Πλοῦτος / Pluto
Estrenada el 384 a. C.La primera versión de esta comedia se representó el año 408 a.C. La segunda versión, última de las obras representadas con el nombre de Aristófanes, lo fue el año 384 a.C.
Un campesino ateniense, pobre pero honrado, Crémilo, consulta en Delfos si, tal como está el mundo, es preferible educar a su hijo en la maldad. Apolo le contesta que hospede en su casa al primer hombre que encuentre ante el templo. Al salir del mismo, ve a Pluto, cuya ceguera es responsable de las desgracias que se abaten sobre la humanidad.
Al comenzar la obra aparece en escena un anciano ciego, sucio y cubierto de harapos. Lo siguen Crémilo y su esclavo Carión. Crémilo expone la situación: "Iba yo a consultar al dios (Apolo)... Lo hacía por mi hijo, para averiguar si éste debía cambiar de conducta y volverse trapacero, injusto,... porque esto es, a mi entender, lo único provechoso en la vida... El dios, con toda claridad, me habló así: me ordenó que no me separase de él y le persuadiera para que me acompañase a casa, al primero con el que me topara al salir del templo... Si este hombre nos dijera quién es y con qué intención ha venido aquí con nosotros, podríamos conocer qué significa nuestro oráculo... (A Pluto) ¿Es que no vas a hablar?"
Pluto contesta. "Es que, si os enteráis de quién soy, estoy seguro de que me causaréis algún daño y no me dejaréis marchar... Soy Pluto... Es Zeus quien me ha hecho esto (la ceguera), porque envidia a los hombres. Cuando yo era aún muy joven, le amenacé con que sólo visitaría a los hombres justos, sensatos y decentes. Y él me dejó ciego, para impedir que yo pudiera distinguir a ninguno de éstos. Hasta tal punto aborrece este dios a los hombres de bien".
Crémilo pregunta a Pluto: "Si volvieras a ver como antes, ¿te apartarían en adelante de los malvados?... ¿Irías con los justos?"
Pluto asegura: "Desde luego, que hace mucho que no los veo".
Inspirado por un oráculo de Apolo, Crémilo ofrece a Pluto curarle de su ceguera: "¿Sabes cuántas cosas buenas te van a ocurrir, si te quedas con nosotros? Préstame atención y te enterarás. Espero... curarte de tu ceguera y hacer que veas... Te demostraré que eres más poderoso que Zeus... ¿Por qué es Zeus quien ostenta el mando de los dioses?"
Carión dice que es por el dinero, que todo lo puede y es Pluto quien se lo proporciona.
Llega, desolado, Blepsidemo, amigo de Crémilo y comenta: "¿Qué puede haber sucedido? ¿De dónde y cómo se ha enriquecido de pronto Crémilo? No me lo puedo creer... Y, sin embargo,... entre la gente sentada en las barberías sólo corría el rumor de la repentina fortuna de este individuo. Pero lo que más me admira es que, al sonreirle la fortuna, llama a sus amigos. No es propio de este país, al menos, el proceder así."
Crémilo, que tiene como huésped en su casa al propio Pluto, dios de la riqueza, expone su plan: "Es preciso que nosotros dos le hagamos recobrar la vista... Hay que hacerle dormir en el santuario de Asclepio; es lo mejor."
Entra en escena, con aspecto lamentable, andrajosa, Pobreza y los reprende: "¡Oh desgraciados hombrecillos, que osáis cometer una acción tan insensata, impía, criminal!... Soy yo quien os va a destruir... por atreveros a llevar a cabo un atentado intolerable... ¿Es que no me habéis tratado de la manera más indigna, al intentar expulsarme de este mundo?... Soy Pobreza, que vivo con vosotros desde hace muchos años... ¿Es que creéis acaso que no me hacéis daño alguno... al tratar de devolverle la vista a Pluto?... Creo que podré demostraros fácilmente que tú te engañas por completo, si pretendes enriquecer a los hombres justos".
Crémilo se defiende: "Creo... que es justo que sean ricos los hombres honrados y que, naturalmente, a los malvados y a los ateos les suceda lo contrario... Si Pluto recobra ahora la vista... irá en busca de los hombres honrados y no los abandonará ya; y huirá de los malos y de los impíos; y hará que todos los hombres sean honrados y ricos; y éstos respetarán lo divino... ¿Quién podría imaginar algo mejor para la humanidad?... Ahora muchos hombres, a pesar de ser malos, son ricos en bienes injustamente adquiridos; en cambio, otros muchos, que son hombres de bien, son desgraciados y pasan hambre... Si Pluto corrige esta situación injusta, al recobrar la vista, esto sería el mejor camino para proporcionar la mayor felicidad a los hombres".
Pobreza objeta: "Si sucediera eso que deseáis... no habría ningún oficio entre los hombres y nadie ejercería una industria... ¿Quién querría ser herrero, o constructor de barcos, o sastre, o zapatero, o...?"
Crémilo, optimista, contesta: "Todos estos trabajos que acabas de enumerar los realizarían nuestros esclavos... Los compraríamos con nuestro dinero..."
Pobreza se marcha desesperada y todos acompañan a Pluto al templo de Asclepio, el dios de la medicina.
Carión, criado de Crémilo, explica el proceso de curación de la ceguera de Pluto y la reacción de la gente: "Mi amo ha llegado al colmo de la felicidad y más aún el propio Pluto. Estaba ciego y ahora ve con claridad y sus ojos son brillantes, gracias al arte de Asclepio y a sus benévolos cuidados... En torno suyo había una multitud inmensa. Porque los que antes eran justos y vivían con poco le abrazaban y le cogían de la mano locos de alegría y los dueños de grandes fortunas injustamente adquiridas fruncían el ceño, a la vez que se ensombrecían sus miradas..."
La segunda parte de la comedia muestra los efectos del cambio de Pluto. El dios aparece acompañado de Crémilo y del coro de labradores y trata de justificar su equivocada conducta anterior: "Me avergüenzo de mis desgracias, al pensar con qué hombres trataba yo, sin darme cuenta, mientras rehuía, sin saberlo, a los que eran dignos de que yo los visitase con frecuencia... Pero desde ahora mostraré a todos los hombres que me entregaba a los malos en contra de mi voluntad".
Viene un Hombre Justo a visitar a Pluto: "He venido a visitar al dios, porque me ha colmado de grandes bienes. Como yo había heredado de mi padre una fortuna considerable, socorría a los amigos agobiados por la necesidad; yo creía que era una cosa útil para toda la vida... Creía que aquellos a quienes yo había hecho el bien en su indigencia serían para mí amigos de verdad, si un día me veía yo en la miseria. Pero ellos volvían la cabeza y fingían no verme... Pero eso ya no me pasa. Por ello he venido aquí a visitar al dios, para rendirle el merecido homenaje".
Entra, con un testigo, un sicofanta: "¡Ay, mísero de mí!... He perdido todo lo que yo tenía en mi casa, por culpa de ese dios. Volverá a ser ciego otra vez, si no me fallan los pleitos que le voy a intentar... ¿Dónde está el que nos prometía... hacernos ricos a todos,... si recobraba la vista? Ha causado más bien la ruina de algunos..."
Sale profiriendo amenazas. Una vieja muy acicalada llega con una criada; se lamenta: "Desde que ese dios comenzó a ver, me ha hecho la vida imposible... Yo tenía como amante a un jovencito, pobre desde luego, pero guapo, simpático y buena persona. Si me hacía falta algo, él me lo hacía todo con modestia y buenas maneras. Yo, por mi parte, le hacía toda clase de favores... Poca cosa, pues él era extraordinariamente comedido conmigo. Así, sólo se le ocurría pedirme veinte dracmas de plata para comprarse un manto, ocho para unas sandalias;... para sus hermanas; para su madre...; y aseguraba que no me hacía estas peticiones por codicia, sino por amor, para que el manto que llevaba fuera para él un recuerdo mío... Pero ahora, el muy maldito no alberga los mismos sentimientos; ha cambiado por completo... Es justo... que al que ha recibido de mí tantos favores (Pluto) le obligue a pagarme en la misma moneda. ¿O es justo que yo no goce de alguna felicidad?... Él prometía que jamás me iba a abandonar, mientras yo viviera".
Aparece, muy cambiado, el antes amoroso joven: "Antigua amiga, pronto te has puesto canosa... ¡Cuántas arrugas tienes en la cara!"
El joven continúa con sus burlas. El Coro ejecuta una danza. Entra Hermes y pide ser admitido entre los hombres: "Zeus... quiere... arrojaros a todos al Báratro (al barranco de los condenados)... Porque habéis cometido la acción más horrible de todas. Desde que Pluto ha recobrado la vista, nadie nos ofrece en sacrificio a nosotros, los dioses, ni incienso, ni laurel, ni pasteles, ni víctimas, ni ninguna otra cosa... Recibidme, en nombre de los dioses, para vivir con vosotros... Entre vosotros se vive mucho mejor... La patria es cualquier lugar donde se vive bien..."
Se le admite a vivir entre los humanos sólo como organizador de certámenes musicales y gimnásticos, ya que sus restantes habilidades han dejado de ser útiles.
Llega un sacerdote de Zeus, en paro y desocupado, lamentando su deplorable situación. Para no morirse de hambre, solicita también asilo en la feliz sociedad de los hombres: "No hay más que desgracias. Desde que el dios que tú sabes (Pluto) ha comenzado a ver claro, me muero de hambre... Nadie se digna sacrificar... Porque son ricos. Y sin embargo, cuando no tenían nada, unas veces, al volver de su viaje, un mercader sacrificaba una víctima, por haber llegado sano y salvo; otras veces, uno que había sido absuelto en un juicio; otro, sacrificaba para obtener auspicios favorables y me invitaba a su casa, a mí, el sacerdote. Ahora, en cambio, nadie ofrece el menor sacrificio, ni siquiera entra en el templo, como no sea para hacer en él sus necesidades... Así pues, voy a mandar a paseo a Zeus Salvador, para quedarme aquí mismo".
Ante los graves problemas creados, Crémilo decide instalar a Pluto en el "Opistodomos" del Partenón, donde había estado siempre, y dejar que las cosas estuvieran como estaban antes:
"Vamos, pues, a consagrar a Pluto en el lugar donde estaba consagrado anteriormente, como guardián eterno del opistodomos de la diosa..."
La obra termina con la procesión correspondiente.
* * *
Cuando se representó Pluto, Aristófanes no había cumplido aún los 60 años, pero no era el mismo el ambiente social y habían cambiado los gustos literarios.
Como La Asamblea, Pluto es una obra de transición. Constituye un precedente de la Comedia Media y Nueva. Predominan en ella los temas económicos y privados y se reducen la agresividad y las alusiones personales y a la situación política, dada la restringida libertad de expresión del momento. Su lenguaje es más comedido, exento de insultos y groserías.
Después de plantear la utopía igualitaria en La Asamblea, en Pluto última obra que se representó con su nombre, Aristófanes desarrolla el tema de la ceguera que aqueja a este dios y que repercute en la injusta distribución de la riqueza.
El relato de la curación de la ceguera de Pluto, hecho por Carión, es una amena caricatura de las supersticiones populares y de las artimañas sacerdotales para mantener el prestigio del santuario de Asclepio. Este prodigioso milagro afecta de tal modo a un sicofanta, a una vieja viciosa e incluso a Hermes y a un sacerdote de Zeus, que Pluto es devuelto a su primitiva condición.
Coincide con Las Aves en el tema de lograr el poder sobre Zeus.
El único agón se produce entre Riqueza y Pobreza, en el que ésta hace su propia apología. Hay otro enfrentamiento ente el sicofanta y el Hombre Justo.
El Coro apenas actúa. No hay parábasis. Todo ello es también un anticipo de lo que ocurriría en la Comedia Media y Nueva.
Pluto no es un héroe cómico; tampoco lo es Crémilo, simple administrador de la riqueza que el dios prodiga.
Las relaciones humanas entre amo y esclavo, patentes en Pluto, anuncian ya las que aparecerán más tarde en Menandro y en la comedia latina.
Por su carácter didáctico y la ausencia de algunos rasgos peculiares de otras creaciones de Aristófanes, esta obra fue muy apreciada en la antigüedad, como lo atestigua la abundancia de manuscritos de la misma. Entre los humanistas gozó también de gran prestigio.