Τραχίνιαι / Traquinias
La acción se desarrolla en Traquis, ciudad de Tesalia en donde, desde que Heracles mató a Ifito, su familia está desterrada, acogida como huésped.
Deyanira, esposa de Heracles, espera impaciente la vuelta de éste, que está ausente desde hace 15 meses. Envía a buscarlo a su hijo Hilo.
El Coro, formado por mujeres de Traquis, no sabe aún que Heracles está ya en Eubea. En su canto pide al dios Sol que diga si está en el mar o en tierra firme y confía en que Zeus proteja a su hijo. Deyanira muestra al Coro su especial motivo de preocupación por su esposo, puesto que precisamente ese día se cumple el plazo fijado por un oráculo: "Cuando el amo de este palacio, Heracles, partió para su último viaje, dejó en su hogar una vieja tablilla, en la que están escritas unas instrucciones, que él jamas se había decidido a darnos... Indicaba qué bienes debía heredar yo, como esposa suya, y qué parte de su patrimonio asignaba a cada uno de sus hijos. Fijaba, además , por anticipado, una fecha, diciendo que, cuando él hubiera estado un año entero y tres meses ausente de este país, le habría llegado la hora decisiva: moriría o, si escapaba a la muerte, viviría en lo sucesivo exento de penas".
Licas trae la noticia de que Heracles se acerca a su hogar y estará pronto en él, ya que ha enviado por delante a un grupo de jóvenes cautivas, entre las que figura Yole, una princesa de la que se ha enamorado y por cuya conquista ha destruido la patria de ésta: "El hijo de Alcmena vive y ha vencido... El esposo añorado estará pronto de vuelta en el hogar... Heracles, como no llegó a convencer al padre para que le diera a la hija, para celebrar un matrimonio secreto... aprovechó un simple pretexto para emprender la guerra contra el país de la joven, en el que Éurito ocupaba el trono real. Mató a este rey, padre de la joven y, al mismo tiempo, arrasó la ciudad. Y aquí la tienes en el momento de entrar en tu casa; te la envía en persona, no irreflexivamente, ni para que sea tu esclava... Por el amor a esta joven, Heracles fue a conquistar todo su país... Por ella sus armas han devastado, han arruinado Ecalia, la ciudad de su padre... Porque, si la fuerza de Heracles va triunfando por doquier, es el amor a esta joven el que ha triunfado sobre él".
El Coro recuerda el día en que Deyanira era el premio que conquistó Heracles en su lucha contra Aqueloo.
Deyanira no se siente capaz de disputarle abiertamente a Yole, más joven que ella, el amor de Heracles. Por ello, celosa y herida en su dignidad de mujer, recurre a lo que cree ser un filtro amoroso y envía a su esposo, como regalo, una túnica impregnada con la sangre que le había dado el centauro Neso, al morir éste herido por una flecha de Heracles: "Desde hace mucho tiempo, yo guardo en un cofre de bronce un regalo del viejo Centauro. Yo lo había recogido, cuando aún era joven, de la herida sangrante de Neso... en el momento de su muerte. Neso, por un precio, transportaba a los viajeros sobre el río Eveno, de profundas corrientes. Los llevaba en sus brazos, sin usar... remos, ni velas de embarcación alguna. Cuando yo seguí por vez primera a Heracles, como esposa suya, por el camino escogido por mi padre, era él (Neso) quien me llevaba sobre sus hombros y, de pronto, en medio del río, me tocó con insolentes manos. Entonces me puse a gritar y el hijo de Zeus (Heracles) se volvió al instante y disparó una flecha, que, silbando, le transpasó el pecho hasta herirle los pulmones... Y el Centauro, al morir, sólo pudo decirme esto: 'Hija del anciano Éneo, escucha qué provecho puedes... sacar para ti de esta travesía, si me haces caso, puesto que serás la última persona que yo he pasado. Si recoges con tus manos la sangre coagulada de mi herida, alrededor de la flecha, en el lugar mismo en que ésta fue teñida de negro, por la hidra de Lerna, te servirá de filtro amoroso para ganarte el corazón de Heracles, hasta el punto de que éste no podrá amar a ninguna mujer... más que a ti'...Después de su muerte, yo había guardado con cuidado esta sangre en mi casa. He impregnado con ella esta túnica..."
Después le dice a Licas: "Es preciso que le lleves de mi parte esta...túnica. Es el regalo que han preparado mis manos para mi esposo... Al dársela, adviértele que ningún mortal se la vista antes que él... Hace ya mucho tiempo que hice la siguiente promesa, para el día en que yo viera, o supiera con seguridad, que él había vuelto incólume a casa: vestirlo con esta túnica y presentarlo ante los dioses como un nuevo sacrificador ataviado con una vestidura nueva".
El Coro celebra el retorno de Heracles, victorioso y prendido de nuevo en el amor de Deyanira, gracias al maravilloso efecto del filtro.
De pronto, a Deyanira le invade un horrible presentimiento y manifiesta al Coro su temor de que la túnica enviada a Heracles cause a éste algún contratiempo: "Temo haber ido demasiado lejos al obrar como acabo de hacerlo... Me pregunto angustiada si no habré provocado, más bien, un horrible desastre, al haber concebido la esperanza de una alegría tan grande... Ha ocurrido un prodigio increíble. Para untar la blanca túnica, con la que debía vestirse Heracles, yo había tomado... un copo de lana: ahora bien, ha desaparecido... sin que lo haya destruido nadie de la casa... Se ha destruido por sí mismo... Se me aconsejó que... yo debía conservar este ungüento lejos del fuego, al abrigo de todo rayo de sol que pudiera calentarlo, hasta el día en que yo tuviera que untarlo, a fin de que surtiera efecto inmediatamente... Y esto es lo que he hecho. Hoy, cuando llegó el momento de obrar, en mi habitación, a escondidas, unté mi regalo con el copo de lana... A continuación doblé la túnica y la puse al abrigo del sol en el fondo del cofre... Pero, en el momento mismo en que os dejé para entrar en casa, veo una cosa inconcebible, incomprensible para quien no es más que un ser humano. El azar quiso que yo arrojase el copo de lana que había usado en medio del resplandor de un rayo de sol. Y he aquí que, a medida que se iba calentando, se deshacía... y en el lugar en que estaba tirado en el suelo se alza ahora una espuma sanguinolenta... Me veo culpable de un abominable crimen. Ahora pienso: ¿cómo y por qué, el Centauro, al morir, iba a mostrar hacia mí la más pequeña * gratitud, tras haber sido yo la causa de su muerte? No, no, él no quería sino causar la ruina de quien lo había matado y seducirme para que yo la llevara a cabo... La sangre negra envenenada, que ha pasado por la herida del Centauro, ¿no va a matar a su vez a Heracles?... Ahora bien, si Heracles muere, estoy decidida a morir con él..."
Vuelve Hilo consternado por lo que ha presenciado y reprocha a su madre el haber causado la muerte de Heracles: "Acabas de asesinar... a quien fue tu marido y padre mío... He visto con mis propios ojos la horrible desgracia de un padre... Se disponía a inmolar un número importante de víctimas, cuando su propio heraldo, Licas, llegó de su casa llevándole tu regalo, la túnica mortífera... Se la puso según tus recomendaciones... Pero, mientras el fuego del piadoso sacrificio tarda en encenderse,... porque la madera estaba demasiado llena de savia, he aquí que el sudor va brotando de su piel y la túnica... se ciñe, muy ajustada, a todos sus miembros... Un dolor convulsivo penetra hasta sus huesos. Se le creería presa del veneno de una odiosa y mortífera víbora... Coge a Licas por un pie... y lo estrella contra un escollo que emerge del mar... Se retuerce por el suelo y, otras veces, salta por los aires, gritando y profiriendo alaridos... En torno suyo resonaban las rocas... El desgraciado cesa por fin de arrojarse al suelo, de gritar..., de lanzar invectivas contra el lecho fatal -¡tu lecho, desgraciada!... De pronto levanta sus ojos desencajados,...me ve llorando en medio de la multitud, me llama a su lado y me dice: 'acércate, hijo,... ayúdame, llévame... y, sobre todo, ponme en un lugar donde nadie pueda verme... O, si la piedad te lo impide, hazme al menos abandonar lo antes posible estas riberas: ¡Que no muera yo aquí!' Y no dijo más... Lo traemos aquí,... rugiendo en medio de sus espasmos. Vas a verlo dentro de un momento. ¿Vivo aún o recientemente muerto? No lo sé".
Se ha cumplido el oráculo que presagiaba que al final del año duodécimo terminaría la pesada carga de los trabajos de Heracles. Éste se dirige furioso a su casa, dispuesto a castigar a Deyanira, la cual, presintiendo lo que le espera, se suicida. Así lo cuenta su nodriza: "Deyanira ha partido para su último viaje, sin mover los pies... Se ha suicidado... Se ha herido en el costado con una espada de doble filo".
Entra en escena un cortejo que transporta en una camilla a Heracles moribundo. Le acompañan su hijo Hilo y un anciano. Heracles pide a Hilo que le dé pronta muerte para acabar con sus sufrimientos. Maldice a Deyanira e Hilo le dice que ésta se ha suicidado y le explica que se ha equivocado en su intento de hacer lo que creía mejor: "Ha muerto, hace un instante, traspasada por un acero empujado por su propio brazo... Ha causado un mal creyendo que hacía un bien... Al ver entrar a tu amante en su hogar, ha creído que te aplicaba un filtro amoroso. Se equivocó... El Centauro Neso la convenció hace tiempo para que se sirviera de semejante filtro a fin de enloquecerte de amor por ella".
Heracles pide a Hilo que haga venir a sus hijos y a su madre Alcmena. Hilo contesta que Alcmena está en Tirinto y que sus hijos están con ella o en Tebas.
Heracles da a Hilo sus últimos encargos; pide que lo pongan en la pira funeraria: "Sin derramar una lágrima ni proferir gemidos ni emitir sollozos".
Y añade: "Cuando yo haya muerto, si quieres demostrarme tu amor filial, respeta lo que has jurado a tu padre y haz de ella (Yole) tu esposa... No digas que no a tu padre... No quiero que la posea nadie más que tú... La maldición de los dioses caiga sobre ti, si te niegas a obedecer mis órdenes".
Hilo está dispuesto a cumplir su juramento de obedecer a su padre y éste es colocado, en la cumbre más alta del monte Eta, sobre la pira, que lo hará llegar a la presencia de los dioses, para morar eternamente entre ellos.
* * *
Heracles fue el héroe más popular de la leyenda y de la literatura antiguas. El aniquilamiento de su familia y su horrible muerte constituyeron dos temas frecuentes en la Tragedia y su tosca sensualidad proporcionó motivos jocosos a la Comedia. La Filosofía lo convirtió en exterminador de plagas y de vicios y en moralista, ya que el héroe, en su juventud, supo elegir, en la encrucijada decisiva de la vida, el difícil sendero de la virtud, dejando a un lado el cómodo camino del placer. Los trágicos griegos nos presentan al héroe invencible en su faceta más humana, es decir, vencido, pero con la suficiente fortaleza de ánimo para afrontar su adverso destino. Otras veces aparece como salvador: Prometeo, de Esquilo; Filoctetes, de Sófocles; Alcestis, de Eurípides. Séneca (Hércules furioso; H. Eteo) insiste en el tema y Ovidio nos describe en sus Metamorfosis el episodio de Deyanira, desde la lucha de Hércules por ésta, hasta su muerte.
El cristianismo vio en su figura una imitación del Sansón bíblico, lo cual permitió un resurgimiento del mito en el Renacimiento y el Barroco. E. de Villena escribió, en 1417, la novela Los trabajos de Hércules, basada en un poema épico antiguo. En época moderna, el checo O. Fischer (1919) encarnó en Hércules al superhombre y F. Wedekind (drama, 1917) representó la lucha interior entre el semidiós y el hombre.
Como héroe mítico y en tiempos míticos figura Hércules en la ópera Atlántida, obra postuma de M. de Falla, terminada por E. Halfter (1962), sobre un libreto de J. Verdaguer. En ella, Hércules llega hasta los últimos confines de Occidente, donde erige sus famosas columnas.
No ha faltado alguna interpretación humorística del mito, según la línea de la Comedia antigua. F. Dürrenmatt, en su radiocomedia satírica Hércules y el establo deAugias, presenta los trabajos de Hércules como ensayos del héroe, acosado por los acreedores, para hacer frente a sus deudas.
Deyanira, esposa de Heracles, espera impaciente la vuelta de éste, que está ausente desde hace 15 meses. Envía a buscarlo a su hijo Hilo.
El Coro recuerda el día en que Deyanira era el premio que conquistó Heracles en su lucha contra Aqueloo.
El Coro celebra el retorno de Heracles, victorioso y prendido de nuevo en el amor de Deyanira, gracias al maravilloso efecto del filtro.