Persa / El persa
Estrenada el 196 a. C.El esclavo Tóxilo, que actúa con total libertad, mientras su amo se halla ausente, intenta comprar a su amada Lemniselénide, explotada por el rufián Dórdalo, a quien consigue engañar con la ayuda del parásito Saturión y de su amigo Sagaristión, otro amigo que se hace pasar por un mercader persa.
Al comienzo de la obra, Tóxilo expone su situación: "He resultado herido en un combate de Venus; Cupido ha traspasado mi corazón con una flecha... Estoy celebrando como un rey las fiestas de la libertad... porque mi amo está de viaje... Mas una sola cosa me atormenta... Hoy es el día supremo que va a decidir si mi amiga va a ser libre o va a estar sometida a eterna servidumbre... Tú puedes hacerme amigo tuyo para siempre... , si me das las doce minas que debo pagar por su libertad y que yo te devolveré dentro de dos o tres días. Anda, sé generoso; ayúdame".
Sagaristión le ofrece la suma necesaria, pero, como ésta no le pertenece, ya que con ella debe comprar un par de bueyes por encargo de su amo, pretende conseguirla engañando a alguien.
Ambos esclavos urden un engaño contra el rufián.
Tóxilo propone al parásito Saturión el siguiente plan: "No es dinero lo que quiero; préstame solamente a tu hija... Es una chica preciosa y muy distinguida... El rufián este de aquí no os conoce, ni a ti ni a tu hija... Por ello puedes procurarme el dinero que necesito... Déjame que la venda... Mejor dicho, encargaré a otro que la venda,... uno que se haga pasar por extranjero... Como no hace aún seis meses que este lenón ha venido de Mégara a establecerse aquí... Date prisa, vete a casa; alecciona bien a tu hija, enséñale hábilmente el papel que debe representar: que diga dónde ha nacido, quiénes fueron sus padres, de qué país fue robada... Pero que diga que nació lejos de Atenas y que, al recordarlo, suelte unas lagrimitas... Coge tú una túnica y un cinturón, tráete también una clámide y un sombrero de viaje, para que lo lleve puesto el que vaya a vendérsela al lenón... como si fuera un extranjero... Y tú, trae también a tu hija vestida con elegancia... Tan pronto como yo haya recibido el dinero, vendrás tú inmediatamente a reclamarla, como hija tuya, al lenón..." (A Sagaristión) "Yo te devolveré enterito todo este dinero, pues ya he urdido y puesto a punto todos los embrollos necesarios para birlarle ese dinero al lenón... y para que mi amante sea libre y para que sea el propio lenón quien pague, por sí mismo, los gastos de su liberación. Sigúeme; necesito tu colaboración para llevar a cabo mi plan..."
Dórdalo reclama a Tóxilo el dinero que éste debe pagarle por la liberación de su amada Lemniselénide. Tóxilo se lo entrega y le exige que la ponga en libertad y se la entregue inmediatamente. Así se lo promete el rufián. Tóxilo se dispone a burlarse de él: "Voy a liar al lenón de tal manera, que ni él mismo va a saber por dónde escapar. ¡Eh, Sagaristión! Sal y trae a la joven y esa carta que te he sellado hace un momento y que tú mismo me has traído desde Persia, de parte de mi amo".
Tóxilo pregunta a Dórdalo si ha puesto ya en libertad a la joven. El rufián asegura que la joven ya es libre. Después, lee la carta que le ha entregado Tóxilo; esta dice así. "El portador de esta carta ha traído consigo una joven elegante, muy atractiva, que ha sido robada a sus padres y sacada de los últimos confines de Arabia. Quiero que te ocupes de que sea vendida en esa ciudad. El que la compre lo hará por su cuenta y riesgo, es decir, que nadie le prometerá ni le garantizará el derecho de propiedad sobre ella..."
Dórdalo objeta: "Si no recibo ese derecho de propiedad, ¿para qué necesito yo esta mercancía?"
Tóxilo replica: "A mí me parece que no hay riesgo alguno... Desde luego, a mí no me importa lo más mínimo este asunto; si hago lo que hago, es en interés tuyo, por darte a ti el primero la posibilidad de hacer un buen negocio... ¡Pues sí que va a venir alguien, desde los últimos rincones de Arabia, a buscarla aquí! ¿La compras o no?"
Dórdalo reconoce que, cuanto más mira a la chica, más le gusta.
Tóxilo insiste: "Oh dioses inmortales! Si la compras, no habrá ningún otro lenón más rico que tú; despojarás a tu gusto a tus clientes de sus fincas, de sus esclavos; harás negocios con los personajes más importantes, buscarán todos tu influencia, vendrán de juerga a tu casa... Por la noche vendrán a tu puerta a cantarle a la joven serenatas... Compra a la joven, hazme caso... Pregúntale de qué raza es o en qué país ha nacido y quiénes son sus padres, no vayas luego a decir que la has comprado a ciegas, inducido por mis engañosos consejos... Quiero que la interrogues tú mismo..."
En efecto, Dórdalo interroga a la joven y ésta contesta a sus preguntas con gran soltura y discreción: "En cuanto sepa mi padre que he sido vendida aquí, vendrá personalmente y me rescatará de ti... porque, aunque su fortuna ha sufrido una quiebra, tiene sin embargo amigos".
Dórdalo la compra en sesenta minas.
Tóxilo alecciona a Sagaristión: "¿Me escuchas, persa? Cuando hayas recibido de éste el dinero, haz como que te vas directamente a la nave... Y luego, por la calleja, retírate de nuevo a mi casa, entrando en ella por el jardín... Pero no te vayas a largar con el dinero a tu casa; te lo advierto".
Dórdalo sale de su casa con la talega del dinero y dice:
"Aquí están las sesenta minas de plata de ley, menos los dos escudos que te he descontado... Hay que comprar la bolsa o permitir que ella vuelva a casa... Ninguna cantidad me parece tan pequeña, que no me duela perderla..."
En ese momento se presenta el parásito Saturión, el cual reclama a su hija. Ésta le dice a Dórdalo: "Este señor es mi padre".
Dórdalo, consternado, exclama: "¿Cómo que tu padre?... Estoy perdido, ya puedo dar comienzo a las lamentaciones por las sesenta minas".
Saturión cita a Dórdalo ante los tribunales, como culpable de haber adquirido como esclava a una muchacha de condición libre: 'Te juro, indeseable, que vas a lamentarte también por tu propia persona... Vamos, en marcha hacia los tribunales, lenón... ¿De modo que te dedicas al comercio de ciudadanos libres?"
Tóxilo se muestra generoso: "Voy a compartir el botín con mis camaradas, de suerte que también ellos participen de él... Quiero obsequiar a mis compañeros..."
Dórdalo lamenta el engaño de que ha sido víctima: "Tóxilo me ha engañado completamente y ha desbaratado mi hacienda... ¡Ahí están de copeo! Voy a acercarme".
El rufián es objeto de las burlas de los esclavos amigos de Tóxilo, a los que éste, actuando como un gran señor, ha invitado a un festín en casa del amo ausente, para celebrar la libertad de su amada y su victoria sobre Dórdalo.
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Esta comedia, cuya trama es muy simple y cuyos personajes pertenecen a la más humilde clase social (esclavos, rufián, parásito,...), ofrece un tipo especial de esclavo, el servus amator, que no emplea su ingenio para resolver los problemas amorosos de su joven amo, sino los suyos propios.
La falsificación de una carta, el disfraz, la venta como esclava de una persona de condición libre y la burla final de que hacen víctima al rufián son elementos habituales en varias comedias plautinas.
En cambio, son rasgos originales la elección del ambiente en un mundo de esclavos, de libertos y de parásitos, en el que triunfan la broma descarada y el lenguaje popular.
La repercusión de esta obra en la literatura posterior ha sido insignificante.