. Si exige a cambio una recompensa, se le dará. Si hay en el cofre cualquier otra cosa, podrá guardársela..."
Palestra reconoce el cofre y dice a Démones: "Debe haber en este cofre una pequeña cajita de mimbres. Te diré todo lo que encierra... sin que me muestres ningún objeto... Si digo la verdad..., que se me devuelva lo que me pertenece... Hay (en la cajita) unos juguetes..., una espadita de oro con una inscripción... el nombre de mi padre... Después una hachita de doble filo, igualmente de oro, y con una inscripción: es el nombre de mi madre el que está en esta hacha..."
Démones pregunta a Palestra: "¿Cuál es el nombre de tu padre inscrito en la hachita?"
Palestra contesta: "Démones".
Démones pregunta de nuevo: "Dime cuál es el nombre de tu madre grabado sobre la pequeña hacha".
Palestra dice: "Dédalis; además hay una pequeña hoz de plata, dos manitas unidas,... y una bula de oro, que mi padre me dio en mi cumpleaños".
Démones, feliz por el encuentro de su hija, exclama: "Salud, hija mía; soy tu padre..., tu madre está aquí, en casa; vas a verla".
Gripo queda desolado. Démones ordena a Tracalión:
"Cuéntale (a Pleusidipo) lo que me ha sucedido a propósito de mi hija; ruégale que lo deje todo por venir aquí... Le dirás que le daré mi hija en matrimonio... y que conozco a su padre, que somos parientes de sangre... Date prisa... tráelo enseguida, que se prepare la cena".
Tracalión pide a Démones que le dé como esposa a Ampelisca, cuando él haya obtenido la libertad. Gripo habla así a Démones: "He visto antes decir en el teatro bellas máximas y el público aplaudía las lecciones de moral que se le daban. Pero enseguida, cuando cada uno volvía a su casa, nadie se conducía como se le había enseñado".
En el último acto, Labrax lamenta su infortunio. Gripo le dice:
"Jura que me darás el dinero el mismo día en que entres en posesión de tu cofre... Entonces daré a Gripo... un gran talento de plata... Y si yo no cumplo este juramento, oh Venus, te lo suplico, que todos los rufianes tengan una suerte miserable".
Démones entrega a Labrax su cofre, menos la cajita de mimbre y añade: "Una cajita con juguetes, que me han hecho... reconocer a mi hija... Palestra, que fue tu esclava, ha sido reconocida como hija mía".
Gripo pide a Labrax que le pague lo convenido, a lo que contesta el rufián: "Los juramentos son instituidos para salvar el bien que se tiene, no para perderlo".
Démones propone a Labrax: "Lo que has prometido a mi esclavo debe pertenecerme. No intentes, lenón practicar con nosotros los trucos de tu oficio... Él ha encontrado el cofre que tú tienes; él es m¡ esclavo. Soy yo quien te la ha conservado con todo el dinero que contenía... voy a partir en dos el talento. Tú recibirás la mitad para que Ampelisca sea libre y darás la otra mitad a Gripo... Y yo tomaré esta mitad para manumitir a Gripo, gracias al cual hemos encontrado, tú, tu cofre, yo, a mi hija".
Démones invita a cenar a Labrax y a Gripo, que ha dejado de ser esclavo.
* * *
En esta comedia, Plauto no parece interesado en hacer reír al público, sino más bien en demostrarle que la virtud acaba hallando su recompensa y el vicio su castigo.
Destacan entre sus personajes, además del servus calüdus, el viejo Démones, hombre honesto, que ha tenido que expatriarse, por haberse arruinado, al ayudara sus amigos en apuros. Privado de su hija, reducido a una vida miserable, parece una injusta víctima de la adversa fortuna. Su hija Palestra es otra víctima del destino, a la que su piedad ejemplar hacia los dioses y hacia sus padres no le ha librado de crueles desdichas. Sin embargo, como su infortunio no proviene de una falta, la felicidad del reencuentro con su familia compensará la tristeza de los días aciagos. El perjuro Labrax pierde, al final, no sólo a Palestra y a Ampelisca, sino también medio talento.
Todos estos personajes se mueven en un ambiente virtuoso. La sacerdotisa de Venus cumple con los deberes de la hospitalidad. Pleusidipo, que quería convertir a Palestra en su amante, al enterarse de que es de condición libre, sólo pide a su padre que se la dé por esposa. Los esclavos que aparecen en la obra no son malas personas y carecen de la desvergüenza propia de los esclavos típicos de la comedia plautina. Ampelisca, compañera y sirvienta de Palestra, muestra no sólo fdelidad sino también afecto por ella. El rufián Labrax, sigue figurando con los rasgos típicos de este personaje cómico, pero va acompañado de un parásito, que resulta más cínico y cruel que él".
Plauto ha sabido combinar la ternura y la alegría. Tras emocionarse con las desgracias de Palestra, el público se ríe al ver la deplorable llegada del rufián y su parásito y se compadece de la ruda vida de los pescadores, cuya canción refleja su miseria. Después, asiste con un interés muy romano a una discusión jurídica. Todo ello hace que esta comedia, de carácter moralizante, ofrezca tal variedad, que no resulta monótona ni aburrida, sino todo lo contrario.
La decoración es novedosa. No se trata de la típica calle, con las dos puertas de casas vecinas. La acción se desarrolla en una plaza de la costa africana, donde está la granja de Démones y, muy cerca, un santuario dedicado a Venus. La obra ofrece una colorida visión de un ambiente con pescadores y marineros, en el que alterna un naufragio y el hallazgo de un tesoro entre sus restos.
La repercusión de esta comedia en la literatura ha sido escasa.