Mostellaria / El fantasma

La acción de esta comedia tiene lugar en Atenas, ante las casas de Simón y de Teoprópides.

Filólaques, hijo del mercader Teoprópides ha dilapidado, en ausencia de su padre, gran parte del patrimonio familiar, inducido por los malos consejos del esclavo Tranión.

El título de la comedia deriva de mostellum, diminutivo de monstrum, 'monstruo', por el fantasma que se supone que habita en una casa, en la que se está desarrollando una juerga, organizada por Filólaques y en la que participan también su amigo Calidámates y dos muchachas de vida alegre.

En la primera escena del acto primero, Grumión, el esclavo a quien Teoprópides había encargado, al emprender su largo viaje de negocios, el cuidado de su hijo Filólaques, reprende con acritud a Tranión: "Mientras quieras y puedas, malbarata tú su hacienda, pervierte al hijo del amo, un joven buenísimo; emborrachaos día y noche, seguid viviendo a la griega, comprad amantes, dadles después la libertad; engordad a vuestros parásitos;... ¿Es eso, por ventura, lo que te encargó nuestro viejo amo, al irse al extranjero?... Un joven que pasaba hasta el presente por ser el más sensato y prudente de toda la juventud del Ática, se lleva ahora la palma en los vicios opuestos... ¡Oh dioses inmortales, suplico vuestra protección! Haced que vuelva cuanto antes nuestro viejo amo. Ya hace tres años que falta de aquí. Que vuelva antes de que todo se haya perdido, tanto la casa como las fincas".

En la siguiente escena, Filólaques culpa al Amor de su situación actual: "Los jóvenes pueden ser comparados con una casa... Los padres son los arquitectos de sus hijos. Son ellos los que echan sus cimientos, les hacen crecer, procuran hacerlos sólidos... Yo fui una persona sensata y honrada, mientras estuve bajo la dirección de mis arquitectos; pero después, cuando me dejé llevar por mi inclinación natural, eché a perder... toda su obra. Vino la ociosidad... y, por último, llegó... el amor... Ahora me han abandonado, a la vez, la hacienda, el crédito, la buena reputación, la virtud y el honor; no sirvo ya para nada".

Su amigo Calidámates, tambaleándose ebrio, dice a un esclavo: "He salido huyendo de la casa donde estuve; hasta tal punto me aburrían los convidados y su conversación. Ahora iré a correrme una juerga a casa de Filólaques, en la que nos recibirán con alegría y agrado..."

Al comenzar el segundo acto, Tranión, el astuto esclavo que ha ayudado a Filólaques en las calaveradas con las que ha disipado la hacienda paterna, comunica al grupo de juerguistas que está a punto de llegar el padre de Filólaques. Al ver que los dos amigos están borrachos y en tan alegre compañía, cierra con llave la puerta de la casa y espera fuera la llegada de Teoprópides. He aquí sus palabras: "Ha venido del extranjero nuestro amo; muerto es Tranión. (A Filólaques) Tu padre está aquí... ha venido... Ordena tú que se desmantele de aquí todo esto... Ánimo, muchachos... yo sabré curar ese miedo con un buen remedio... Encontraré algo para calmar esta tormenta... ¿Te bastaría si, al llegar aquí tu padre, consigo no sólo que no entre, sino incluso que salga pitando lejos de la casa? Vosotros idos de aquí, entrad y retirad todo eso a toda prisa... Ante todo, haz que la casa quede cerrada inmediatamente. No permitas que en su interior diga nadie una sola palabra... Como si dentro, en la casa, no habitara nadie... y que nadie conteste, cuando el viejo golpee la puerta de esta casa... Haré que ni siquiera se atreva a mirar la casa, que salga huyendo, con la cabeza envuelta en su manto, presa del pánico... Deja que venga el viejo. Hoy le voy a organizar, en vida, una fiesta como creo que no la va a tener después de muerto".

Llega Teoprópides diciendo: "Vengo de Egipto a casa después de tres años de ausencia; espero que mi llegada sea bien acogida por los de mi familia... Pero, ¿qué es esto? Está cerrada la puerta en pleno día".

Tranión saluda a su amo y le aconseja así: "¡Salud, mi amo! Me alegro de que hayas llegado sano y salvo... ¿Acaso has tocado esta casa?... Has cometido un acto indigno, espantoso... ¡Huye, por favor! ¡Aléjate de esta casa!... ¿Has tocado la puerta?... Has dado muerte... a todos los tuyos... Hace ya siete meses que nadie ha puesto el pie en esta casa, en cuanto salimos de ella... En esta casa se cometió, hace ya mucho tiempo, un crimen... pero lo hemos descubierto ahora... El dueño de la casa sorprendió a su huésped y lo mató con su propia mano... Según tengo entendido, fue el mismo que te la vendió a ti... Mató a su huésped, le quitó su oro y lo enterró aquí, en la casa... Tu hijo asegura que el muerto se le apareció en sueños y le habló así...: 'Soy un huésped venido aquí de ultramar... Habito aquí; me ha sido concedida esta morada, ya que Orco no quiso recibirme en las riberas del Aqueronte, por haber sido privado de la vida prematuramente... Mi huésped me mató aquí y aquí me enterró en secreto, en esta casa, sin darme la debida sepultura... El muy criminal, por causa del oro... Ahora tú aléjate de aquí; esta casa está contaminada por un crimen; el habitar en ella es algo sacrilego'. Apenas podría yo expresar en un año entero los prodigios que aquí tienen lugar".

Apenas ha dicho la primera mentira, tiene que inventar otra; un usurero, a quien Filólaques debe mucho dinero, llega dispuesto a exigir a Teoprópides el pago de la deuda contraída por su hijo. Tranión le habla así. "Acaba de llegar del extranjero el padre de Filólaques; él te lo pagará todo, los intereses y el capital..."

Teoprópides pregunta a Tranión de qué dinero se trata, es decir, qué ha hecho su hijo con ese dinero. Tranión le explica que Filólaques ha comprado una casa, por hallarse inhabitable la anterior, a causa del fantasma. Teoprópides se siente orgulloso de que su hijo se le parezca y comience a emprender negocios por su cuenta. Tranión sigue explicando la situación económica en que se halla Filólaques: "Ha dado en prenda esas cuarenta minas; las tomó prestadas de éste (el usurero que reclama el pago de la deuda), para pagarle al propietario... Pues, como la casa se hallaba en el estado que te he dicho, se compró inmediatamente otra... (señalando al usurero) Págale su deuda, por favor,... Tu hijo le compró la casa al vecino de al lado..."

Teoprópides quiere ver la casa que ha comprado su hijo. Llama a su puerta y sale el presunto vendedor de la misma, el viejo Simón, a quien Tranión habla así: "El amo ha venido del extranjero... te ruego que no nos denuncies a mi amo... Ahora me ha encargado, con el mayor interés, que te pida lo siguiente: que le permitas visitar tu casa... El viejo quiere construir aquí, en la suya, un gineceo y unos baños y, además, un paseo y un pórtico... Quiere dar esposa a su hijo lo antes posible; por esta razón quiere construir un nuevo gineceo... Dice que no sé qué arquitecto le ha hecho grandes elogios de tu casa, que está demasiado bien construida. Ahora quiere tomar modelo de ella, a no ser que tú no quieras... (A Teoprópides) Vete a ver la casa, examina todos los detalles a tu gusto..."

Entran en la casa de Simón y la recorren minuciosamente. Teoprópides queda muy satisfecho de la magnífica compra que ha realizado su hijo.

Pero todo el engaño tramado por Tranión queda al descubierto. Dos criados de Calidámates vienen a buscar a su amo. Uno de ellos, Fanisco, al llegar ante la casa de Teoprópides, que acaba de salir de la casa de su vecino Simón, le dice: "Nuestro amo está aquí, tomando unas copas... Venimos a buscarle... ¿No vive aquí, en esta casa, el joven Filólaques?...Estoy seguro de que vive aquí... Desde que su padre se fue al extranjero, nunca se dejó de estar aquí de juerga, durante tres días seguidos... Jamás han transcurrido tres días seguidos, en los que se dejara de comer, de beber, de traerse golfas, de vivir a la griega, de contratar tañedoras de lira y flautistas... Quien organiza estas cuchipandas es Filólaques,... el hijo de Teoprópides... que... ha comprado, por treinta minas, a una flautista, a una tal Filematio, y le ha concedido la libertad... Me inspira una verdadera lástima su padre; cuando sepa todo lo que aquí ha ocurrido, al pobre hombre le consumirá el corazón la pena, como un carbón ardiente".

Simón niega a Teoprópides haberle vendido su casa. Teoprópides lamenta haber sido víctima de un engaño y pide a Simón que le ayude a castigar, como se merece, a Tranión. Éste ha entrado ya en la casa para advertir a Filólaques y a su amigo Calidámates, conjurándoles a que salgan y se enfrenten con el enfurecido padre. Calidámates sale al encuentro del viejo, al que habla así: "Filólaques dice que teme aparecer a la vista de su padre. Ahora, de entre todos sus amigos, he sido elegido yo como embajador, para conseguirle de su padre un trata­do de paz... (Al ver a Teoprópides) Teoprópides, me alegro de que hayas vuelto sano y salvo del extranjero. Te invitamos a cenar hoy aquí, con nosotros; acepta, por favor".

Teoprópides, que sigue indignado, no acepta la invitación y amenaza a Tranión, por haber corrompido a su hijo.

Tranión reconoce su culpa ante su amo: "Reconozco que (tu hijo) se ha portado mal, que en tu ausencia ha concedido la libertad a una amante, que ha tomado dinero prestado a rédito; declaro también que ese dinero se ha esfumado. Pero ¿es que ha hecho algo distinto de lo que suelen hacer los hijos de las mejores familias?... Si tú eres amigo de Dífilo o de Filemón, cuéntales cómo se ha burlado de ti tu esclavo. Les habrás proporcionado unos engaños magníficos, que pueden incluir en sus comedias".

Calidamates consigue con su elocuencia y, sobre todo, ofreciéndose a pagar las deudas de su disoluto amigo, calmar las iras del viejo, a quien habla así: "Ante todo, ya sabes que soy amigo íntimo de tu hijo... Te suplico que perdones su insensatez, fruto de su juventud... Cualquier cosa que haya hecho, la ha hecho junto con nosotros: todos nosotros somos culpables. Los intereses, el capital y todo el gasto que ha supuesto la compra de su amante, todo lo pagaremos entre todos, se pagará a costa nuestra, no a costa tuya".

Teoprópides, calmada su furia, acaba perdonando a su hijo y, a ruegos de Calidámates, a Tranion, que, asustado por lo que se le venía encima, se había refugiado junto a un altar; así habla Teoprópides: "No ha podido venir a verme un defensor más persuasivo que tú. Ya no estoy airado contra mi hijo, aunque yo esté aquí, puede seguir teniendo cuanto se le antoje. Con tal de que se avergüence de los dispendios que ha hecho, me doy por satisfecho".

* * *

La natural comicidad de esta comedia radica en la sucesiva concatenación de mentiras y de enredos, fruto de la fecunda inventiva de Tranion. Este servus callidus se ve obligado a urdir, sobre la marcha, una serie de engaños, para salvarse y salvar a su joven amo. Primero inventa la historia del fantasma; después, la compra de la casa del vecino; por último, la visita de esa casa, presuntamente comprada.

Son de destacar la escena protagonizada por Filólaques y la joven Filematio y el encuentro y diálogo entre Teoprópides y el esclavo de Calidámates, que viene a buscar a su amo y que da al traste con el engaño urdido por la fantasía de Tranion.

Se trata de una de las comedias más ingeniosas de Plauto, en la que, como ya se ha señalado, sobresale la capacidad de improvisación de Tranión ante lo inesperado.

Su repercusión en la literatura ha sido amplia. El tema del fantasma se ha prodigado especialmente en el cine. En el teatro, ya en el año 1501 apareció una traducción italiana parafraseada, obra de G. Berardo; en 1545, E. Bantivoglio compuso / fantasmi; en 1700, J. F. Regnard, Le retour imprévu; etc.