Mercator / El mercader

Estrenada entre los años 212/210 a. C.

En la escena primera del primer acto, el joven Carino informa al público sobre el origen de la obra y los antecedentes de la situación actual: "Esta comedia se titula en griego "Mercator" y es un obra de Filemón... Mi padre me envió desde aquí a Rodas a comerciar. Han pasado ya dos años desde que salí de casa. Allí me enamoré de una mujer de sin par belleza..."

"Cuando salí de la adolescencia... me enamoré locamente de una cortesana... La hacienda de mi padre iba tomando secretamente el camino que conducía a la casa de ésta... Mi padre no paraba de sermonearme noche y día..., hasta renegaba de mí como hijo suyo... Iba pregonándolo por toda la ciudad y recomendaba a todos que se abstuvieran de prestarme dinero... Cuando comprendí que yo era mal visto por mi propio padre..., enloquecido y enamorado como estaba, le digo a mi padre que estoy dispuesto a dedicarme al comercio y a renunciar a mis amoríos, con tal de darle gusto. Mi padre me da las gracias y elogia mi disposición de ánimo... Hace construir una nave ligera, compra mercancías y las carga en esa nave... Además, me entrega personalmente con su propia mano, un talento de plata. Envía conmigo a un esclavo, que en otros tiempos, cuando yo era un niño pequeñito, había sido mi preceptor, para que velara por mí... Llegamos a Rodas, en donde vendí... todas las mercancías que había transportado en mi nave... Consigo una ganancia enorme... Mientras paseo por el puerto, me reconoció cierto huésped de mi familia y me invita a cenar... Cuando, ya de noche, fuimos a acostarnos, he aquí que se me presenta la mujer más hermosa que yo haya visto nunca. Pasó conmigo toda esta noche por encargo del huésped y le ruego que me la venda... La compré y la traje ayer aquí. No quiero que mi padre se entere de que la he traído. La he dejado hace un momento en el puerto, en la nave y, con ella, a mi fiel esclavo".

Su esclavo, Acantión, le dice que su padre, Demifón, ha visto en el barco a la joven y estaba hablando con ella. Carino le reprende por no haberla escondido, para evitar que la viera su padre. El esclavo trata de justificarse: "Porque estábamos atareados en nuestros menesteres... Mientras se llevan cabo tales faenas, llega tu padre en una barca pequeñita y, sin que nadie se hubiera dado cuenta hasta entonces, sube a bordo... En cuanto vio a la joven, comenzó a preguntar a ésta a quién pertenecía... Entonces intervine yo y le digo que la has comprado para regalársela, como sirvienta, a tu madre... Pero el muy sinvergüenza se puso a manosearla".

Demifón, el padre de Carino, relata un extraño sueño: "Después de haber terminado mis asuntos, veo de pronto la nave en la que ayer llegó de Rodas mi hijo. Me entraron no sé qué ganas de ir a verla. Monto en una barca, me dirijo a la nave y en ella veo a una mujer de extraordinaria belleza, que mi hijo ha traído para su madre, como sirvienta. En cuanto la vi, me enamoré locamente de ella..."

Al ver a Carino, comenta: "Pero estoy viendo a mi hijo... Tengo que convencerle, como sea, de que me venda a la muchacha y no se la regale a su madre... Mas es preciso andarse con mucho cuidado, no vaya a ser que mi mujer se percate de que yo siento inclinación por esa joven".

Carino se queja de su mala suerte: "Creo que no hay un hombre más desgraciado que yo... ¡Podre de mí! Me he procurado una amante a mi gusto; la he comprado a precio de oro, pensando que podía poseerla sin que lo supiera mi padre; pero éste se ha enterado, la ha visto y ha causado mi ruina... Parece imposible hacerle creer a mi padre que la joven ha sido comprada para que sea sirvienta de mi madre".

Demifón se encuentra con su hijo y le dice: "¿Has traído tú de Rodas una esclava para tu madre?... La he visto, pero no es apropiada para nuestro servicio, no me gusta del todo... No se la des, ni le digas que la has traído... Creo que la podrás vender ventajosamente... Hay un viejo que me ha encargado que le comprara una esclava de este tipo... Está locamente enamorado de ella; te pagará lo que le pidas... Nunca la tendrá nadie más que el que yo quiera que la tenga..."

Después, en un aparte, añade: "Le encargaré a mi amigo Lisímaco que la compre"

Eutico, hijo de Lisímaco y amigo de Carino, propone a éste:
"¿Quieres que le haga una jugarreta a tu padre?... ¿Quieres que vaya yo al puerto y le birle a la joven por dinero?"

Pero Lisímaco se adelanta y compra a la joven, llamada Pasicompsa, y decide alojarla provisionalmente en su casa, aprovechando que su mujer se halla en el campo:
"Acabo de hacer un favor a un amigo; le he comprado la mercancía que me encargó mi vecino que le comprara. Eres de mi propiedad, joven; sigueme, pues. No llores... Has sido comprada de nuevo para tu amo. Yo te he recomprado para él; él me lo ha pedido... Él te dará la libertad; hasta tal punto está enamorado de ti y eso que te ha visto hoy por primera vez..."

Pasicompsa cree que Lisímaco se está refiriendo a Carino.

Lisímaco continúa: "Él me ha pedido que te alojara en mi casa durante un día, aprovechando que mi mujer se halla en el campo".

Lisímaco trata de calmar las impaciencias amorosas de su amigo Demifón. Por otra parte, teme que su mujer vuelva del campo y encuentre en su casa a Pasicompsa.

Carino espera impaciente a Eutico. Éste regresa desalentado, porque no ha logrado encontrar a Pasicompsa. Desesperado, Carino decide abandonar su patria.

Doripa, la esposa de Lisímaco, vuelve inesperadamente del campo y descubre que hay una mujer en su casa. Se origina la correspondiente trifulca conyugal. Un cocinero, señalando a Doripa, dice a Lisímaco: "¿Es acaso ésta tu amiga, de la que hace poco, cuando comprabas las provisiones, me decías que andabas enamorado?... No está nada mal... pero es un poco vieja... Por Hércules, creo que será una estupenda compañera de lecho... Además, tu mujer está en el campo y hace un momento me dijiste que la detestabas como si fuera una víbora".

Doripa, indignada, exclama: "No se me hace nada raro, si gastas dinero a lo loco y protagonizas algún escándalo, pero no puedo soportar estar mal casada, ni que se traigan a mi casa prostitutas de mala ralea..."

Lisímaco queda anonadado.

Sira, vieja esclava de Doripa, informa de la situación a Éutico:
"Tu encanto de padre ha metido en casa a una amante... Tu madre, al volver del campo, la ha encontrado en nuestra casa"

Después, Sira expone una serie de reivindicaciones feministas y de quejas sobre la preponderancia del hombre frente a la mujer.

Carino, a punto de expatriarse, se despide de su casa y de los dioses penates, dispuesto a buscar a toda costa a Pasicompsa.

Aparece oportunamente Éutico y le comunica la feliz noticia:
"Acabo de ver a Pasicompsa hace un momento... Está en mi casa... Mi madre está hecha una furia contra mi padre, porque éste, ante sus propios ojos, le ha metido una furcia en casa, mientras ella misma se hallaba en el campo: sospecha que se trata de una amante... Ahora está investigándolo dentro... (La impaciencia hace desvariar a Carino...) Quiero restablecer la buena armonía entre mi padre y mi madre, pues en estos momentos mi madre está muy enfadada... por causa de esa amante tuya..."

Lisímaco colma de reproches a Demifón.

Éutico aporta a la comedia un final feliz: "Voy a buscar a mi padre, para que sepa que ya se le ha sosegado la ira a mi madre. Vuelvo enseguida... (Dirigiéndose a Demifón) No habría sido justo que tú, a la edad que ya tienes, le quitases a tu hijo, un joven, una amante comprada con su dinero... Cuando tu hijo se marchaba al destierro, yo le hice volver a
casa; porque iba a expatriarse... Devuélvesela a tu hijo; que la tenga para él... Entremos... Tu hijo está dentro, aquí, en nuestra casa..."

Demifón, el padre libertino, tiene que renunciar a su amor y Pasicompsa vuelve a Carino.

* * *

La obra halla su escasa comicidad en las vanas intrigas de los dos viejos, frente al mundo de los jóvenes. Carece de las características típicas de las comedias plautinas. Su acción es lenta.

Como nos informa el joven Carino, al comenzar la obra, ésta tiene su origen en la comedia Émporos, de Filemón, poeta de Siracusa (361-263 a.C.). Probablemente Plauto se limitó a traducirla.

El tema del padre que se convierte en rival del hijo en amores, aparece también en Asinaria y Casina.

Esta comedia apenas tuvo repercusiones en la literatura posterior.