Poenulus / El Cartaginesillo

Estrenada el 189/188 a. C.

La acción tiene lugar en Calidón (Etolia) ante las casas de Agorástocles y del rufián Lico (Lupo, 'el Lobo').

En la segunda parte del prólogo se expone el tema de esta comedia: "Había en Cartago dos primos hermanos, los dos de ilustre familia, de gran fortuna. El uno está vivo, el otro murió hace tiempo... El viejo que está muerto tenía un hijo único, que le fue robado a su padre y llevado de Cartago, muy joven aún, a los siete años de edad, seis años antes de la muerte de su padre. Éste último, al verse privado de su hijo único, enfermó de pena, hizo heredero suyo a su primo hermano y partió para el Aqueronte ligero de equipaje. El hombre que había robado al niño, lo trajo aquí, a Calidón, lo vendió como esclavo a un viejo rico, que quería tener hijos, pero detestaba a la mujeres. El niño que compró el viejo era, sin que él lo supiera, el hijo de su huésped. Lo adoptó como hijo y lo nombró heredero suyo cuando le llegó la última hora. El joven (llamado Agorástocles) vive en esta casa (la señala)... Ahora bien, el tío de este joven, el viejo que vive aún, tenía en Cartago dos hijas, una de cinco años y otra de apenas cuatro años... Las dos le fueron robadas, a la vez que su nodriza, en Mégara. Su raptor las llevó a la ciudad de Anactorium y las vendió a todas juntas... a un hombre, el criminal más maldito que la tierra ha tenido jamás... Se llama Lupo... Ha venido hace poco desde Anactorium, donde antes vivía, a vivir aquí, en Calidón, para hacer aquí su negocio. Habita en esta casa (enfrente de la de Agorástocles). El joven está perdidamente enamorado de una de las dos muchachas, su propia prima,... sin saber que lo es. Jamás la ha tocado... El rufián, al verlo enamorado, quiere pescarlo en su nasa. Otro..., un militar, quiere comprarla para hacerla su amante, porque está locamente enamorado de ella"...

"Pero el Cartaginés, su padre,... no cesa de buscarlas... por tierra y mar... y pone toda su habilidad y toda su arte en buscar a sus dos hijas... Ha desembarcado ayer por la tarde en este puerto... El viejo que ha hecho del joven su hijo adoptivo estuvo, tiempo ha, en relaciones de hospitalidad con su tío de Cartago... Éste encontrará aquí a sus hijas y al hijo de su primo hermano".

Agorástocles, ante la crecida suma que exige el rufián Lupo, recurre a su astuto esclavo Milfión, que urde una trampa para cazar al alcahuete; dice a su amo: "¿Quieres hoy, sin gastos para ti, hacer de la bella tu liberta?... Yo conseguiré que lo hagas... ¿Tienes... trescientos filipos de oro?... Yo te daré hoy como regalo al lenón todo entero, con todo su mundo... Tu granjero Colibisco está en este momento en la ciudad. El rufián no lo conoce... Se le dará el oro, que él irá a llevar al rufián, diciéndole que él es un extranjero... que tiene ganas de hacer el amor..., que quiere que se le proporcione un lugar libre, donde pueda hacer sus francachelas en secreto y sin testigos. El rufián, que ama el oro, se afanará en recibirlo. Ocultará al hombre y el oro... Tú le preguntarás si ha venido tu esclavo a su casa. Él te dirá que no... ¿Qué te impedirá entonces hacer inmediatamente condenar al rufián por doble robo, robo del oro y robo del hombre?... El pretor te adjudicará toda su casa".

Adelfasia, la amada de Agorástocles, tras presumir de poseer buenas cualidades, lamenta su suerte ante el enamorado joven: "No he conocido jamás la envidia... Prefiero estar adornada de buenas cualidades que de todo el oro del mundo. El oro lo procura la suerte; el buen natural se tiene por sí mismo. Prefiero que se diga de mí que soy buena a que soy rica. Una cortesana debe llevar sobre ella más el pudor que la púrpura (que las alhajas, trajes,...). (A Agorástocles) Tú me haces toda clase de bellas promesas y todas ellas se convierten en humo. Tú debías liberarme. Lo has jurado una y mil veces. Esperando esto de ti, no he buscado en otras partes otros recursos y no veo venir los que tu me has prometido. Sigo siendo tan esclava como antes".

Ante tales reproches, Agorástocles queda desolado. Antaménides, el militar amante de Anterástila, profiere una serie de baladronadas. El esclavo Colibisco, granjero de Agorástocles, se hará pasar por un extranjero ansioso de divertirse y será presentado, bien provisto de dinero, al rufián, ante testigos ocultos, para que den testimonio del hecho.

Un testigo, aludiendo a Colibisco, dice a Licus: "Estando esta mañana en el puerto lo hemos visto desembarcar de una nave de transporte... Traba conversación con nosotros; dice que es extranjero, que no conoce la ciudad, que desea que se le procure un lugar donde pueda divertirse con entera libertad. Nosotros te hemos traído al personaje. Es cosa tuya... saber aprovechar la ocasión... Tiene oro..., quiere beber, hacer el amor..., pero sobre todo quiere estar aquí secretamente... sin que nadie lo sepa, sin testigos para observarle... Trae trescientos filipos de oro..."

Lupo recibe con entusiasmo a Colibisco, que le entrega los trescientos filipos de oro. Diálogo con los testigos para comprobarlo. En ese momento se presenta Agorástocles y pregunta a Licus si ha albergado en su casa a un esclavo suyo.

Lupo, creyendo que alude a Milfión, lo niega. Agorástocles insiste: "Ha venido a tu casa y te ha traído oro. Me lo han contado personas que gozan de toda mi confianza... ¿Dices que ni mi oro ni mi esclavo están en tu casa?"

Lupo sigue negándolo, pero lleva en su mano la bolsa con el oro. Cogido infraganti, sale huyendo. Los testigos ven cómo Colibisco sale de la casa del rufián.

Agorástocles llevará al rufián ante un tribunal y le hará condenar a una multa, con la que podrá liberar a su amada.

Pero Sincerato, esclavo de Lupo, revela a su camarada Milfión que hay un medio para acabar con Lupo: Adelfasia y Anterástile son dos jóvenes de nacimiento libre, a las que el rufián ha comprado, cuando eran muy pequeñas, a la vez que a su nodriza Gidenine, a un pirata siciliano, que las había robado en Cartago. Después las había llevado a Anactorium, donde las mantuvo antes de llevarlas a Calidón. Ahora bien, resulta que Agorástocles es también oriundo de Cartago. En su calidad de compatriota, puede reivindicar ante los tribunales la libertad de las dos jóvenes.

El plan falla por la inesperada llegada de Hannón, el padre de ambas, que hace años recorre el mundo buscándolas, así como también a un sobrino, desaparecido como sus hijas.

En efecto, aparece en escena Hannón, seguido de esclavos africanos y expresándose en una lengua extraña e ininteligible. Luego continúa hablando en latín: "Suplico a los dioses que habitan esta ciudad, que mi viaje aquí sea un viaje feliz, que me conduzca a mi fin. Concededme la gracia de reencontrar aquí a mis hijas y con ellas a mi sobrino. Yo tenía antaño en esta ciudad un huésped, Antidamante; se me ha dicho que le ha sucedido lo que debía sucederle algún día; pero se me asegura que su hijo Agorástocles está aquí. Yo llevo conmigo, para entregársela, esta tésera de hospitalidad".

En la siguiente escena, Milfión aconseja a Agorástocles que presente contra Lupo demanda judicial de libertad de las dos jóvenes: "Tú formularás por ellas, sin dilación, una demanda en reivindicación de libertad. Sería para ti un escándalo dejar, en tus narices, hundirse en la esclavitud a tus compatriotas, cuando ellas eran libres en su país natal".

Hannón pregunta por Agorástocles, el hijo adoptivo de Antidamante: "¡Oh mi querido huésped, mucho gusto en saludarte! Porque tu padre Antidamante era mi huésped, después de haber sido huésped de mi padre. Habíamos intercambiado esta tésera de hospitalidad".

Agorástocles responde: "Recibirás hospitalidad en mi casa. No quiero renegar ni de este lazo, ni de Cartago, mi país... Yo fui robado en Cartago. Antidamante, tu huésped, me compró como hijo suyo... Mi madre se llamaba Ampsigura, mi padre, lahón... ¿Han muerto?"

Hannón le informa con estas palabras: "¡Sí!... Tu madre... era mi prima y tu padre y yo éramos hijos de dos hermanos; él me hizo su heredero al morir y esto aumenta aún la pena que me causó su pérdida. Pero si es verdad que tú eres hijo de lahón, debes tener una señal en la mano izquierda; la marca de un mordisco que te hizo un mono en tu infancia, jugando contigo... ¡Sí, ,» la marca está aquí!"

Interviene Milfión y dice a Hannón: "Necesito tu ayuda. Agorástocles tiene una amada en casa de un alcahuete... Vive... cerca de nosotros. Tiene como esclavas a dos cortesanas, muy jovencitas aún, dos hermanas. Agorástocles está perdidamente enamorado de una de ellas y, sin embargo, aún no la ha tocado... Alegaremos tu testimonio: tú dirás que son tus hijas, que fueron robadas de Cartago en su tierna infancia, que tú las reivindicas para devolverles la libertad, como si verdaderamente fueran tuyas"

Hannón es reconocido por la nodriza Gidenine: "¡Oh, mi querido amo Hannón! ¡Salud!... ¿No reconoces a Gidenine, tu fiel sirvienta? (Tus hijas) están en el templo de Venus... Han ido a rogar a la diosa, a fin de obtener un favor... Tu amor paterno te ha hecho llegar oportunamente para socorrernos hoy, porque hoy mismo iban a cambiar de nombres y hacer de su cuerpo un oficio indigno de ellas".

Agorástocles pide a su tío Hannón que le conceda en matrimonio a su hija mayor. Hannón accede a su petición. Agorástocles le pide que le siga, si quiere ver a sus hijas. Adelfasia, acompañada de su hermana Anterástile, muestra su admiración por las espléndidas ofrendas dedicadas por las cortesanas en el templo de Venus; después, añade:
"Cuando comparo nuestro carácter y el de las otras, estoy segura de que hemos nacido de una sangre que quiere que estemos al abrigo de todo reproche... Aunque somos esclavas,... hemos nacido de raza demasiado buena, para que nos permitamos hacer nada que nos exponga al ridículo. Las mujeres tienen muchos defectos; pero el mayor de todos es el de tener demasiada buena opinión de sí mismas y de no esforzarse lo bastante para agradar a los hombres..."

Hannón pide a Agorástocles que le sirva de testigo: "¡Al tribunal!... Sírveme de testigo, llévame... (a las jóvenes). Yo os llamo ante la justicia, a no ser que juzguéis más honorable que se os rapte... Venid, pues... sois dos ladronas... Durante muchos años me habéis ocultado a mis hijas, las habéis tenido en secreto, ellas son de nacimiento libre, de condición libre y de muy buena familia... Escuchadme, jóvenes,... Las dos sois mis hijas, y he aquí a vuestro primo, el propio hijo de mi hermano, Agorástocles..."

Ambas jóvenes abrazan a su padre, que expresa su felicidad. Luego, se abrazan todos, felices, ofreciendo un cuadro digno de ser pintado por Apeles o Zeuxis.

Antaménides, el militar, sale de casa de Lupo indignado y profiriendo amenazas por sentirse defraudado, tras haber pagado cien dracmas. Al ver a Anterástile abrazada a su padre, se irrita aún más. Discute con Hannón. Agorástocles acude en ayuda de éste y pide a sus esclavos que vengan armados con garrotes. Arterástila pide a Antaménides que deje de insultar a Hannón, que es su padre. Antaménides las felicita y se alegra de la desgracia del rufián, a quien Hannón prefiere acusar ante la justicia por daños y perjuicios y a quien dice: "Afirmo que estas jóvenes son de condición libre, libres de nacimiento, que ambas son hijas mías; me fueron robadas, juntamente con su nodriza, cuando eran muy pequeñas".

Lupo se declara dispuesto a pagar lo que le pidan, para librarse del juicio. Agorástocles recuerda una vez más a su tío que le conceda la mano de su hija.

Hay un segundo desenlace, en el que Antaménides pide a Hannón que le perdone, por haberle dicho algo ofensivo, y le felicita por haber encontrado a sus hijas.

* * *

En la primera parte del prólogo el autor hace una serie de advertencias al público, que reflejan el ambiente en el que se desarrollaban las representaciones teatrales en su época:
"Pregonero, levántate y advierte al público que tiene que escucharnos... Que ninguna prostituta vieja venga a sentarse sobre el proscenio;... Que el acomodador no pase ante las narices de la gente y no conduzca a nadie a su localidad mientras los actores están en escena.

Los que han dormido ociosos en casa hasta entrada la mañana deben resignarse a permanecer ahora de pie; o bien, que duerman un poco menos. Que los esclavos no invadan los grádenos, que dejen sitio a los hombres libres o que paguen el dinero preciso para su manumisión. Si no pueden hacerlo, que se vayan a casa para evitar el doble infortunio de ser apaleados aquí con varas y en su alojamiento con correas... Que las nodrizas críen en casa a sus pequeñuelos y procuren no traerlos al espectáculo... Que las señoras miren sin decir nada, que rían sin decir nada, que moderen las carcajadas de su voz aflautada; que guarden para la casa sus temas de conversación, para no abrumar a sus maridos aquí, como lo hacen en su casa. En cuanto a los organizadores de los juegos, que no concedan la palma a ningún artista injustamente; que ningún artista sea expulsado del teatro por la intriga, para que los peores sean preferidos a los buenos..."

En el prólogo se dice que el original griego de esta comedia es Carchedonius, "El Cartaginés", tal vez obra de Menandro.

Entre los personajes, además del joven enamorado, un tanto gris, destacan las dos jóvenes hermanas, coquetas y deseosas de agradar a los hombres, pero que no quieren llegar a ser cortesanas vulgares y se expresan en un lenguaje que refleja su nacimiento libre. Una de ellas, Adelfasia, moraliza con la seriedad de una grave matrona romana.

Otro curioso personaje es Hannón. A pesar de que la obra fue representada probablemente en un ambiente de exaltación patriótica, poco después de la victoria decisiva de Roma sobre Cartago, en la segunda Guerra Púnica, a la que tal vez se alude en los versos 524-525, Hannón no aparece con los rasgos negativos con los que los autores romanos suelen presentar a sus enemigos cartagineses, considerados tradicionalmente como encarnación de la perfidia y de la crueldad más refinadas. Todo lo contrario, aparece como un modelo de piedad y de amor fraterno. Plauto, renunciando a todo sentimiento hostil hacia los enemigos seculares de Roma, presenta con simpática comprensión humana las desgracias de una familia de cartagineses, poniendo en boca de Hannón palabras en lengua presuntamente cartaginesa, que el público sería incapaz de descifrar, pero que encontraría familiares, por haberlas oído pronunciar a cautivos y esclavos, víctimas de la guerra.

Esta comedia apenas halló eco en la literatura posterior.