Ἴων / Ión
Estrenada el 414 a. C.Esta obra, representada entre los años 418 y 410 a.C., pretende demostrar que los jonios, de los que formaban parte los atenienses, descienden por línea directa de Apolo, mientras que los demás griegos son de origen meramente mortal. Presenta, pues, a Ion, joven sacerdote de Delfos, como el antepasado de los jonios. Fue encontrado, recién nacido, en la escalinata del templo de Apolo, de quien es hijo. Se ha convertido en sirviente del santuario de este dios en Delfos y recibe a los peregrinos que acuden a consultar el oráculo.
Creusa, la madre de Ion, se había casado con Juto, rey de Atenas, y, como el matrimonio no tenía hijos, Juto había ido a Delfos a consultar a Apolo. El oráculo le hace creer que Ion es hijo suyo.
En el prólogo, Mermes informa al público sobre el nacimiento y crianza de Ion: "Hay en la Hélade una ciudad gloriosa, cuyo nombre deriva del de Palas Atenea... Allí Febo se unió en forzado matrimonio con Creusa, la hija de Erecteo... Por voluntad del dios, ella llevó el fruto de su vientre, sin que su padre lo supiera. Llegado el momento del parto, Creusa dio a luz en su palacio y después fue a depositar al recién nacido en la misma caverna en la que el dios la había poseído. Lo abandonó en este lugar, acostado en el bien trenzado círculo de una cóncava canastilla, siguiendo el ejemplo de sus abuelos... En resumen, Creusa puso junto al niño sus adornos de virgen y... huyó. Ahora bien, Febo, habiéndome como un hermano habla a su hermano, me dijo: 'Por favor, vete al pueblo autóctono de la famosa Atenas... toma al niño recién nacido... llévalo a mi santuario oracular de Delfos y deposítalo en el umbral de mi morada. El resto corre de mi cuenta, pues, para que lo sepas, este niño es hijo mío'... Al amanecer la profetisa entraba precisamente en el templo. Su mirada se fija en el niño recién nacido,... lo recoge y lo cría, sin saber que Febo es su padre ni qué madre lo había concebido... Por su parte, el niño tampoco ha sabido jamás quiénes son sus padres... Cuando se hizo hombre, los deíficos le confiaron el cargo de guardián del tesoro de Apolo. Y, como fiel administrador de todos sus bienes, ha vivido castamente en la morada del dios hasta el día de hoy".
Sale Ion por la mañana y se pone a barrer las gradas del templo y a regarlas con agua lustral. Está apenado porque no conoce a sus padres y gozoso por estar consagrado al servicio de Apolo.
El Coro, formado por servidores de Creusa, describe las maravillas artísticas del templo de este dios.
Llega Creusa, se encuentra con Ion y, en su diálogo con éste, le expresa su pena por carecer de hijos. Al saber que Ion no tiene madre, nace en su corazón un sentimiento de piedad y cariño, comunicándole el motivo de su visita al santuario. Una amiga suya, le dice, ha tenido un hijo de Apolo y lo ha expuesto y ahora quiere saber qué ha sido de él.
Ella, añade, se había adelantado a Juto, su marido, precisamente para consultar el oráculo de Apolo sobre este caso. Reprocha al dios su ingratitud, cuando Ion le dice que no es posible consultar a Apolo sobre este asunto. Ion alega:
"No se hallará un profeta para comunicarte un oráculo semejante. Puesto en evidencia como malvado en su propio santuario, Apolo haría daño, con razón, a quien te lo transmitiera. Retírate, mujer, porque no se puede consultar nada en contra de los intereses del dios. Estaríamos locos, si creyéramos que podemos obligar a los dioses a revelarnos, contra su voluntad, los secretos que quieren ocultarnos..."Creusa expresa su disgusto: "Oh Febo, tanto entonces como ahora eres injusto con la mujer ausente que acaba de hablar por mi boca. Porque ni salvaste a tu hijo, como era tu deber, ni... quieres responder a las consultas de una madre..."
Llega Juto, que acaba de consultar el oráculo de Trofonio. Anuncia a Creusa que éste le ha asegurado que no se irá de Delfos sin un hijo. Quiere una respuesta más concreta y entra en el templo de Apolo a consultar al dios. Creusa se aleja.
Cuando Ion se queda solo, se pregunta por el extraño comportamiento de Creusa y sus frases veladas; reprocha a Apolo que abandone a los hijos que éste ha engendrado de mujeres mortales: "Sin embargo, tengo que dirigir ciertos reproches a Apolo... Posee a la fuerza a algunas doncellas y enseguida las abandona; tiene hijos en secreto y luego los deja perecer. No, Apolo, no debes hacer esto. ¡Ya que eres poderoso, practica la virtud! Porque, si un hombre es malvado, lo castigan los dioses. ¿Cómo se puede tolerar que vosotros, los dioses, seáis convictos de violar estas mismas leyes?"
El Coro entona un himno suplicando a Ártemis y Atenea que concedan hijos a los reyes de Atenas. Después, canta la alegría que proporciona una familia numerosa.
Sale del tempo Juto, a quien el dios ha profetizado que será hijo suyo la primera persona que encuentre al salir del templo. Encuentra a Ion. Lo abraza y lo besa llamándole hijo suyo. Éste al principio lo toma por loco y lo rechaza. Luego, vencido por la autoridad del dios más que por las razones de Juto, que le dice que, en cierta ocasión, antes de casarse con Creusa y hallándose ebrio, había forzado a una doncella, accede a considerarse hijo del ateniense. Éste le invita a irse con él a Atenas. Ion rehusa. Éstos son sus argumentos: "Se dice que el pueblo autóctono y glorioso de Atenas no está mezclado con extranjeros. Ahora bien, yo voy a caer allí afligido por un doble inconveniente: ser hijo de un extranjero y, además, bastardo. Con estas dos taras, si carezco de todo poder, seré un don nadie. Si, en cambio, llego a ser ciudadano de primera fila, si aspiro a ser alguien, seré aborrecido por la clase social de los desheredados de la fortuna, ya que toda superioridad resulta odiosa".
Juto llevará con prudencia a su casa a su hijo, sin decirle la verdad a Creusa: "Ahora te voy a agasajar ofreciéndote un festín, como a un huésped que llevara a mi hogar... Y después me acompañarás a Atenas, en calidad de visitante, no como hijo mío, porque no quisiera afligir, con el espectáculo de mi felicidad, a mi esposa Creusa, que no tiene hijos. Más tarde aprovecharé alguna ocasión oportuna y la convenceré para que te permita heredar mi cetro. Te daré el nombre de Ion, acorde con tu destino, ya que fuiste el primero que vino a mi encuentro, cuando yo salía del santuario de Apolo".
Ion acaba aceptando la invitación de Juto y se despide de sus amigos de Delfos con un banquete.
Juto ordena al Coro que guarde silencio sobre lo que ha visto y oído, pero éste, hostil a Juto, por amor a Creusa, no obedece su orden y el corifeo revela a ésta la verdad: no tendrá hijos propios, sino que deberá tolerar en su casa a un hijo natural de su marido. Después le cuenta los planes de Juto e Ion:
"Al verte estéril, no consintió en ser como tú, ni compartir tu suerte. En el lecho de una esclava, en secreto, engendró a este hijo,... que hizo enviar enseguida al extranjero y confió a alguien de Delfos para que lo criara. El niño... fue depositado en el santuario del dios y allí fue criado. Cuando Juto supo que su hijo se había convertido ya en un joven, te convenció para que visitaras estos lugares, a fin de consultar al oráculo sobre tu esterilidad. No ha sido Febo el que te ha mentido, sino Juto, que desde hace mucho tiempo criaba a este niño en secreto y urdía estos engaños. Si él era descubierto, se lo atribuía al dios. Si no lo era,... pensaba entregarle el trono. E inventó de pronto el nombre nuevo de Ion, con el pretexto de que vino a su encuentro cuando él salía del santuario... Ahora, oh reina, debes obrar como una mujer valiente. Antes de que ellos te den la muerte, haz perecer a tu esposo y a su hijo con la espada, el engaño o el veneno. Si te falta el valor, estás perdida..."Creusa posee un amuleto con una gota mortífera de la sangre de la Gorgona. El anciano servidor deberá verterla, durante la fiesta, en la copa de Ion; Creusa se lo ordena así: "Toma esta ampolla... y vete al lugar mismo en que Juto... ofrece su hecatombe. Cuando acabe el festín y comiencen las libaciones a los dioses, coge este veneno... y viértelo en la copa del joven... Si llega a traspasar su garganta, jamás llegará a verlo la ilustre Atenas: estos lugares guardarán su cadáver".
El Coro implora el éxito de la empresa.
La madre está a punto de matar a su propio hijo, pero, por consejo de Apolo, no llega a consumar el crimen.
Un mensajero cuenta cómo se ha descubierto el engaño. En ausencia de Juto, Ion ha preparado el festín. Cuando la fiesta estaba en su apogeo, un anciano ha ofrecido de beber a Ion...: "Una vez saciado el apetito, un anciano,... cogiendo una de las copas, como para rendir homenaje a su nuevo señor, se la ofrece llena de vino, no sin poner antes en ella un veneno mortífero, que, según se dice, le dio nuestra señora, a fin de que el hijo reencontrado abandonara la vida... Pero, cuando el aparecido (Ion) sostenía en sus manos, igual que los demás, la copa... uno de los sirvientes lanzó una exclamación de funesto presagio. Ion, criado en el santuario entre los mejores adivinos, conoció el significado del augurio y, al instante, ordenó llenar de nuevo la crátera y arrojó al suelo la anterior libación a los dioses, invitando a todos a seguir su ejemplo. Se hizo un silencio... Mientras tanto,... una bandada de palomas se lanza sobre nuestra tienda... y hunden con avidez sus picos en el vino derramado... Una de ellas se posó en el lugar mismo en que el hijo de Juto había vaciado su copa y bebió su vino. Al punto, sacudiendo su alado cuerpo y presa del delirio, lanza... gritos extraños, desconocidos... Todos los invitados contemplaban al ave agonizante, que, en un espasmo postrero, expiró..."
Ion manda detener al anciano que le había invitado a beber y éste confiesa el audaz proyecto de Creusa. Los jefes de Delfos decretan la muerte de ésta por lapidación. Creusa, enloquecida, se refugia en el altar de Apolo, buscando la protección del dios. Ion le ordena que abandone el altar y le expone sus razones para darle muerte; Creusa se defiende alegando por qué planeó el frustado homicidio.
La Pitia, que ha criado a Ion como si se tratara de su propio hijo, sale del templo llevando una canastilla y pone fin al diálogo, ordenando a Ion que no derrame la sangre de la mujer que tiene ante sí. Luego le entrega la canastilla en la que fue encontrado de niño. Al verla, Creusa da un grito, porque comprende que Ion es su hijo. Enumera los objetos que contiene la canastilla: un paño bordado con la figura de la Gorgona; unas serpientes, regalo de oro macizo de Atenea, y una corona de olivo inmarcesible. Se produce la "anagnórisis" típica; Ion quisiera que Juto participara también de la alegría del encuentro, pero Creusa se ve obligada a revelarle que no es hijo de Juto, sino de Apolo: Ion se muestra un tanto incrédulo: "¡Vamos, madre, dime! ¿No habrá sucedido que tú, como les sucede a veces a las doncellas, hayas caído en alguna debilidad y hayas echado sobre el dios la culpa de un amor furtivo? ¿No será, más bien, que tú, queriendo evitar que yo te causara vergüenza, pretendieras haberme concebido por obra y gracia de Febo, cuando, en realidad, me concebiste por obra de un mortal?"
Creusa le aclara el verdadero sentido de las palabras de Apolo: "Tu padre es el poderoso Apolo, pero éste te entregó, como presente, a Juto, aunque él te había engendrado. ¿Acaso no se puede ceder un hijo propio a un amigo, para que éste lo nombre heredero suyo? Tú, declarado hijo del dios, jamás habrías podido recoger la herencia ni el nombre paterno. Él, por tu bien, te ha dado otro padre".
Aparece Atenea y expone a Creusa y a Ion la voluntad de Apolo: "Vengo de parte de Apolo. No quiere presentarse personalmente ante vosotros, porque teme los reproches... por el pasado. Me envía a comunicaros este mensaje: 'Esta mujer es tu madre; te concibió de Apolo, que te dio al que tú sabes, no porque éste te haya engendrado, sino para que te adoptase como hijo en la más noble de las familias... Creusa, vete con tu hijo al país de Cecrops y asiéntalo en el trono de rey... Porque, descendiente de Erecteo, tiene derecho a reinar sobre mi tierra... Juto y tú tendréis hijos comunes, Doros... y Achaios... Parirás sin dolor... En el presente, sé discreta y no reveles a Juto que su hijo es el tuyo, para que conserve feliz su creencia... Vivid felices; después de esta tregua de vuestros males, puedo anunciaros un porvenir próspero'."
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En esta obra maestra, una de las más bellas de Eurípides, por la unidad del conjunto, la variedad de movimientos, el cambio continuo de situaciones y su final feliz, poco frecuente en una tragedia, se insiste, una vez más, en la crítica de los mitos tradicionales e incluso de los dioses que en ella intervienen. Apolo se nos muestra con las debilidades propias de un ser humano y su poder no es comparable con la fuerza, tan imprevisible como ineluctable, del destino.
Es un drama en el que no corre la sangre y, por consiguiente, no es necesaria en él la catarsis. Está impregnada de sentimiento patriótico, ya que su protagonista aparece como el mítico fundador del pueblo jonio, en el que debe predominar Atenas por su origen divino.
Antes de Eurípides apenas se ven datos sobre este mito. En ningún autor precedente aparece Ion como hijo de Apolo ni de Creusa. Es posible que fuera Eurípides el inventor del mito o lo convirtiera en drama, como afirma Wilamovitz al aludir a "algo que se relataba y creía no sólo porque servía a la tendencia imperialista a hacer de Atenas el estado-madre de otras ciudades del imperio, sino también porque se ajustaba bien al más antiguo templo de Apolo en una gruta de las rocas septentrionales de la ciudad".
Con esta obra Eurípides pretendía probablemente estimular la cada vez más débil unión de los pueblos jonios, inmersos en la guerra del Peloponeso, e incluso presentar lo absurdo de esta guerra y la necesidad de acordar una paz entre los espartanos y los atenienses, dos pueblos hermanos, ya que ambos eran descendientes de dos hijos de Creusa. En efecto, según la tradición, Juto, además de haber adoptado como hijo a Ion (padre de los jonios), había tenido después con Creusa otro hijo, llamado Doro (padre de los dorios).
La "anagnórisis" final no es en esta tragedia un simple incidente, aunque sea decisivo, sino la finalidad misma de la obra, que tiende desde el principio al reconocimiento del origen de su protagonista, en cuya caracterización brilla la penetración psicológica del autor.
A.W. Schelegel compuso su lone, obra estrenada el año 1802 en Weimar.