Aristóteles y Clemente de Alejandría (Strom. II 145) dicen que Esquilo fue procesado por asébeia, es decir, por impiedad, por haber revelado ciertos ritos sagrados. Añaden que fue absuelto por los areopagitas; el poeta alegó en su defensa que él no estaba iniciado y, por consiguiente, no conocía tales misterios; no podía profanar algo que desconocía. Esta declaración y, sobre todo, su heroica participación en Maratón influyeron en el tribunal del Aréopago, que más tarde fue defendido por Esquilo en Las Euménides.
En Las Ranas, de Aristófanes (866 ss) recita Esquilo: "Deméter, tutora de mi mente, concédeme el mostrarme digno de tus misterios".
Es probable que a Esquilo no le cautivasen unas doctrinas mistéricas, que aparecían rodeadas de ritos secretos y que prometían a sus iniciados una feliz vida de ultratumba, en vez de defender el estricto cumplimiento de las leyes vigentes. Todo hace suponer que Esquilo no estaba vinculado a los misterios de Eleusis. Fueron seguramente los sacerdotes de su santuario los que copiaron, para sus ritos, las suntuosas vestiduras que Esquilo había creado para los personajes y la coreografía de sus tragedias.
Esquilo fue en Maratón uno de los combatientes "duros como encinas". En esta memorable jornada, en la que una generación heroica salvó la cultura griega, recibió al parecer, numerosas heridas. Al menos, así lo recuerda el epitafio fijado sobre su tumba: "Guarda este sepulcro los restos de Esquilo, el hijo de Euforión, ateniense; murió en Gela, rica en mieses. De su eximio valor hablan muy alto, pues bien lo advirtieron, Maratón y sus bosques y el medo de espesos cabellos".
Es posible que Esquilo interviniera también en la batalla naval de Salamina, si es cierta la noticia que se da en el escolio al verso 428 de Los Persas. Participó en las expediciones a Tracia, reflejadas en algunos pasajes de las tragedias conservadas. No es segura, en cambio, su presencia en Artemision (Pausanias I, 14, 5) o en la batalla de Platea.
Obtuvo su primera victoria literaria en una competición trágica el año 484 a.C. Este triunfo, un tanto tardío, fue seguido por otros doce en vida y muchos después de su muerte. El año 472 a.C., cuando ya gozaba de gran prestigio, venció con la tetralogía de la que formaba parte su tragedia Los Persas.
Poco después, hacia el año 471, invitado por Hierón de Siracusa, llegó a esta ciudad, en la que cantó en una tragedia, Las mujeres de Etna, a ésta, fundada poco antes por dicho tirano, que venció el año 470 con su carro en Delfos, triunfo cantado por Píndaro en su Pítica 1.
Esquilo coincide en Sicilia con Simónides (Pausanias 1 2, 3) y, a ruegos de Hierón, representa por segunda vez su tragedia Los Persas, presenciada probablemente por Baquílides.
Tras su regreso a Atenas fue vencido, el año 468, por Sófocles en un concurso de tragedias (Plutarco, Cimón 8). Un año más tarde triunfó con su trilogía tebana (Layo, Edipo, Los Siete contra Tebas). Diez años después (458), tras su victoria, en el 454, con la Orestíada (Agamenón, Las Coéforas, Las Euménides), única trilogía que ha llegado completa hasta nuestros días, Esquilo llegó de nuevo a Sicilia, donde murió, dos años más tarde, en Gela, a los 69 de edad. Allí compuso probablemente su Prometeo.
Hermipo de Esmirna relata que murió al recibir en su cabeza calva el golpe de una tortuga, que un águila había dejado caer, para romper su concha contra las rocas.
Según la tradición, los habitantes de Gela honraron al poeta con unos magníficos funerales públicos y le erigieron un sepulcro, visitado con frecuencia por autores y actores, para dedicarle ofrendas o representar dramas. Pausanias nos dice que el dramaturgo compuso el epitafio, ya mencionado, "cuando se acercaba el final de su vida".
De las 90 tragedias que se le atribuían en la Antigüedad, sólo se conservan siete: Persas, Prometeo Encadenado, Los Siete contra Tebas, Las Suplicantes, Agamenón, Las Coéforas y Las Euménides.
Han quedado algunos fragmentos de otras tragedias y de dramas satíricos. Compuso también elegías.
Representa Esquilo un hito señero en la evolución de las representaciones teatrales en la antigua Grecia, por lo que, con toda justicia, se le puede considerar el "Padre de la Tragedia", como se considera a Herádoto el "Padre de la Historia".
Diez años antes de nacer Esquilo, Tespis tomó parte en el primer concurso público de tragedias. Este personaje, un tanto mítico, recorría con su famoso carro el Ática, ofreciendo representaciones teatrales, que suscitaban entre el público tal interés, que el tirano Pisístrato decidió regular los concursos de tragedias y fijar determinados premios para los poetas que en ellos resultaran vencedores.
Ya en tiempos anteriores a Esquilo Tespis había llevado a cabo una serie de innovaciones, como la introducción de un actor y el uso de máscaras. Frínico había introducido algunos personajes femeninos y recurrido a temas relacionados con la epopeya, así como al uso de las trilogías temáticas y a la aproximación a la tragedia histórica. El drama satírico había cobrado auge con Prátinas.
Partiendo de las innovaciones de tales predecesores, Esquilo pretendió dar a la tragedia una nueva estructura. En efecto, abrevió los cantos, en los que el coro ensalzaba a los dioses del principio al fin de la obra. Abrevió también las extensas monodias, sustituyendo el elemento musical por lo realmente trágico y convirtiendo en protagonista la parte hablada, propiciando el diálogo entre los actores. Sólo tres veces se sirve de la figura del mensajero; en cambio, recurre a los gritos entre bastidores y al mutis de la futura víctima conducida a la muerte (Egisto, Clitemnestra, Casandra, etc.). Tales recursos aparecen de nuevo en Sófocles.
Esquilo fue un fecundo creador de tipos dramáticos y enseñó a los actores a expresarse con dignidad y grandeza, lo que Horacio llamaba magnum... loqui. Aristófanes (Ranas 1004 ss) lo presenta "alzando vocablos solemnes como torres".
Mejoró los atuendos de los actores y del coro, que fueron imitados por los rituales religiosos. Esto contribuyó a conferir a las gentes dedicadas al teatro cierta respetabilidad. El coturno, zapato de suela muy gruesa, realzaba la estatura de los actores y los ponía al nivel ético de los héroes e incluso de los dioses que representaban. A ello se sumaba el uso de vestiduras talares, que les infundía cierta magnificencia, de los guantes hasta el codo, del velo con el que cubrían su cabeza y del parápechy con mangas adornadas de diversas maneras.
Importante innovación de Esquilo fue el uso de las "máscaras terribles", de corcho o de madera "pintadas de colores", que causaban efectos terroríficos, como en el coro de Las Euménides. Con "la brillantez del aparato corégico" asombraba al público y, según afirma Filóstrato, "practicó una puesta en escena adecuada a los caracteres heroicos". Inventó también muchas figuras de danza, cuyos esquemas e incluso partituras hacía personalmente, según vemos en Las Ranas de Aristófanes.
La fuerza que emana de sus tragedias, unida a la audacia de su lenguaje, produce un "pathos" impactante y peculiar en cada una de ellas, hasta el punto de que Aristófanes y Nietzsche lo consideran el "Señor dionisíaco' por excelencia.
Sus obras reflejan una profunda convicción democrática; en su Agamenón (1348 ss) dos ancianos aseguran que prefieren la muerte a la sumisión a un tirano como Egisto. Al odio a la tiranía se une el que profesa a la guerra civil, "propia de gallos" (Euménides 860 ss). Manifiesta en todo momento su ardiente patriotismo; repudia la hybris y elogia la moderación y la justicia, ideales patentes ya en Hesíodo.
Esquilo en la posteridad
Los datos aportados por Aristófanes (Ranas 757-1530) nos permiten suponer que las obras de Esquilo seguían representándose medio siglo después de morir su autor. En otro pasaje del comediógrafo (Acamienses 9 ss), Diceópolis espera impaciente la representación de una tragedia de Esquilo.
Su influencia en la literatura posterior fue en aumento desde que Séneca puso en escena su Agamenón, obra inspirada en Esquilo. Los autores posteriores de tragedias tratan preferentemente los temas contenidos en la Orestíada y Prometen. En cambio, al tratar los temas tebanos (Siete contra Tebas, ...) se inspiraron en Sófocles y Eurípides. Apenas quedan huellas de las restantes obras de Esquilo.

Entre las fuentes que nos ofrecen noticias de su vida destacan unas notas del biógrafo del "Códice Mediceo', en el que figuran las siete tragedias que se conservan de Esquilo, y una breve alusión del Léxico de Suidas, en el que consta que Prátinas compitió con Esquilo y Quérilo en la Olimpíada 70 (498 a.C.), cuando Esquilo tenía 25 años.





Aristóteles y Clemente de Alejandría (Strom. II 145) dicen que Esquilo fue procesado por asébeia, es decir, por impiedad, por haber revelado ciertos ritos sagrados. Añaden que fue absuelto por los areopagitas; el poeta alegó en su defensa que él no estaba iniciado y, por consiguiente, no conocía tales misterios; no podía profanar algo que desconocía. Esta declaración y, sobre todo, su heroica participación en Maratón influyeron en el tribunal del Aréopago, que más tarde fue defendido por Esquilo en Las Euménides.
Esquilo fue en Maratón uno de los combatientes "duros como encinas". En esta memorable jornada, en la que una generación heroica salvó la cultura griega, recibió al parecer, numerosas heridas. Al menos, así lo recuerda el epitafio fijado sobre su tumba: "Guarda este sepulcro los restos de Esquilo, el hijo de Euforión, ateniense; murió en Gela, rica en mieses. De su eximio valor hablan muy alto, pues bien lo advirtieron, Maratón y sus bosques y el medo de espesos cabellos".
Tras su regreso a Atenas fue vencido, el año 468, por Sófocles en un concurso de tragedias (Plutarco, Cimón 8). Un año más tarde triunfó con su trilogía tebana (Layo, Edipo, Los Siete contra Tebas). Diez años después (458), tras su victoria, en el 454, con la Orestíada (Agamenón, Las Coéforas, Las Euménides), única trilogía que ha llegado completa hasta nuestros días, Esquilo llegó de nuevo a Sicilia, donde murió, dos años más tarde, en Gela, a los 69 de edad. Allí compuso probablemente su Prometeo.
Importante innovación de Esquilo fue el uso de las "máscaras terribles", de corcho o de madera "pintadas de colores", que causaban efectos terroríficos, como en el coro de Las Euménides. Con "la brillantez del aparato corégico" asombraba al público y, según afirma Filóstrato, "practicó una puesta en escena adecuada a los caracteres heroicos". Inventó también muchas figuras de danza, cuyos esquemas e incluso partituras hacía personalmente, según vemos en Las Ranas de Aristófanes.