Ἱκέτιδες / Las suplicantes
Estrenada el 423 a. C.Compuesta antes del año 421 a.C., esta tragedia está inspirada por la situación bélica del año 424.
En Los Siete contra Tebas, Esquilo trata de reflejar el fracaso de la expedición organizada por un hijo de Edipo, Polinices, con el apoyo de su suegro Adrasto, rey de Argos, contra su propia patria. Eurípides, en Las Suplicantes, trata del problema de la devolución a Argos de los cadáveres de sus caudillos, caídos en la guerra frente a las siete puertas de Tebas. Adrasto trata de que los tebanos se los entreguen para rendirles las debidas honras fúnebres. Para conseguirlo se presenta, con las madres y los huérfanos de los muertos, en el santuario de Eleusis, donde Etra, madre de Teseo, rey de Atenas está celebrando un sacrificio.
Las madres y los niños llevan las vendas sagradas de los suplicantes y se han refugiado en torno a un altar, que los protege de toda violencia. Suplican a Etra que interceda ante su hijo, para que éste las ayude a recobrar los cadáveres de los suyos, que Creonte, tirano de Tebas, se niega a entregarles.
En el prólogo de la obra, Etra expone la situación: "Oh Deméter, que tienes los altares de Eleusis, donde nos hallamos, y vosotros, guardianes de su templo, sacerdotes,... yo os ruego así..., porque estoy viendo a estas... ancianas, que, tras haber abandonado sus hogares en tierras de Argos, se han postrado ante mis rodillas con ramos de suplicantes... Están abatidas por un terrible desastre. Sus siete valerosos vastagos han muerto a las puertas de la ciudad de Cadmo. Se han quedado sin sus hijos, a quienes Adraste, rey de Argos, condujo a reconquistar para su yerno, el desterrado Polinices, la parte que le correspondía de la herencia de Edipo. Éstas, sus madres, quisieran dar sepultura a estos héroes muertos en combate, pero sus vencedores se oponen a ello; tratan de impedírselo,... conculcando así las leyes divinas... Acompaña a esta mujeres Adraste... Él es quien me apremia a persuadir, con súplicas, a mi hijo Teseo, para que éste acepte la misión de recuperar los cadáveres, mediante un tratado o por la fuerza de las armas, y de procurarles así la sepultura..."
EI Coro, que acompaña a Etra, expone la situación y canta su dolor. Conmovida las lamentaciones y las súplicas de las madres, Etra manda llamar a Teseo, que m principio se niega a ayudarlas e incluso condena la expedición de los siete ra Tebas. Adrasto, según él, actuó con ligereza al entregar sus hijas, como jsas, a Polinices y Tideo; dice a Adrasto: "Tú has entregado tus hijas a esposos extranjeros... Has manchado con una sangre impía la noble sangre de tu raza y, con ello, has contaminado tu casa... Más tarde, cuando empujaste a los argivos a la guerra,... con tu brutalidad conculcaste las leyes de los dioses y causaste la ruina de Argos. Te dejaste arrastrar por unos jóvenes, que, movidos por su ansia de conseguir honores, atizan las guerras contra todo derecho y se convierten en un azote de los ciudadanos. Uno está dominado por la pasión de mandar un ejército; otro aspira al poder para satisfacer sus pasiones; otro, por afán de lucro. Y no se paran a considerar si el pueblo sufre los desastres de la guerra".
El Coro consigue conmover a Etra; ésta le recuerda a Teseo que existe una ley da por todos los griegos, la del respeto a los muertos. Teseo declara que rá heraldos a Tebas para reclamar la entrega de los cadáveres y que, si su 5n no es satisfecha, propondrá al pueblo la guerra contra los tebanos. Supone que eI pueblo aprobará su propuesta: "Trataré de liberar estos cadáveres, primero mediante la diplomacia; mas, si no hay otro remedio, entablaré combate y no nos faltará la ayuda de los dioses. Ahora bien, quiero que la ciudad entera apruebe mi decisión. La aprobará, porque ese es mi deseo, pero, si concedo al pueblo la última palabra, nos secundará con mayor entusiasmo. Porque yo he llamado a este pueblo a ostentar el poder absoluto: lo he convertido en un pueblo libre, con derecho de voto igualitario".
Después, Teseo ordena a un heraldo que anuncie a Creonte, tirano de Tebas, su n de que devuelva los cadáveres, puesto que el pueblo ha apoyado la da de los argivos.
Llega un heraldo tebano y exige la expulsión de las suplicantes. Declara que Creonte jamás accederá a su petición, por grandes que sean las súplicas y las amenazas.
Entre el heraldo tebano y Teseo se desarrolla un curioso debate sobre las ventajas e inconvenientes de los distintos regímenes políticos. Teseo defiende el sistema democrático vigente en Atenas: "Buscas equivocadamente a un rey en esta ciudad, que no está bajo el poder de un solo hombre. Atenas es libre. El pueblo es soberano. Los ciudadanos administran el Estado alternativamente, mediante magistraturas anuales. No se otorga el poder a la riqueza, porque en este país el pobre y el rico tienen igualdad de derechos".
El heraldo tebano ataca a la democracia, porque, según él, deja al pueblo al arbitrio de los demagogos: "La ciudad de la que vengo (Tebas) está gobernada por un solo hombre, no por la multitud. En ella no hay ningún demagogo, que pueda, halagándola con sus palabras aduladoras, arrastrarla en cualquier sentido, en interés propio".
Teseo censura la tiranía y elogia la libertad y la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley: "Para un Estado no hay cosa peor que un tirano. Bajo este régimen no hay leyes aprobadas por todos. Gobierna un solo hombre y su voluntad es ley. No existe, pues, igualdad, mientras que, bajo el imperio de las leyes escritas, el pobre y el rico tienen los mismos derechos. El débil puede responder al insulto del fuerte y el pequeño, si le asiste la razón, puede vencer al grande... Además, en los países democráticos, el pueblo se complace en ver crecer una juventud ardorosa. En cambio, un rey considera odioso esto mismo y elimina a los mejores ciudadanos, a todos aquellos a los que considera sensatos, por miedo a perder su trono. Y entonces, ¿cómo puede llegar a ser poderoso un Estado, si se suprime la gallardía y se elimina a su juventud, como se siegan las espigas que granan en primavera? ¿De qué nos sirve el amontonar riquezas para nuestros hijos, si nuestros esfuerzos no hacen más que enriquecer al tirano? ¿Para qué vamos a criar en nuestros hogares castas doncellas, si sólo vamos a proporcionar placeres a un déspota, si sólo van a procurarnos lágrimas?... En el futuro, Creonte debe enviar a nuestro país diputados un poco menos charlatanes que tú".
El heraldo insiste en que no se conceda asilo a las suplicantes argivas y se retira profiriendo amenazas: "Os prohibo admitir a Adrasto en este país... Si me obedeces, conducirás a buen puerto la nave de tu ciudad; si no lo haces así, para nosotros, para ti mismo y para tus aliados se desencadenará una gran tempestad de lanzas".
Teseo, que basa la exigencia de la devolución de los cadáveres argivos en el derecho internacional y los sentimientos humanitarios, acusa a Tebas de cobardía e irreflexión, por temer a unos muertos, alega lo mudable de la fortuna y ordena la movilización general para atacar a Tebas.
El Coro se escinde en dos semicoros; el uno expresa su ansiedad y temor; el otro manifiesta su confianza en los dioses y su esperanza en la victoria de la justicia.
Un mensajero comunica a Adrasto la victoria conseguida por los atenienses al pie de las murallas de Tebas: "Era fácil conquistar las murallas, pero Teseo contuvo el ardor guerrero de los suyos; no había venido, decía, a arrasar la ciudad, sino a reclamar unos cadáveres. Debemos elegir como estratega a un jefe de este temple, valiente ante el peligro y capaz de imponer su voluntad ante la multitud desenfrenada..."
Adraste reflexiona sobre la futilidad de la guerra: "¡Oh vanidosos mortales! Sois como los arqueros que tensan demasiado su arco y sufren muy pronto el resultado que merecen... Y vosotros, Estados, que podríais conjurar tantos desastres mediante el diálogo, dirimís vuestras diferencias con las armas, no con la palabra".
El Coro entona cantos de alegría por la victoria y de dolor por los muertos propios. Adraste pronuncia la oración fúnebre por los caudillos muertos, salvo por Polinices y Anfiarao, cuyos cadáveres no están presentes; el de Polinices sigue insepulto en Tebas; el de Anfiarao yace en el fondo de un abismo. Teseo pronuncia el elogio fúnebre de ambos. Las honras fúnebres se realizan fuera de escena, para evitar que las madres sufran más, al contemplar los cadáveres de sus hijos.
Adrasto reflexiona de nuevo sobre la locura de la guerra:
"Miserables humanos, ¿por qué recurrís a las armas y os matáis unos a otros? Basta de combates. Quedaos en paz en vuestras ciudades y dejad también en paz a los demás ¡Tan breve es la vida! ¡Intentad vivirla con la mayor tranquilidad posible y lejos de estas desgracias!"
Tras las lamentaciones rituales por los muertos, Evadne, la viuda de Capaneo, se precipita sobre la ardiente pira de éste, a pesar de que Ifis ha intentado disuadirla de su intento:
"Vengo hacia ti desde mi morada. Como una verdadera bacante, me he escapado, buscando la llama de una tumba común. Quiero terminar en el Hades mi dolorosa vida... El final más dulce es el de seguir en la muerte a un ser querido, cuando un dios le fija tal destino... ¡Veo bien la muerte, la veo bien y la sigo! El destino guía mis pasos... A favor de mi fama, voy a lanzarme desde esta roca, voy a saltar a la pira funeraria. Entre las ardientes llamas voy a fundir mi cuerpo con el de mi esposo, a mezclar mi carne con la suya en el palacio de Perséfone... Oh tú, oh muerto,... jamás te habré traicionado en mi corazón..."
En el kommos final, aparece un Coro, formado por los hijos de los difuntos, portando las urnas con sus cenizas y une sus lamentos a los de las ancianas.
Adrasto y Teseo acuerdan un pacto de amistad entre sus pueblos.
Atenea, como dea ex machina, aparece sobre el templo, no para resolver un conflicto, aquí inexistente, sino para exigir que los argivos ratifiquen el acuerdo mediante un solemne juramento; dice a Teseo: "Escúchame, Teseo,... No concedas tan fácilmente a éstos... que se lleven estos restos a la ciudad de Argos. Exígeles antes un juramento, a cambio de los favores que tú y tu pueblo les habéis hecho. He aquí lo que tiene que jurar, en su nombre, Adrasto. Puesto que él es su rey, está cualificado para obligarse en nombre de todos los dánaos. La fórmula del juramento será la siguiente: 'Jamás llevarán sus armas los argivos contra nuestro país. Si otros lo atacan, se opondrán a ello, empuñando sus lanzas. Si, violando este juramento, marchan contra nosotros, exige que ellos invoquen ala desgracia para que ésta se abata sobre la tierra de Argos...' En cuanto a vosotros, hijos de los argivos, os digo: Tan pronto como os hagáis hombres, iréis a conquistar la ciudad de ísmeno y vengaréis la muerte de vuestros padres... Tan pronto como el bozo incipiente cubra vuestras mejillas, conducid al pueblo de los dáñaos, armado de bronce, hacia las siete puertas de la ciudad de Cadmo. ¡Convertidos de cachorros en leones, iréis allí a causar la desgracia de Tebas...! Con el nombre de Epígonos, que os darán los helenos, seréis celebrados por los cantos de los hombres venideros".
La obra termina con el canto del Coro: "Vamos, Adraste, vamos a prestar juramento a este héroe y a su ciudad. Los esfuerzos que han hecho por nosotros merecen nuestra veneración".
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La temática de Las Suplicantes, que se representó en los primeros tiempos de la guerra del Peloponeso, guarda gran semejanza con la de Los Heráclidas.
En desacuerdo con otras versiones de este episodio de la leyenda tebana, Eurípides aporta una serie de novedades: los cadáveres no son recuperados mediante negociaciones diplomáticas, sino por medio de las armas; Evadne, la viuda de Capaneo, se suicida arrojándose a la pira del difunto; se introduce un debate extenso entre el heraldo Tebano y Teseo sobre las virtudes y defectos de la tiranía y de la democracia; la descripción que hace un mensajero de la victoria lograda por Teseo al pie de las murallas de Tebas; etc.
Destacan en esta obra la exaltación del pacifismo y la apología de los sentimientos humanitarios, propugnados porTeseo, que asume la defensa de las suplicantes a costa de su propia seguridad, ya que su actitud entraña una guerra contra el poderoso tirano de Tebas.
En el debate suscitado entre el heraldo tebano y el rey de Atenas sobre las ventajas e inconvenientes de dos sistemas tan antagónicos, como la tiranía y la democracia, algunos han creído ver en la figura de Teseo una alusión al gran estadista Péneles.
La obra apenas tuvo repercusiones en la literatura posterior.