Ῥῆσος / Reso

La autoría de esta obra sigue suscitando viva polémica. Murray opina que se trata de un drama satírico, compuesto en su juventud por Eurípides, representado postumamente y muy retocado después por copistas y actores.

El tema es objeto del canto X de la Ilíada, titulado La Dolonea. En el poema homérico se describe la incursión nocturna, al campo enemigo, de Diomedes y Odiseo, la muerte de Dolón, espía troyano, y la de Reso, rey de Tracia, que había llegado en auxilio de Troya.

Al comenzar la acción, el Coro dice a Héctor: "Durante toda la noche ha encendido hogueras el ejército de los argivos... y se ha iluminado con sus antorchas la rada donde están fondeadas sus naves. Todos se dirigen gritando hacia la tienda de Agamenón, en espera de una nueva orden. Nunca había estado antes tan alborotada la armada de los enemigos".

Héctor supone que las hogueras encendidas en el campamento aqueo presagian la retirada del enemigo: "Con la ayuda del remo nocturno, ...esos hombres se aprestan a irse de este país. Esos fuegos, encendidos en medio de la noche, me llenan de alegría."

Eneas no comparte la opinión de Héctor: "Tú gozas del privilegio de saber combatir; en cambio, a otros les corresponde el de deliberar con prudencia. Al oir que los aqueos encendían hogueras, se encendió también tu ánimo y te propones conducir contra ellos el ejército y franquear sus fosos en medio de la oscuridad de la noche. Pero si, al cruzar el profundo abismo de esos fosos, en lugar de los enemigos en fuga, te los encuentras aguardando tu ataque, serás derrotado y no regresarás... Por consiguiente, dejemos tranquilo... al ejército y... enviemos a un... espía al campamento enemigo... Así conoceremos sus intenciones y decidiremos en consecuencia."

El Coro y Héctor opinan lo mismo. Dolón averiguará, como espía, las intenciones del enemigo. Como recompensa recibirá, en su día, los prodigiosos caballos de
Aquiles.

El Coro elogia a Dolón, por su arriesgada empresa. Un pastor-mensajero informa a Héctor que ha llegado a Troya su aliado Reso, rey de Tracia, con un poderoso ejército. Héctor le reprocha su retraso en ayudar a Troya y Reso contesta en tono jactancioso: "He llegado tarde, pero todavía en momento oportuno: precisamente, tras haber com­batido tú durante casi diez años y no haber conseguido nada... Una sola jornada de luz solar me bastará para destruir sus defensas, irrumpir en la rada donde está fondeada su flota y aniquilar a los aqueos".

Héctor le asigna un lugar donde puede pernoctar con sus tropas.

Tras una canción matinal del Coro, éste expresa sus funestos presentimientos sobre la suerte corrida por Dolón.

Aparecen en escena Odiseo y Diomedes. Acaban de matar a Dolón, después de obligarle a darles la contraseña del ejército troyano, lo cual les facilita la ejecución de un audaz golpe de mano. No pueden acabar con Héctor, al no hallarlo en su tienda. Se proponen degollar a Eneas o a Paris, pero se les aparece Atenea y les sugiere que maten a Reso. Evita que maten a Paris, ya que el destino ha dispuesto su muerte de otro modo. Matan a Reso, le roban sus maravillosos caballos y causan un gran estrago en su campamento.

El auriga de Reso, en un magnífico relato, hace a Héctor responsable de la muerte de su señor: "Has sido tú el autor de esta fechoría... Y la has llevado a cabo impulsado por las ganas de apoderarte de los caballos; por ellos has dado muerte a tus aliados... No querrás hacernos creer que ha venido aquí a aniquilarnos uno de los argivos. ¿Qué enemigo habría sido capaz de cruzar las líneas troyanas y llegar, sin ser visto, hasta nosotros?... ¿Cuál de ellos iba a encontrar la tienda de Reso en la oscuridad de la noche?"

Héctor supone que solamente Odiseo ha sido capaz de llevar a cabo tal hazaña.

Aparece la musa Terpsícore, madre de Reso. Aclara que quien ha matado a su hijo ha sido Odiseo, al que profetiza un duro castigo por tamaño crimen. Tras una serie de lamentos y maldiciones, rememora la historia de su hijo y acusa a Atenea de haber sido la inductora del crimen.

Héctor se declara dispuesto a erigir una tumba en honor de Reso y a rendirle honras fúnebres.

Terpsícore profetiza la divinización de su hijo y la muerte de Aquiles a manos de Paris.

Héctor se apresta a luchar en una inminente batalla, en la que se propone incendiar las naves enemigas.