Menaechmi / Los gemelos
Estrenada el 206 a. C.La acción tiene lugar en Epidamno (ciudad situada en la actual Albania), ante las casas contiguas de Menecmo I y de su amante Erotio.
En el prólogo se exponen los antecedentes de esta comedia, basada en una serie de equívocos, originados por el exacto parecido (como en Amphitruo), de sus protagonistas, que, para su identificación, serán llamados Menecmo I y Menecmo II respectivamente: "Hubo una vez en Siracusa un viejo mercader. Le nacieron dos hijos gemelos, tan parecidos entre sí, que ni su nodriza podía distinguirlos, ni tampoco su verdadera madre, la que los había parido... Cuando los niños tienen ya siete años, su padre cargó una gran nave con muchas mercancías. Embarca a uno de los gemelos y se lo llevó consigo a Tarento, ciudad adonde iba a comerciar; al otro lo dejó en casa, con su madre. Casualmente se celebraban en Tarento unos juegos, cuando llegó a esta ciudad... Se había reunido allí mucha gente, como suele suceder en los festivales. El niño se desvió de su padre y se perdió entre la multitud. Se encontraba allí cierto mercader de Epidamno; éste recoge al niño y se lo lleva a Epidamno".
"Ahora bien, el padre del muchacho, desesperado por haber perdido a su hijo, enfermó de pena y murió, pocos días después, en Tarento. Cuando llegó a Siracusa y fue comunicada a su abuelo la noticia del rapto de uno de los dos niños y de la muerte del padre de éste en Tarento, el abuelo cambia su nombre al gemelo que le quedaba. Tal era el cariño que había sentido por el que fue raptado, que le pone al que está en casa el nombre de Menecmo, el mismo que tuvo el otro..."
"El mercader de Epidamno, del que hace poco os he hablado,... no tenía hijos y sí grandes riquezas. Adopta como hijo suyo al niño raptado, le da más tarde una esposa provista de una espléndida dote y le nombra su heredero, para cuando le llegase a él su última hora... Un buen día... murió... De ese modo, su hijo adoptivo heredó una gran fortuna. Éste, el gemelo raptado, vive allí, en Epidamno..."
"El otro gemelo, el que vive en Siracusa, acaba de llegar hoy mismo, con un esclavo suyo, a Epidamno, para tratar de encontrar a su hermano gemelo...".
Menecmo I está enamorado de la atractiva cortesana Erotio, a la que regala un manto que ha sustraído a su esposa; encarga a su amante que prepare en su casa un opíparo banquete, al que también asistirá el parásito Cepillo: "¡Cariño mío! ¡Cómo odio a mi esposa, cuando te veo!... Despojos de mi mujer, para vestirte a ti, rosa mía... Tómalo, para ti, puesto que tú eres la única persona que vive para darme gusto... Se lo compré hace un año a mi mujer por cuatro minas... Manda preparar en tu casa un festín para los tres... Nosotros nos vamos al foro; estaremos aquí enseguida. Mientras se cocina... tomaremos unas copas"
El cocinero de Erotio, Cilindro, que ha salido a comprar las viandas, se encuentra con Menecmo II, que acaba de llegar a la ciudad en busca de su hermano, lo toma por Menecmo I y le dice: "Voy a entrar, a decirle a Erotio que tú estás aquí, para que te haga pasar, en lugar de estar aquí, a la puerta".
Erotio confirma la invitación: "Vidita mía, qué raro se me hace verte aquí, a la puerta, que está para ti mas abierta que la de tu propia casa, puesto que esta casa es verdaderamente la tuya. Todo está preparado, tal como ordenaste y como quisiste, y no tienes que esperar ahí dentro. Como ordenaste, la comida está ya lista. Cuando quieras podemos ir a recostarnos a la mesa".
Menecmo II, aunque desconfía, entra en casa de Erotio, tras haber enviado a su esclavo Mesenión a la posada. Durante el banquete, Erotio le habla del manto y le pide un favor: "¿Sabes lo que yo quisiera pedirte que me hagas?... Que lleves al bordador el manto que me diste hace poco, para que lo repase y le añada algunos adornos más..."
Sale a cumplir el encargo. Lo ve el parásito Cepillo y, creyendo que se ha burlado de él, dejándolo sin comer, a pesar de haberlo invitado, decide vengarse y se lo cuenta todo a la mujer de Menecmo I. Ésta se pone furiosa contra su marido:
"¿Es que voy a aguantar más engaños..., mientras mi marido desvalija a escondidas cuanto hay en casa y se lo lleva a su amante?"
Cepillo echa leña al fuego: "Yo haré que lo sorprendas en flagrante delito. Sígueme solamente por aquí. Iba borracho y con una corona de flores en la cabeza. Llevaba en sus manos, al bordador, el manto que te ha robado hoy mismo de casa... Mas helo aquí de regreso, pero ya no lleva el manto..."
Llega Menecmo I y se queja de que lo han entretenido en el foro. Se produce una trifulca conyugal. La esposa, indignada, entra en casa. Menecmo I se dirige a la de Erotio y le pide que le devuelva el manto: "Por favor, devuélveme el manto ese que te di hace poco: mi mujer se ha enterado de todo... Yo te compraré otro manto, doble de caro, el que tú quieras".
Erotio, extrañada, le contesta: "Pero si acabo de dártelo hace un momento, para que lo llevaras al bordador, y además, un brazalete, que debías llevar al joyero..."
Menecmo I, no menos extrañado, replica: "¿Que tú me has dado el manto y un brazalete? Imposible".
Erotio lo expulsa de su casa sin contemplaciones.
Poco después se presenta ante la puerta de Erotio Menecmo II, con el manto al brazo. La mujer de Menecmo I, que se hallaba al acecho, le habla así: "¿No te da vergüenza presentarte ante mi vista en ese estado lastimoso? ¡Qué asco de hombre!... No puedo soportar por más tiempo semejantes escándalos. Prefiero vivir sin marido a aguantar tus groserías".
Se produce la correspondiente trifulca. Llega el suegro de Menecmo I, a quien dice su hija: "No puedo vivir aquí por más tiempo, ni aguantar más a ningún precio. Sácame, pues, de esta casa... Se burlan de mí, se me ultraja... Mi marido está enamorado de esa furcia que vive al lado... Se va allí de copeo... Me roba de mis cofres mis alhajas,; me roba mis mantos...; me despoja de todo y les lleva a escondidas mis adornos a las golfas... Más aún, ahora, padre, tiene el manto y el brazalete que había regalado a esa mujer; como sabe que me he enterado, me lo trae de nuevo".
Menecmo II, para librarse de la esposa de Menecmo I y del padre de ésta, finge que está loco y se larga. El suegro de Menecmo I sospecha que su presunto yerno está efectivamente loco y va en busca de un médico.
Llega Menecmo I profiriendo amenazas contra Cepillo y Erotio, que le han amargado el día: "Si me conceden los dioses vida, le arrancaré la suya a este hombre (Cepillo) ... Pues anda, que
la golfa esa de al lado se ha comportado como suelen hacerlo las de su calaña; le pido el manto, para devolvérselo a mi mujer y me sale con que ya me lo ha dado..."Cuando vuelve con el médico el suegro de Menecmo I se encuentra con el presunto loco, que ahora es su yerno. Cuanto más grita éste, para demostrar que está en su sano juicio, más seguros están los demás de que está como una cabra. Su suegro ordena a sus esclavos: "Levantad en volandas a ese hombre y llevadlo enseguida a la consulta del médico... Que a ninguno de vosotros le importen un bledo sus amenazas... Yo me adelantaré a casa del médico; estaré ya allí, cuando lleguéis".
En ese momento llega Mesenión, el criado de Menecmo II, y creyendo que están secuestrando a su amo, exclama: "¿Por todos los dioses...! ¿Qué es lo que están viendo mis ojos? ¡Unos desconocidos se llevan en volandas, del modo más indigno, a mi amo!
Amo y esclavo la emprenden a golpes contra los esclavos y los ponen en fuga. Mesenión, a cambio de su ayuda, le pide a Menecmo I: "Amo, lo que debías hacer es darme la libertad... puesto que te he salvado la vida".
Menecmo I, perplejo ante tal petición, contesta: "Yo te juro... que no soy tu amo..., nunca jamás ha hecho un esclavo conmigo lo que tú ahora".
Al llegar Menecmo II, Mesenión le recuerda que le ha concedido la libertad. Éste lo niega y Mesenión, señalando a Menecmo I, exclama: "Ese hombre o es un impostor o es tu hermano gemelo. Jamás he visto a un hombre más parecido a otro hombre. Una gota de agua no es tan parecida a otra gota de agua... como tú te pareces a éste y éste a ti..."
Este encuentro y el reconocimiento entre ambos hermanos resuelve el equívoco. Mesenión consigue su libertad y los dos gemelos deciden volver juntos a su patria. Menecmo I subastará todos sus bienes y vivirá con su familia en Siracusa, su ciudad natal.
* * *
El tema, de original griego desconocido, ha sido tratado con frecuencia desde el Renacimiento.
La primera traducción al español se publicó en Amberes, el año 1555; en 1559, Juan de Timoneda compuso la Comedia de los Menecmos puesta en gracioso estilo y elegantes sentencias. La comedia El palacio confuso, de L. de Vega, sirvió de modelo para la de Don Sancho de Aragón (1650), de Corneille.
En Italia aparecieron numerosas traducciones y refundiciones: desde la Calandria, del cardenal B.D. de Bibbiena (1470-1520) hasta Los dos gemelos venecianos, de Goldoni. Este equívoco pasó a la comedia "dell'arte" italiana.
En Francia J. de Rotrou (1609-1650) compuso Ménechmes. J. F. Regnard (1650-1709) compuso Les Ménechmes ou les jumeaux, representada por primera vez en 1705. El caballero Ménechme descubre por casualidad que ha llegado a París un hermano suyo a quien suponía perdido y manda en su busca a su criado Valentín. Cuando llega el segundo Ménechme, conoce a Araminta, novia del primero, la cual lo toma por su amado. Por su parte, el Ménechme I, al saber que su hermano ha recibido una cuantiosa herencia, quiere aprovecharse de su parecido con él, para pedir en nombre suyo, la mano de Isabel, más rica que Araminta. Surgen equívocos, celos y problemas múltiples. Al final Ménechme I se casa con Isabel y Ménechme II con Araminta. La herencia, que en realidad pertenecía a Menécnme I, es repartida entre ambos gemelos y "todos contentos".
En Inglaterra el tema halla su más importante innovación en La comedia de los errores, de Shakespeare, que toma del Amphitruo los personajes gemelos Sosia-Mercurio.
Bernard escribió Los dos gemelos de Brighton; Sacha Guitry, Mi doble y mi mitad.
El argumento del falso rey D. Sebastián, que convirtió en drama J. de Cuéllar, en El pastelero de Madrigal (h. 1660) y, más tarde, Zorrilla, en Traidor, inconfeso y mártir, reaparece en 1930, en la narración Doña Ana de Austria, de R. Schneider: un pastelero, a quien, por su parecido, se le ha convencido para que se haga pasar por el desaparecido rey de Portugal, se identifica de tal modo con su papel, que llega a afrontar la muerte.
En 1859, Dickens, en Historia de dos ciudades, nos presenta al noble francés Darnay muriendo voluntariamente por otro en el patíbulo. El mismo tema aparece en El prisionero de Zenda (1894), de Hope. Stevenson, en El extraño caso del Dr. Jekyll y de Mr. Hyde (1866), nos muestra un caso de desdoblamiento de personalidad: Hyde comete todos los crímenes a los que se ha resistido Jekyll, hasta que se mata a sí mismo. En El retrato de Donan Gray (1881), de O. Wilde, el retrato hace el papel de amonestador, ya que en él quedan señaladas todas las huellas de los vicios del protagonista, que mantiene intactas su juventud y belleza. Al apuñalar el cuadro, fiel reflejo de su mala conciencia, el propio Gray toma los rasgos del retrato y muere con el puñal clavado en el corazón. El tema aparece reiteradamente en Dostoievski: El doble (1846), Los hermanos Karamazov (1879), etc. El cine ha explotado el argumento hasta el infinito (La máscara de hierro, ...).